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Opinión

  • | 2014/05/31 00:00

    Martín Santos le responde a José Acevedo

    En su columna de esta semana, Acevedo le pidió a los hijos de los dos candidatos que no entraran en las rencillas. Así le respondió el primogénito de Santos.

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José Manuel gracias por su carta y sus palabras sinceras. Comparto su llamado a la reflexión. 

Mi padre sabía que hacer la paz era mucho más difícil que hacer la guerra. Él sabía que no era conveniente políticamente intentar poner fin a un conflicto de 50 años que como bien señala usted, lo estamos pagando una generación que no tiene nada que ver con esos "platos rotos".  

Muchos líderes internacionales le advirtieron (Tony Blair, Bill Clinton, Ban Ki-moon y otros) que la paz tenía muchos enemigos. Pero jamás se imaginó, ni él ni nosotros, su familia, que fuera a generar el nivel de odio, ataques personales, y estigmatización que ha generado en ciertos sectores. Recuerde que mi padre guardó silencio por más de tres años ante los insultos y las mentiras. Y guardó ese silencio por el bien del país. Porque era importante poner los intereses de la nación por encima de rencillas personales.   

Entendemos que otros tengan puntos de vista diferentes. Estoy seguro que David Zuluaga también quiere lo mejor para el país. Yo lo único que le diría a David es que él y yo tenemos algo en común: Los dos hemos tenido todos los privilegios y las mejores oportunidades. Y no hay ningún riesgo que a nosotros nos mate esta guerra. Pero los que ponen los muertos son los más pobres y vulnerables de este país. Mi papá sabe lo que es enviar a los jóvenes de este país a combatir el enemigo. Mi papá sabe lo que es recibir la noticia de otro soldado, o policía, o civil muerto. Mi papá sabe lo que es que unos niños queden huérfanos. Es por ellos que tenemos que ponerle fin a la guerra cuanto antes. No es justo que los que tenemos toda la suerte sigamos viviendo tranquilos mientras otros pagan el precio en sangre y dolor.   

Además, es hora que los recursos de la guerra se inviertan en cerrar las enormes brechas sociales que dividen a nuestro país. Esa bomba que ya no se va a lanzar en la selva para matar más guerrilleros se puede utilizar, por ejemplo, para construir un megacolegio; para generarle una esperanza de futuro a ese niño que quizás hubiera sido reclutado por los grupos armados ilegales. Esos recursos que se invierten en desactivar minas pueden tener un mejor uso brindándoles salud a personas que se les dificulta el acceso a medicamentos.  

Si no es ahora la paz entonces ¿hasta cuándo esta guerra David? ¿Hasta cuándo José Manuel? ¿Cinco años más? ¿Diez? ¿Cincuenta? ¿A cuántas madres más les vamos a pedir que sacrifiquen a sus hijos mientras terminemos esto militarmente? ¿Cuánto dinero dejaremos de invertir en obras, en hospitales, en parques para financiar una guerra insólita?

David, usted y yo somos la generación de la paz. Es el momento de dejar los odios atrás. Somos el único país de América que vive todavía un conflicto armado. En los últimos 35 años se han firmado 216 acuerdos de paz; faltamos nosotros. Estando tan cerca, ¿vamos a desaprovechar esta oportunidad que quizás jamás se repita? Es el momento acabar la guerra. No más.

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