Viernes, 20 de enero de 2017

| 2006/01/20 00:00

Más impunidad

"La tendencia de menos homicidios no es producto de ningún programa de gobierno, y mucho menos de un fortalecimiento de la justicia. Es el producto de la voluntad de los jefes paras", dice Rafael Rincón, investigador del IPC.

Más impunidad

Existe una tendencia de disminución de homicidios en Medellín registrada en el año 2003 y confirmada en el 2005 con los 737 homicidios que se presentaron. Es, también, una tendencia palpable en los demás municipios del Área Metropolitana y en todos los municipios de Antioquia. Y es, también, una tendencia nacional, pues en 2005 hubo 4.385 casos menos que en 2004. Sin duda es una excelente noticia el que haya más vida y menos homicidios. Lo grave es la forma non sancta como se ha llegado al resultado. 

Ha sido una forma pragmática e ilegal, que privilegia el resultado y oculta los métodos la que ha triunfado sobre una modalidad de delincuencia y ha dejado indemne a los autores de masacres como las de Villatina (15-11-1992) o de magnicidios como el de Jesús María Valle Jaramillo (27-02-1998) o las muertes de sindicalistas o líderes juveniles y sociales.

 ¿Dónde están los autores de los homicidios, de las masacres de los años anteriores y de ahora?  No están en las cárceles, y la mayoría de ellos ni siquiera están siendo procesados. Sólo tres de cada 100 expedientes en donde se investigan homicidios tienen procesado identificado. 

Además, la tendencia de menos homicidios no es un producto determinante de ningún programa de gobierno, y mucho menos de un fortalecimiento de la justicia o del nuevo sistema acusatorio. Es, infortunadamente, el producto de la voluntad de los "jefes paras" en negociación con el gobierno nacional, quienes tomaron la decisión de cesar su carrera homicida a cambio de los privilegios de la Ley 975 de 2005, mal llamada de Justicia y Paz, ahora reglamentada con abundancia de impunidad con el Decreto presidencial 4790 de 2005 que, entre otras bondades, garantiza inmunidad a los testaferros.

Decir que hay menos homicidios porque hay más C.A.I., o por las campañas de desarme, o por la eficiencia policial o porque hay más cultura de la vida es tapar con humo la realidad. 

En nombre del pragmatismo se está sacrificando al Estado Social de Derecho.  No se pueden cerrar los ojos ante la connivencia de las autoridades policiales con las organizaciones ilegales del narcotráfico y del paramilitarismo.  Los escándalos del DAS, de la Dirección Nacional de Estupefacientes no son obra de la oposición o de la maledicencia. 

Un solo ejemplo basta para evidenciar la complicidad de algunas autoridades con los ilegales:  La proliferación de "plazas" o expendios de droga en la ciudad.  Cualquier sabueso con tres dedos de frente y voluntad de combatir el poder del narcotráfico precisa en menos de una hora dónde venden "perico" o marihuana en un barrio.  ¿Por qué siguen los expendios?

La tendencia "menos homicidios" obedece más a la ausencia de enfrentamiento armado y al monopolio del uso ilegítimo de la fuerza que detenta el narcotráfico y el paramilitarismo que a los programas gubernamentales o al fortalecimiento de la justicia. Infortunadamente hay que decir que Colombia no tiene menos homicidios porque tiene hoy una mejor justicia.  La tendencia menos homicidios no coincide con más justicia.  

Aunque sí hay menos homicidios, también la justicia está minimizada y el resultado sigue siendo el de la tendencia:  Más impunidad.

(*)Abogado de la Universidad de Medellín, analista de derechos, conflicto y gobernabilidad del IPC.

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