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Opinión

  • | 2006/02/12 00:00

    Más municipio que ciudad

    "Medellín tiene un Estado Bienestar Local para las mayorías que parecen condenadas a la miseria, y un Estado que desregula las actividades de los más fuertes y los llena de prebendas y medallas", dice Rafael Rincón, analista del Instituto Popular de Capacitación.

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Medellín es hoy un municipio rico, pero es, también, una ciudad de privaciones, iniquidades y pobreza. Medellín es un ente territorial con dos millones de habitantes, que tendrá 1,6 billones de pesos de presupuesto para 2006 y que tiene la Empresa de Servicios Públicos más rentable de América Latina.

Según el Secretario de Hacienda del Municipio, los activos crecieron en un 17,88 por ciento, los pasivos disminuyeron en un 2,02 por ciento y los ingresos aumentaron en un 25 por ciento en el primer semestre de 2005. El Municipio de Medellín presentó, a la misma fecha, un excedente de 583.908 millones de pesos en el ejercicio contable, con un incremento del 36 por ciento (154.799 millones de pesos), en relación con el excedente presentado en junio de 2004.

Por otro lado, Medellín es una ciudad de privaciones e iniquidades; aunque, según el Dane, el Índice de Precios al Consumidor (IPC), en el año 2004 sólo subió el 5,5 por ciento, los ingresos se deterioraron, pues las alzas no tuvieron clemencia con la ciudadanía y rebasaron con creces el aumento salarial. En 2004, por ejemplo, hubo incrementos, autorizados por la administración municipal que superaron en cuatro veces el IPC, como las tarifas de energía, que se aumentaron en un 21 por ciento, y el tiquete sencillo del Metro, que subió el 21,6 por ciento.

En 2005, la ciudadanía se ha visto afectada por la actualización catastral y el incremento del impuesto predial, en algunas comunas como Belén y en los corregimientos, de manera desmedida. Las cuentas de servicios públicos cada día son impagables y se han convertido en un segundo canon de arrendamiento.

La ciudad tiene 32.000 personas en zonas de alto riesgo, según la encuesta del Sistema Municipal de Prevención y Atención de Desastres (Simpad); 80.000 personas en situación de desplazamiento, según la Personería de Medellín; más de 3.000 indigentes deambulando por las calles, según la Secretaría de Bienestar Social; 20.000 personas ejerciendo la prostitución; un déficit de 70.000 viviendas de interés social, según la Secretaría de Desarrollo Social; una tasa de desempleo del 14 por ciento y 68.000 desconectados de los servicios de energía.

Contrasta con la pobreza en la ciudad la oferta de apartamentos de estrato 25 a 1.400 millones de pesos; el auge de la construcción de vivienda para los estratos 4, 5 y 6; el desarrollo del comercio de grandes superficies en el corredor de la Avenida las Vegas; el desarrollo y la renovación de los más lujosos centros comerciales que emulan las boutiques parisinas.

Mientras tanto, el Municipio, el ente administrativo y territorial, con su riqueza se comporta de manera diferenciada con la ciudad. Contribuye a este desencuentro la existencia de una política doble de gerencia del Plan de Desarrollo.

Una para atender la pobreza y sus consecuencias y para dirigir el plan de Desarrollo como "plan de choque" para realizar la asistencia social y procurar el bienestar de los más necesitados, para regular el espacio público y las ventas ambulantes. Los recursos de esta política asistencial representan una porción del presupuesto de gastos que se distribuye de la manera más democrática posible entre las Juntas Administradoras Locales y las organizaciones sociales.

El rasgo que más delata esta política de la administración municipal del alcalde Sergio Fajardo en 2005 es la política de "regalos". Medellín se ve como el Municipio "papá Noel" entregando regalos, de la misma manera que la tía rica que los domingos tira "plata a la jura" en la casa de la hermana pobre. El regalo de EEPPM a la ciudad en sus 50 años, el regalo del concierto de Juanes, el regalo del alumbrado navideño son ejemplos de una política de municipio "ricachón", que contradice el principio de corresponsabilidad con el cual se propone innovar la administración pública municipal.

Pareciera, también, que la ciudad tiene otra política para administrar la riqueza y para dirigir el Plan de Desarrollo. Se trata de una política de generación de ingresos, pero de algunos gremios, como el de la construcción, y para desregular las actividades empresariales y comerciales. Los recursos de esta política están en el presupuesto de ingresos, que se maneja, de la manera más aristocrática posible, con exenciones tributarias que en 2004 alcanzaron la suma de 20.000 millones de pesos, según el Secretario de Hacienda.

En otras palabras, Medellín tiene un Estado Bienestar Local para las mayorías que parecen condenadas a la miseria, y un Estado que desregula las actividades de los más fuertes y los llena de prebendas y medallas.

Con estas políticas como marco, cuando el municipio genera exenciones para el gremio constructor (Acuerdo 030 de 2005) se dice que es un estimulo para la generación de empleo; pero, por el otro lado, y contradictoriamente, cuando se propone una exención o un alivio a los desconectados de los servicios públicos, los poderosos la objetan porque sería promover la cultura del no pago.

Medellín necesita un alcalde que se la juegue por la ciudad y sus corregimientos con una sola política de generación de ingresos y no con dádivas de distracción para los pobres. Si el Municipio crece, no necesariamente crece la ciudad, pero si crecen equitativamente la ciudad y su gente, el municipio se desarrollará y el plan dejará de ser un sueño.

(*) Abogado, analista del Observatorio de derechos y conflicto urbano del Instituto Popular de Capacitación de Medellín.

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