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Opinión

  • | 2017/04/11 16:52

    Más respeto con “Epa Colombia”

    Escandalosa y viral en redes sociales, a sus 20 años Daneidy Barrera Rojas también es víctima de reprobables y violentos ataques de personas que reflejan las purulencias de una sociedad clasista, excluyente y brutal

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Esta semana Daneidy Barrera Rojas, también conocida como Chamita Cheer y “Epa Colombia” alcanzó el punto más alto de su corta y exitosa carrera de productora de escándalos al mostrar en la revista Soho, con imágenes de alta calidad,  el resultado final del implante de senos al cual se sometió. Y sobre todo al desnudar la esencia de su vida pública y privada en un breve y conmovedor diálogo con Luis Fernando Afanador.

 “Le pedía mucho a Dios que quería ser una figura pública, que todo mundo viera mis videos. Yo sentía que tenía la gracia”, dice para resumir la ráfaga de historias y de experiencias que han sacudido su existencia en los últimos meses, desde que en la pasada Copa América vio la oportunidad de salir del anonimato a través de un video en el cual animaba a la Selección Colombia cantando “epa Colombia”… “epa la arepa, epa el chorizo”.

En completa sintonía con la comunicación digital, no fueron los medios los que la presentaron en sociedad sino un aclamado twittero  llamado “El Brayan” quien encontró el video y lo llevó a la viralidad. Desde entonces Daneidy extendió la audiencia de lo que produce, de cincuenta personas a miles, centenares de miles y a más de un millón.  

Hija de inmigrantes venezolanos, porrista, estudiante de entrenamiento deportivo en el Sena, Daneidy creció con sus tres hermanos en Chircales, ciudad Bochica, en la populosa y humilde localidad Uribe Uribe, al sur de Bogotá.

Con “Epa Colombia” enfocó  y encontró  la ruta para surgir en las redes sociales: el escándalo como oficio. Una Kardashian en miniatura que lucha desesperadamente, desde entonces, por suscitar polémica y llamar la atención con base en discursos retadores en jerga popular, colarse en Transmilenio, cazar conflictos con personajes a través de escenificaciones y parodias, exhibir su cuerpo, declararse gay o presentar a su novia.   .

En Soho precisa el motivo de ese vértigo: “la fama” le sirve para vender publicidad: “Antes no sabía hacer publicidad y ahora la hago, y la gente vuelve a pautar conmigo. Yo le hago una publicidad en una semana y le consigo más seguidores. Eso es lo que hago”. Lo suyo es, en pequeño, lo mismo que producen industrialmente los canales privados de televisión y otros medios en Colombia: pan y circo, sexo, escándalo,  tragicomedia, todo lo que resulte efectivo para excitar los sentimientos de la masa, ganar audiencia y vender anuncios.

En un  país que discrimina y excluye es fácil verla como una flor silvestre, atrevida y  de mal gusto, que trasgrede y lastima el estilo y las costumbres de las elites. Pero su caso refleja más y mejor las dificultades y los obstáculos que enfrentan millones jóvenes para surgir en un país sin oportunidades, donde la mala educación y el abandono del Estado tienen a las nuevas generaciones en el peor momento de la historia reciente. “Chamita Cheer” es exponente del sector de máxima vulnerabilidad: mujer joven, aplastadas por una tasa de desempleo que casi duplica a la de los hombres. Mientras las ricas viven el drama de ser sobrecalificadas, sin trabajo o mal remuneradas, las pobres deben encontrar el futuro como pueden. Jóvenes como ella son víctimas principales de explotación y de opresión, madres precoces o caen en los laberintos del narcotráfico o la prostitución.  

Daneidy encontró su propia ruta aunque a un costo muy elevado. Crecen sus seguidores pero también es objeto de múltiples ataques. Cuenta que le han tirado botellas, pegado chicles y sus redes registran ofensas, improperios, insultos, una violencia feroz que exhibe excesos, injusticias y purulencias de una sociedad clasista, elitista, excluyente, corroída por el egoísmo y la envidia, por el odio y la brutalidad.  

En Soho precisa el tamaño de sus sueños y confiesa a Afanador que cuando se acabe esta fama, su plante será vender pastillas para bajar de peso en 15 días. “Quería conocer Santa Marta y ya fui. Quería ser famosa y vea, ya lo soy. Quería cantar y ya he sacado tres canciones”. Agrega que solo le falta conocer Cancún.

Personalidades fuertes y llamativas como la suya, convocan odios y amores. Pero nada demerita que la que adelanta es una saga admirable de lucha, valor y decisión para liberarse, con los limitados medios a su alcance, del abrazo fuerte de la pobreza.  Desde ese punto de vista no solo son atroces e imperdonables las afrentas que recibe. Sería un acto de justicia, proporcional a sus méritos, que cumpliera su sueño de ir a Yucatán, como ignición que la estimule a devorarse el mundo. Pero sobre todo que encuentre en las rutas de su vida a personas u organizaciones que aprecien su carisma y su talento, la apoyen y la impulsen para canalizar su creatividad y su energía o le proporcionen medios para elevar su formación y en esa dinámica lograra elevar sus miras y sus retos, a la altura de lo que habría podido alcanzar en una sociedad que sí valore a su juventud.

@german.manga

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