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Opinión

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Iba a escribir sobre la cosa de la paz. Y de cómo, dentro de la tradición colombiana, las partes en conflicto están ya proponiendo resolver el conflicto que existe mediante el método de crear un conflicto que no existe: el de la partición territorial del país. Tal vez el único tema por el cual no nos hemos matado los colombianos en este siglo (en el pasado sí) es ese. Y ahora, paraque nos volvamos a matar también por él olvidando los problemas por los que nos estamos ya matando, saltan los unos a hablar de "cantones suizos" y los otros de "balcanización". Se ve que no saben ni qué es Suiza ni qué son los Balcanes. Pero en fin: ya habrá tiempo de sobra, mientras la guerra se complica y se prolonga, para hablar de la paz. Antes quiero comentar las críticas que me han hecho en torno a mi artículo de la semana pasada sobre los 15 colombianos del siglo XX escogidos por esta revista. Algunas son tontas: "El doctor Carlos Lleras Restrepo sí fue un grande hombre porque tal y tal". Otras son grotescas: "Antipatriota, vendido, etc.". Pero una lectora, Erna von der Walde, me envía una carta muy seria. Dice en ella que lo notable de la lista de SEMANA no es sólo que los personajes escogidos sean casi todos políticos y ex presidentes, sino que los colaboradores de la revista que escriben sobre ellos también lo son. "Llama la atención que de los 15 colaboradores dos sean ex presidentes, otro el hermano de un ex presidente, otro ex candidato a la presidencia, una la colaboradora más cercana de un ex presidente". Y añade: "La lista de SEMANA es un ejemplo de cómo se perpetúan algunos políticos porque los periodistas hablan de ellos, y de cómo se perpetúan algunos periodistas hablando sobre ciertos políticos". Y señala: "Seguimos creyendo que lo que la prensa selecciona como noticia es lo que pasa en la realidad. La prensa, como bien señala la lista de colaboradores, perpetúa la noción de que la política es lo que hacen los políticos y no lo que afecta la vida de los ciudadanos". Y, tras enumerar algunas cosas que sí han cambiado la vida de los colombianos de modo positivo, como Profamilia, o el proyecto Escuela Nueva, o inclusive el Minuto de Dios, concluye: "Colombia sí ha dado más que esos políticos parroquiales y mediocres. Pero nadie informa sobre eso".La lectora tiene toda la razón. Pero me la da también a mí cuando escribe que lo que hacen los políticos "cambia, sin duda, la vida de los colombianos, pero no para bien". Es eso lo que vengo diciendo desde hace años y años, y repetía una vez más en ese artículo: que los políticos en Colombia sólo son dañinos (no por ser políticos, sino por ser malos políticos); que los políticos copan todo en Colombia (incluyendo la prensa, o empezando por ella); y que, por ser únicamente dañinos y por coparlo absolutamente todo, impiden que algo distinto surja; y, si a pesar de ellos surge, lo confiscan para ordeñarlo en su propio provecho. Sea lo que sea. Supongo, por ejemplo, que, muertos ya los fundadores, algún político se habrá adueñado de Profamilia y del Minuto de Dios, como se están adueñando gracias a la ley de extinción de dominio de las fincas de los narcos: no les bastó con sus cheques.Leía en estos días _en la prensa, porque no hay nada más que leer: también mi lectora lee SEMANA_ una historieta ejemplar sobre el triste fin que tuvo la biblioteca de Juan Lozano y Lozano, que fue una de las pocas bibliotecas importantes que han existido en Colombia. Eran, al parecer, treinta mil libros. Juan Lozano había querido ser poeta y para eso viajó en su juventud a Italia. Pero tuvo que volver a Colombia, y ya en la aduana le preguntaron los políticos: "¿Poeta? Bueno, pero ¿de cuáles? ¿Liberal o conservador?". Lozano no entendía. "¿Poeta liberal como el presidente Núñez, o poeta conservador como el presidente Caro?". "Liberal", balbució Lozano, impulsado por su temperamento conservador. Insistieron: "¿Liberal de López o liberal de Santos?". Como en aquel entonces el periódico de Santos era político-literario, en tanto que el de López era político-comercial, el poeta Lozano no titubeó: "De Santos". Y lo dejaron pasar. A la mañana siguiente llegó a El Tiempo con sus poemas bajo el brazo, con la intención de publicarlos. Y Santos, tras congratularlo por la felicidad de sus rimas, le dijo: "Mi querido Juan Lozano y Lozano, escriba para mañana un editorial contra López". El poeta lo hizo, en endecasílabos. El del día siguiente le salió ya en mera prosa poética. Y al tercer día se sentó a redactar un tratado: "Perfiles políticos de Colombia": Santos, López, etcétera. A él lo había devorado la política, pero le quedaban todavía, intactos, los treinta mil libros de su biblioteca. Los leyó, los releyó, los mandó encuadernar. Pasados los años, por cosas de la política, le llegó la hora de rendir su alma ¿Qué hacer con su biblioteca? Sus hijos eran ya políticos, sus sobrinos también, sus nietos, ya desde entonces, querían ser gobernadores de Cundinamarca. Así que decidió dejarle todos sus libros al Congreso de la República, santuario sagrado de la política colombiana.El otro día _en la prensa, ya digo_ contaban el final de la historia: tras 20 años de abandono, el Congreso de la República pone a la venta la biblioteca de Juan Lozano y Lozano al peso, como papel mojado.
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