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Opinión

  • | 2011/05/17 00:00

    Más vale tarde que nunca

    “¿Cómo impedir que el ciudadano Álvaro Uribe Vélez diga públicamente que votará por Enrique Peñalosa, porque lo considera el Alcalde ideal para Bogotá?”

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¿A quién se le ocurre reprochar que un ciudadano de bien diga públicamente que votará por un candidato a la Alcaldía? Siendo este un país libre, la pregunta misma no parece tener lugar. Pero lo tiene –quizás no seamos tan libres–, pues ha sido esta la pregunta que los locutores de la W Radio han venido planteando en estos últimos días: “¿Cómo impedir que el ciudadano Álvaro Uribe Vélez diga públicamente que votará por Enrique Peñalosa, porque lo considera el Alcalde ideal para Bogotá?”.

Y lo han preguntado en tono de sorpresa. En ese tono propio del que se reviste la prepotencia de quienes consideran autoevidentes algunos hechos de la realidad, si no todos –quizás porque también creen que son ellos mismos los creadores de esa realidad–. Así, bajo ese eco de ‘cómo negar que el agua moja’, fue como abordaron a Antanas Mockus en la W, reprochándole su negativa al guiño que Uribe le dio a Peñalosa, esto es, solicitándole ‘entrar en razón’.

Cabría responder, tal y como lo hizo Mockus, que no se trata de reprochar a Uribe, sino de tomar distancia frente a él. Porque si bien es cierto que se trata de un ‘ciudadano de bien’ –hasta donde nuestras instituciones jurídicas nos permiten decirlo; y obviando la excesiva ambigüedad de la expresión–, también lo es que ha sido uno de los políticos peor rodeado de personas corruptas y de sus respectivos escándalos. Cabría agregar, como también lo hizo Mockus, que el deber de Peñalosa era el de recibir con la mayor frialdad este apoyo; y no, como sucedió, el de darle la bienvenida a aquello que simboliza todo lo contrario a los principios del Partido Verde: la cultura del todo vale.

Más aún, cabría preguntarle a Mockus, como no lo hizo la W: ¿por qué se demoró tanto tiempo en hacer este pronunciamiento? El guiño de Uribe, hay que decirlo, comenzó en enero. Y cabría finalizar preguntándole: ¿cómo es posible que, después de hacer este pronunciamiento, siga en las filas de un partido que busca alianzas con quienes han actuado de manera contraria a sus principios? En efecto, habría que pedirle a Mockus que fuera más consecuente.

De mi parte, prefiero creer que más vale tarde que nunca, y que más vale poco que nada. Pues sabiendo que a esta decisión del Partido –la de abrirle la puerta a este tipo de alianzas con el Partido de la U– tan solo fueron cinco miembros quienes se opusieron, poco o nada queda ya por hacer. Por un lado, un pragmatismo malentendido como practicidad parece ser ya la bandera principal de nuestros partidos políticos y, por otro, no parece nada sensato abandonar el Partido Verde para dejarle todo servido en bandeja de plata a Enrique Peñalosa. Un premio para él.

Hoy nadie puede negar que Álvaro Uribe se encuentre cada vez más solo en su intransigente ideología política (vía Twitter), después de haber sido derrotado en su ataque a las instituciones colombianas. Su propio Ministro de Defensa, hoy Presidente de la República, no ha dejado de tomar distancia frente a él. No deja de ser lamentable, entonces, que haya sido uno de sus mayores contradictores políticos, el Partido Verde, quien movido por la angustiosa necesidad de llegar al poder le brinde ahora un nuevo protagonismo.
Es este un traspié en nuestro proceso de entender que en la política sí hay cabida para la moral; y que en caso contrario le podemos abrir espacio en las urnas. Por ahora, la decisión que de manera oficial ha tomado el Partido Verde no deja de transmitir pesimismo. Uno que, en su derecho pero de una manera ciertamente reprochable, algunos medios de comunicación propenden por acrecentar.

Aun así, creo que podemos seguir defendiendo que no todo vale. Peñalosa no cuenta con un triunfo garantizado en los próximos comicios, y su posible derrota bien podría leerse como la derrota del oportunismo: un gran aporte a la moralización de la política colombiana.
En aras de nuestra evolución democrática, jamás podría ser un despropósito defender un ‘más vale tarde que nunca’. De ahí que si bien no sirva de mucho –por lo pronto–, sí sea digno de celebrar y elogiar el pronunciamiento de Antanas Mockus.

*Twitter: @Julian_Cubillos

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