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Opinión

  • | 2013/11/12 00:00

    El oro y las matanzas de Dabaibe

    Un conflicto minero desató un exterminio entre indígenas en el XIX en Dabaibe (Chocó). La disputa está apunto de reactivarse con dos comunidades negras.

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En el Chocó se está a punto de desencadenarse un conflicto por el control de las explotaciones mineras en el resguardo del Alto Andágueda, entre indígenas y mineros de las comunidades negras de San Marino y Piedra Honda, en la zona de Dabaibe, en Bagadó en los límites de Antioquia y Chocó.

Un lío territorial que surgió en 1979, cuando sin un estudio detallado el Incora (Incoder), creó este resguardo e incluyó dentro del área delimitada los territorios de estas comunidades negras. Una reserva indígena que se delimitó para evitar las injerencias de mestizos y negros en los conflictos mineros y para poner fin a las matanzas entre indígenas por el control de las explotaciones de las minas de oro de Dabaibe.

Pese a que negros e indígenas llegaron a un acuerdo, donde los primeros podían explotar sus dominios mineros ancestrales, ahora con la bonanza minera han surgido las querellas entre ellos, debido a que los indígenas alegan que a los miembros de las comunidades negras no les pueden otorgan derechos mineros en aquellos territorios, porque están dentro de un resguardo indígenas. 

Cada vez crecen más las amenazas y las tensiones entre indios y negros. Si las autoridades no entran a mediar en este conflicto, se avizora un inminente enfrentamiento armado por las pugnacidades que están siendo alimentadas por fuerzas oscuras que tienen intereses en las explotaciones mineras y en la comercialización del oro.

Ahora los conflictos mineros en esta región chocoana no son nuevos, datan de finales del siglo XIX y se incrementaron a finales del siglo XX, cuando se desató un pleito entre dos familias antioqueñas del municipio de Andes por el control de uno de los yacimientos de oro más grande del Chocó.

Disputas que originaron uno de los exterminios de indígenas más atroces después del dominio español en el Chocó, un historia trágica que plasmó el periodista, Juan José Hoyos, en el libro El Oro y La Sangre. Pero que se le quedaron en el tintero tenebrosos eslabones de este sórdido conflicto de pillaje, despojos, matanzas, corrupción, esclavización y desplazamientos. 

Una historia que empezó en el siglo XVI en el Darién, cuando los españoles conocieron las versiones sobre la existencia del tesoro de Dabaibe, riquezas que buscaron infructuosamente durante más de tres siglos. Varias expediciones salieron desde el Darién, Panamá, Cartagena, Santa Fe de Antioquia, Anserma, Cartago y Popayán, en la búsqueda de este mítico tesoro. Sin embargo, fue a finales del siglo XIX que se encontraron los primeros vestigios de estas quiméricas riquezas.

Los registros mineros del Cauca dan cuenta de la legalización de la mina Morrón en las postrimerías del siglo XIX por parte de una familia Chalarca, cuyos miembros se apoderaron ilegalmente de esta mina descubierta por un indígena. Este fue el primer capítulo de este conflicto, donde esta familia, además de despojar al nativo de la guaca, asesino, esclavizó y explotó a los nativos.

Mina que en 1927 paso a ser propiedad de Guillermo Montoya y Ricardo Escobar, dos patriarcas antioqueños, quienes legalizaron otras dos minas y durante dos décadas compartieron armonicamente sus los dividendos. Pero a raíz del fallecimiento de Escobar en 1950, surgió un litigio entre Montoya y los herederos de Escobar. Querellas que paralizaron durante más de un decenio las explotaciones de las minas y sólo a finales del decenio del sesenta llegaron a un acuerdo que permitió abrir de nuevo las minas, pero con la muerte de Montoya en 1974, se reactivó la pelea entre los herederos de ambos clanes.

El clan de los Escobar, a través de influencias políticas logró que la oficina de Minas de Antioquia les expidiera nuevas licencias de explotación de las minas disputas.

A eso se sumó, el descubrimiento de una nueva mina por el indígena Aníbal Murillo a pocos kilómetros de las minas en disputas. Yacimiento que fue legalmente reconocida como propiedad del indio Murillo con el nombre de mina La Bruja, pero en un acto oscuro y sórdido, en el cual participaron funcionarios de las alcaldías de Bagadó y Andes, la oficina seccional de Minas y la gobernación del Chocó, lo embriagaron y con engaño lo obligaron a venderle la mina por $ 100 mil pesos a los Escobar, quienes luego la registraron como Paloma II.

Los Escobar y los Montoya, después de 28 años de un engorroso pleito judicial y del vil apoderamiento de los primeros de la mina de Murillo, pasaran a ser generadores de un conflicto armado, en donde los indígenas comenzaron hacer parte activa de la guerra del oro en Dabaibe. Próximo: Oro, política y exterminios.

jemosquera@une.net.co
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