Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2015/02/25 13:30

    ¿Mataron a Camila Abuabara?

    Tras el fallecimiento de la joven, la sociedad mira a todos lados en busca de responsables.

COMPARTIR

Hace muy pocos días Sandy Camila Abuabara Franco, la joven que libró una de las más conmovedoras batallas contra una leucemia linfoblástica aguda, escribió en su cuenta de Twitter tres trinos con un mal presagio: “Espero volver pronto y contarles lo difícil que ha sido todo esto, no es fácil pensar por qué no aprobaron antes el TMO”; “Mi cuerpo está muy desgastado, son dos entradas en la Unidad de Cuidados Intensivos que lo más seguro es que se hubieran evitado sí el trasplante se aprueba a tiempo”; “Mis fuerzas están menguadas y todo esto, ¿quién lo repara?”.

Camila Abuabara falleció sin obtener respuesta en la noche de este martes en la Clínica Las Américas de Medellín. Su madre, Patricia Franco, respiró profundo y con una voz serena, sin reproches, lo confirmó: “Se fue”. Estaba exhausta recordando una a una las páginas más visibles de la guerra librada por su hija: “Ella no llegó como cualquier paciente que recibe tres tratamientos de quimioterapia, ella llegó con seis tratamientos distintos y su organismo ya estaba muy desgastado, por lo que no soportó”. En sus palabras se evidencia el dolor, pero no hay matices de reproche. Por eso, tampoco ella busca, por ahora, responsables. “Fueron tiempos muy difíciles. Sobre todo los últimos ocho días”.

Sin embargo, este miércoles gravita en todos los escenarios la pregunta: ¿Quién es el responsable de su partida definitiva? Hace varios años a Camila le diagnosticaron la grave enfermedad. Ella, entonces, empezó a tocar varias puertas: unas, en los centros médicos, para recibir el tratamiento; otra, en la Universidad Externado, para continuar sus estudios de Derecho.

Del Alma Mater recibió una buena noticia. “Me dijeron que los profesores me enviarán sus planes de programas (temarios) y tres compañeras me mandarán las transcripciones de las clases. Para los parciales viajaría a Bogotá en noviembre, si estoy bien, o los presentaría de manera virtual. Son muy buenas noticias porque me están colaborando con todo”, contó en las redes sociales a sus seguidores que cada día se volcaban más en solidaridad.

Así continuaba su carrera, pero simultáneamente debía tomar fuerzas para cuidar su salud. Una cita aquí, un papel allá, una firma en otro lado, los días fueron pasando y empezó a naufragar en un proceso kafkiano como miles de pacientes que ven el deterioro de su cuerpo mientras las puertas se les cierran una a una. Entonces interpuso una tutela a la EPS Sanitas para que le autorizara un trasplante de médula ósea en Houston, Texas (Estados Unidos). Así buscaba una protección legal a los derechos fundamentales a la vida, la salud y a la seguridad social.

En el hospital MD Anderson Cancer de Houston recibió un tratamiento experimental. Se trataba de una nueva opción a la que se aferró porque su enfermedad no respondía a los tratamientos convencionales. Acto seguido abrió otro nuevo frente: exigir un trasplante de médula ósea.

Su caso saltó a las instancias judiciales. Abogados en cada orilla buscaban un inciso, una letra menuda que les diera la razón mientras el dolor avanzaba en el cuerpo de Camila. Un juez de control de garantías de Bogotá ordenó a la EPS Sanitas la autorización, pero surgió una polémica adicional: ¿debe el Estado costear para un solo paciente un procedimiento que en el exterior cuesta casi dos millones de dólares? La justicia buscó una salida intermedia: ella necesita y se le debe hacer el trasplante pero en Colombia. Camila se negó, pero terminó por ceder y viajó a Medellín, donde finalmente fue intervenida.

Hubo tiempo para el optimismo, para la fe. Su propio hermano se convirtió en su donante y el 19 de diciembre se realizó la operación. Los primeros partes hablaban de un éxito del 99,5 %. Hubo días que se despertaba sonriente, como un sol. Entonces su familia transmitía las buenas nuevas: “Es posible que en cuestión de días la den de alta”, contaban.

Pasaron tres meses y las recaídas fueron cada vez más fuertes. Tuvo diferentes complicaciones de hígado, pulmón y riñones, entre otros, que la llevaron a la Unidad de Cuidados Intensivos como lo relató en Twitter.

Ante la partida, se busca al responsable. ¿Se había podido salvar su vida? La médica Luisa Ramírez mira el caso con la óptica de su profesión y cuenta: “Por un lado, Camila recibió tres tratamientos experimentales en Estados Unidos, oportunidad a la que rarísima vez acceden los 300 enfermos de leucemia que mueren al año en Colombia. Además, se trata de una enfermedad de mal pronóstico debido a que, por su naturaleza, la gran mayoría de casos se detecta en etapas tardías”.

La doctora también, sin embargo, recuerda que cuando el juez de control de garantías dictaminó el pasado 18 de noviembre que, “por acción o por omisión de Sanitas, se puso en peligro” la salud y la vida de Camila y que “por dilaciones en trámites administrativos se afectaron sus derechos fundamentales” se produjo “una tercera recaída de su enfermedad”.
Es por esto que queda un sinsabor al preguntarse qué habría sucedido si en vez de interponer dichas “dilaciones”, se le hubiera ofrecido un tratamiento oportuno desde el diagnóstico de su enfermedad, como el que recibió en sus últimos meses de vida.

Es cierto que en Colombia existe el paseo de la muerte, es cierto que en el imaginario colectivo existe la certeza de que el sistema es un desastre por las múltiples historias reales de gente que se muere sin la atención adecuada. Pero también es verdad que a diferencia de lo que sucede en otros países –incluso en algunos desarrollados–, los colombianos pueden garantizar la pronta protección de sus derechos fundamentales a través de la acción de tutela.

¿Entonces? ¿Quién es el responsable de la muerte de Camila? Para algunos expertos que analizan la gestión diaria del país, se trata de un mal mucho peor que no sólo tiene en grave estado a la salud, sino en general a todos los sectores: la corrupción. Mientras esta exista en Colombia, cualquier reforma al sistema será insuficiente, sea que el presupuesto para la salud quede en manos de particulares o del Estado. ¿Será Camila la última víctima de este drama? “El 60 % de niños con cáncer mueren por no tener acceso a tratamiento”, fue el último trino que retuiteó la joven antes de marcharse para siempre y descansar en paz.

*Director de Semana.com

Twitter: @armandoneira
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.