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Opinión

  • | 2004/10/03 00:00

    Matices

    En Colombia no hay guerra civil, alzamiento del pueblo ni Estado ilegítimo. Pero así y todo tenemos un conflicto de múltiples facetas

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En Colombia no hay guerra civil y ni siquiera tenemos un conflicto interno. Lo que tenemos son grupos terroristas que pretenden destruir la democracia". Esta es quizá la frase más repetida por el Presidente en toda suerte de foros nacionales e internacionales, y es por supuesto la base de su programa.

La frase es esencialmente cierta. Pero es simplista, y esa simplificación tiene consecuencias sustantivas y nocivas sobre muchas cosas prácticas.

Cierto que la guerrilla no tiene legitimidad, ni apoyo popular, ni justificación política. Cierto que practica el terrorismo. Y cierto que tenemos una democracia. El diagnóstico del gobierno atina en esto.

De tal diagnóstico se siguen al menos tres corolarios importantes. Uno, que no hay acuerdo ni diálogo posibles. Dos, que el caso no se rige por el Derecho Internacional Humanitario. Y tres, que el remedio depende de acciones policiales o militares pero no de políticas sociales. En efecto:

Terrorismo es lo que hacen grupúsculos radicales (tipo ETA o Al Qaeda) que carecen de fuerza de combate y por eso recurren a los atentados: usan el miedo ('terror') precisamente porque no tienen otra arma. Y la manera obvia de derrotarlos es no ceder al miedo, vale decir, no negociar jamás con ellos.

En cuanto hace a Colombia, la pieza central del DIH es el Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra, sobre "Protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional". Pues si aquí no hay 'conflicto', no hay para qué DIH (ni monitorías internacionales).

Usar programas sociales para dejar sin piso al enemigo implica admitir que de algún modo existe relación causal entre la lucha armada y los problemas de la gente, o sea que el 'conflicto' sí tiene algún motivo.

Admito que el presidente Uribe trata de ser congruente con su diagnóstico: no subraya el diálogo, ni lo humanitario, ni las medidas sociales frente a la guerrilla. Pero ninguna de las tres cosas está del todo ausente, y esto mismo demuestra que es simplista el diagnóstico.

Simplista, no sólo por su sesgo ideológico, sino porque se basa en un simplismo: las guerrillas practican el terror pero no son grupitos terroristas, son ejércitos con un poder militar considerable. Este no es un juicio moral sino un hecho lamentable, porque quiere decir que el enemigo es más fuerte de lo que suelen ser los terroristas.

Esa distinta relación de fuerzas precisamente es lo que explica que, no ya uno sino los seis, gobiernos anteriores hubieran tenido que dialogar con la guerrilla. Es más: con todo y su diagnóstico, Uribe opina que al final "habrá negociaciones" (Bush jamás diría eso de Al Qaeda) y ha autorizado diálogos con la insurgencia.

Con lo cual el Presidente incurre en una contradicción de bulto. Si se negocia con alguien es porque existen intereses encontrados, vale decir, porque hay conflicto. O sea que tras tanto ir y venir, resulta que en Colombia sí hay conflicto.

Y seguimos. Dado que hay un conflicto, Colombia debe atenerse a los Protocolos y Convenios de Ginebra, a las 27 'recomendaciones' de la ONU y a la ampliación del campo humanitario en temas como el canje o los diálogos regionales.

También porque hay conflicto debe irse más allá de lo militar para ganar la batalla social. El punto flaco de la 'seguridad democrática' es cabalmente la ausencia del Estado social en zonas recuperadas por el Ejército. En esto coinciden los analistas de derecha y de izquierda, y en esto hay tantos campos como los que enunciamos en el Informe Callejón con Salida.

No es claro si para el Presidente las 'autodefensas ilegales' se reducen también "a grupos terroristas que pretenden destruir la democracia", o si en ellas percibe otras aristas. Pero también en este caso habría que llamarlo a los matices.

Lo cual implica precisión, no falta de claridad o de firmeza. En Colombia no hay guerra civil, alzamiento del pueblo ni un Estado ilegítimo. No hubo ni hay causa justa para la insurgencia -ni para la 'autodefensa'-. La guerrilla no tiene fuerza popular, usa medios criminales y su programa no es bueno ni es viable. Pero así y todo tenemos un conflicto de múltiples facetas.

Entiendo que el pensamiento complejo desespere al señor Presidente y a sus admiradores. Y sin embargo, la realidad es compleja.
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