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Opinión

  • | 2013/09/17 00:00

    El matoneo no es un juego de niños

    Colombia ya cuenta con una ley que busca erradicar la violencia de las aulas escolares.

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Uno de cada cincos niños es o ha sido víctima de intimidaciones y malos tratos por parte de sus compañeros de clase de manera agresiva, deliberada y repetitiva, según un estudio de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud. 

El matoneo es una realidad en la infancia colombiana, tanto que el Ministerio de Educación durante las Pruebas Saber del 2012 decidió incluir preguntas sobre intimidación escolar, a alumnos de quinto de primaria y de noveno grado. Los resultados del estudio realizado por la Universidad de los Andes dejaron al descubierto las alarmantes cifras, de 55.000 menores de 589 municipios, el 29 % manifestaron haber sufrido algún tipo de agresión física o verbal de parte de algún compañero.

Durante estos años en mi trabajo como líder del tema de infancia y como Concejal de Bogotá, he conocido múltiples casos de niños que han sufrido de matoneo y cuya salud física y mental se ve seriamente afectada por este fenómeno. Es por esto que luchamos por la aprobación de acuerdos y leyes que crearan una ruta de atención en estos casos. 

La ley, como lo señala su articulado y lo reafirma el Ministerio de Educación “crea mecanismos de prevención, protección, detección temprana y de denuncia ante las autoridades competentes, de todas aquellas conductas que atenten contra la convivencia escolar, la ciudadanía y el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de los estudiantes” que cobijaran a la niños dentro y fuera de la escuela. Igualmente determina la imposición de sanciones a quienes no cumplan con sus disposiciones. 

La ley ya es un hecho, ahora viene el verdadero reto, su aplicación. De nada servirá tener estos protocolos si no los ponemos en práctica y quienes debemos hacerlo somos los adultos. El primer paso debe ser creer, no minimizar lo que los niños nos dicen. Tanto los padres como los docentes tenemos la obligación de estar alertas a las señales que los infantes nos dan. Porque el apoyo lo necesita tanto el maltratado como el maltratador.

El hogar es el lugar primario de educación de los niños, allí es donde aprenden a socializar de acuerdo a los comportamientos y valores que ven en sus seres cercanos. Es por eso que el ejemplo debe empezar en casa. Si usted vive en un ambiente hostil el niño llevará este comportamiento a todas las áreas de su vida. Y si usted no escucha a su hijo, él no se sentirá capaz de contarle los problemas o dudas que lo aquejan.

Los colegios, en muchas ocasiones, no saben cómo actuar ante estos casos. Es importante la supervisión, establecer reglas y lo primordial actuar de manera ágil y categórica cuando se presenten casos de matoneo. El maltrato por pequeño que parezca puede desencadenar en actitudes negativas mayores.

Las autoridades deben velar por la aplicación de estas normas, para que no se queden en el papel. Deben ejercer un constante seguimiento y vigilancia a las instituciones educativas públicas y privadas para que ninguna de ellas pueda omitir el deber de garantizar que no haya ningún niño víctima de maltrato.

La sociedad en general debe trabajar porque los niños tengan una sana convivencia, que la infancia comprenda que la manera de solucionar los inconvenientes no son los golpes y que la burla no es la forma de marcar la diferencia y esto solo se logra con el ejemplo. No debemos ser permisivos con el maltrato ni el acoso, porque acabar con el matoneo no es un juego de niños, es una responsabilidad de todos.

*Periodista y Concejal de Bogotá.
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