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Opinión

  • | 2015/03/31 12:01

    Crimen y prejuicio

    Es muy importante saldar la histórica deuda de desconocimiento, negligencia y discriminación contra las sexualidades diversas.

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Un prejuicio es una idea que pretende ser verdadera, fundada y justificada, pero que dista de la realidad y no puede ser probada bajo la razón. No hay nada más peligroso que un prejuicio porque sobre él construimos nuestro mundo; cuando levantamos sobre él la columna del edificio que somos es supremamente doloroso removerlo: se necesita mucho valor para tumbar ese prejuicio porque con él se derrumba una buena parte de lo que creímos ser y nos toca diseñarnos de nuevo.

Ejemplos de prejuicios hay muchos y todos los tenemos. Algunos se caen con el tiempo –o nos los tumba la propia vida—pero otros echan raíces tan profundas que se aferran a lo más profundo del corazón, y nos sostenemos y alimentamos a través de ellos. A esos últimos hay que temerles más, porque son enemigos invisibles de la convivencia.

Una de las características más graves que conlleva un prejuicio es que intentamos defenderlo con la razón: le buscamos respaldo filosófico, científico, jurídico, matemático o, en muchos casos, religioso. Intentamos convencer a los demás de que nuestra percepción es una verdad universal porque los prejuicios sólo tienen sentido si son compartidos por otros; por eso en en casi todos los casos, una vez derrotados por los argumentos, acudimos a la imposición, al grito, a la indignación o a la fuerza. Es que es muy fácil que del prejuicio se pase a la violencia: quedamos a un paso del descontrol cuando sentimos que una verdad distinta nos está tumbando el edificio en el que habitábamos seguros; la agresión está en los ojos del prejuiciado, nunca en la humanidad o en la verdad de la víctima.

Un ejemplo de prejuicio, con todo respeto, es decir que la vida sólo le pertenece a Dios y que por eso nadie puede acudir al aborto o la eutanasia en ningún caso; o que los hinchas del otro equipo son mis enemigos y por lo tanto estoy autorizado a atacarlos; o que las mujeres están diseñadas para servir los deseos del hombre y merecen ser castigadas si no lo hacen; o que los indígenas o la población negra no es igual a mí y hay que crear un nuevo departamento para alejarlos; o que la población LGBTI no es tan ‘óptima’ como la sociedad decente y que matonearla, discriminarla, violentarla o, incluso, matarla no merece ninguna atención especial del Estado; de alguna manera –diría el prejuicio—se lo merecen.

Estoy haciendo estas reflexiones después de oír a la filósofa e investigadora María Mercedes Gómez: ella, con más autoridad e investigación, habló sobre la esencia del prejuicio en el Seminario de Aproximación a los Métodos de Investigación de Delitos contra la Población LGBTI. Fue un hecho histórico porque por primera vez la Fiscalía General de la Nación reunía a decenas de funcionarios para enviarle un mensaje contundente: hay una deuda histórica de desconocimiento, negligencia y discriminación contra las sexualidades diversas y es el momento de empezar a enmendarla. En palabras del vicefiscal Jorge Perdomo: ‘el respeto de la diversidad es inseparable de la legislación’.

Efectivamente, el Estado no es sólo el formulador de leyes y el que juzga a quien las incumple; su obligación también pasa por prevenir el delito, por defender a las poblaciones vulnerables, formular políticas de sensibilización que despejen el camino para el goce de los derechos de todos sus ciudadanos. Esto es vital porque Colombia carece de políticas públicas serias contra las diversas formas sociales de exclusión, discriminación y violencia. En eso consiste el Estado Social de Derecho cuya formulación tiene casi cien años.

El paso que está dando la Fiscalía en este sentido en enorme: se creó un observatorio de derechos humanos dentro de la Institución, se elaboraron políticas nacionales de atención a la población LGBTI, se trabaja en la preparación de sus funcionarios con perspectiva de respeto y protección a las diversas orientaciones sexuales, en la creación de protocolos para atender las denuncias e investigar los contextos en los cuales se presentan los delitos de discriminación. Esto no había sucedido antes y llega en buena hora, precisamente cuando el país se prepara para un eventual postconflicto, uno de cuyos problemas a resolver es el de las víctimas LGBTI en la Colombia profunda.

Se necesita una Fiscalía que pueda atender con criterios técnicos y ánimo protector el matoneo colegial –hago memoria de Sergio Urrego y de tantas víctimas anónimas—o de humillaciones en comunidades virtuales, en despidos laborales por condición sexual o la simple y muy común discriminación callejera.

Esta sociedad no logrará la paz si los jueces o los policías siguen re victimizando al agredido, despreciando sus demandas con frases como: ‘eso le pasa por boleta’, ‘para qué es tan promiscuo’ o ‘ese mundo de ustedes es así’; tampoco si quien investiga un crimen aborda el asesinato de un transexual o un travesti como una patética ‘pelea de locas’, o un ridículo ‘crimen pasional’. Fiscales, investigadores, policías, militares y jueces deben distinguir un crimen de odio a un asesinato por hurto, un crimen sexual a una riña callejera.

Nuestros funcionarios deben aprender algo de compasión por las poblaciones más vulnerables –como efectivamente los es la comunidad LGBTI—y entender lo difícil que es para éstas denunciar y correr el riesgo de develar su sexualidad a su familia, colegas o amigos. Mientras más tengamos documentados estos casos, más fácil será atacar el crimen y sobre todo, prevenirlo. Por eso hay que aplaudir y replicar este esfuerzo de la Fiscalía en otras instituciones del Estado.

Precisamente, bien harían los vecinos de la Procuraduría en hacer algo parecido. Porque no lo han hecho. Tampoco creo que le interese… bueno, a no ser que sea yo el prejuiciado y no me haya dado cuenta de que esta es una procuraduría de todos, empeñada en que todos quepamos en el proyecto de hacer más justa y solidaria esta Colombia de 45 millones de maneras de sentir distintas.

(*) Periodista y creador del blog http://elojonuclear.co/
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