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Opinión

  • | 2015/03/05 18:00

    De policías y Nicolases Gaviria

    Un Nicolás esposado a tiempo y una rápida ‘invitación’ a subirse a la patrulla rumbo a un calabozo, podrían haber parado este escándalo a tiempo.

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Pobre tipejo ese Gaviria. Me refiero al Nicolás, al que caído de la perra sacó de sus tripas lo más clasista y xenófobo de cierta clase social muy típica de estos lares, caracterizada por una generosidad moral estreñida y un estreñimiento moral generoso.

Pobre tipo ese, digo, no sólo por el oso que hizo ante las cámaras de la policía –y que noticieros y redes sociales se dieron gusto en reproducir hasta el cansancio— sino porque en las declaraciones radiales posteriores, en las que quiso justificar su comportamiento de patán frente a unos aterrorizados policías, dejó ver que era más estúpido en sano juicio que borracho.

Este Nicolás Gaviria se merecía una nochecita en una UPJ y una multa, pero poco más; ahora tiene hasta un proceso abierto en la Fiscalía. Pobre niño malcriado, también, porque de ésta no se levanta fácil: hay que ver con cuanta saña, con cuanta superioridad moral nos dedicamos todos los colombianos a hundirlo, a castigarlo, a burlarnos y a devorárnoslo a dentelladas de resentimiento. ¿Y saben qué es lo más triste? que muchos de esos que hoy linchamos a Nicolás Gaviria somos los mismos que le mentamos la madre al policía de tránsito todos los días, que miramos como a un moco al agente que nos pide los papeles en la calle o que nos hace una requisa. Esto en el mejor de los casos, porque ¿cuántos policías no terminan en la clínica o en una funeraria cada día de trabajo?

Ahí es donde está problema de todo esto, digo yo, y no en la altanería repugnante de un borrachito educado en las mejores universidades de este país: es que despreciamos al policía raso. Y lo subvaloramos porque somos tan machitos y tan de buena familia que nadie nos puede decir nada, porque no soportamos que un ‘indio patirrajao’ nos hable durito y porque, también hay que decirlo, la policía misma no se ayuda con tantos casos de corrupción y abuso de autoridad que vemos todos los días en la calle.

El video donde se ve a ese señor Gaviria mostrando dientes y amenazando de muerte a todo el mundo evidencia algo que yo no sé si ustedes notaron o que me lo estoy inventando: que los agentes de policía estaban muertos del susto. Y estaban asustados porque si de casualidad la famosa frase ‘usted no sabe quién soy yo’ resultara cierta, es decir, si de verdad Gaviria era sobrino del expresidente Gaviria –que no lo es— o conocido del Director General de la Policía, General Rodolfo Palomino —que tampoco—, los que hubieran llevado del bulto son ellos, los policías rasos. Mientras el hijo de fulanito se olvidaría del asunto al rato, los agentes enfrentarían una investigación que en el mejor de los casos les dejaría con una mancha en su carrera.

¡Vaya que uno le dijera a un policía gringo o alemán un you don’t know who you’re talking to!, ¡al día siguiente estaría, bajita la mano, en Guantánamo! Yo no digo que así tenga que ser, pero sí me gustaría haber visto a esos policías reaccionar con más eficacia antes de que las cosas se les hubiesen salido de las manos como se les salió esa noche: que por poco la gente que presenció los hechos lincha al bobazo ese del Nicolás Gaviria generando un problema más grave para todos.

Un Nicolás esposado a tiempo y una rápida ‘invitación’ a subirse a la patrulla rumbo a un calabozo, podrían haber parado este escándalo a tiempo. Tengo la sospecha de que eso hubiera pasado si esos policías se hubieran sentido implícitamente respaldados por sus superiores, aun si el detenido hubiera sido hijo del mismísimo Mandrake.

*Texto tomado del blog elojonuclear.co con autorización de su autor
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