Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/04/11 00:00

Me lanzo por el Partido Conservador

Yo juraba que la C que nos colgamos en la solapa del vestido era la incial de Contratista, y no de Conservador, como luego me explicaron.

Me lanzo por el Partido Conservador

Ningún mejor momento que esta semana de Pascua para hacer pública una decisión que acabo de tomar. Y es que, queridos amigos, a partir de la fecha voy a aspirar a la Presidencia de la República por el Partido Conservador.

Suena absurdo, yo sé: pero, ¿acaso hay algo que no sea absurdo en el Partido Conservador? ¿No es absurdo que sean candidatos presidenciales personajes tan débiles o pintorescos, tan biches o cuestionados como José Galat, Carlos Holguín, Fernando Araújo, Sabas Pretelt o el 'Pincher' Arias? ¿Y que todos sepan en el fondo que deben retirarse cuando Uribe se lance?

No veo por qué no pueda sumarme a ese juego yo también. Ser precandidato debe servir para algo en la hoja de vida. Y además a uno lo entrevistan, y al final lo nombran en alguna parte: como mínimo en una embajada.

De modo que acá voy: me mando, aunque haya candidatos tan sólidos como el doctor Holguín Sardi, muy fuerte en poblaciones como la isla de Roncador y Quitasueño, donde debería montar su sede nacional.

Parece fácil ser precandidato conservador, pero al menos a mí me ha costado trabajo. No sólo por algunos equívocos. Por ejemplo: yo juraba que la C que nos colgamos en la solapa del vestido era la inicial de Contratista, y no de Conservador, como luego me explicaron.

Pero eso fue lo de menos. Lo duro ha sido aprender a decir que los homosexuales son depravados; a meterme en el útero de las mujeres para satanizarlas si abortan; a poner la moral por encima de la salud pública, y estar en contra del condón.

Ya me acostumbré, sin embargo, y ahora, incluso, imito la sensibilidad social de el 'Pincher' Arias: tengo un programa para que cada pobre se realice como mano de obra barata. Que ese sea su destino. Usted contrata a dos por el precio de uno, y si reclaman tierras, los manda a Carimagua para que tengan de dónde ser desplazados.

En mi metamorfosis me aficioné a los escudos familiares, los árboles genealógicos y demás bobadas de esas que a ellos les encantan; ingresé al Jockey Club; les prohibí a mis hijas salir con pretendientes oscuritos, tipo Gómez Méndez: pueden ser medio lobos pero al menos tener los ojos claros, como el inolvidable Juan Hernández.

Hace poco nos reunimos a puerta cerrada para debatir las declaraciones de Noemí en las que nos tildó de bipolares.

Pensé que ser bipolar tenía algo que ver con el Polo: un término que designa la ambivalencia de ser de izquierda y ayudar a elegir a un procurador de ultraderecha, pero luego supe que eso se llama 'El trastorno de Petro'.

Después averigüé que bipolarismo es una enfermedad en la que el paciente presenta oscilaciones mentales exageradas, incoherentes y de difícil presentación ante la opinión pública. Por poner cualquier ejemplo: que un día usted diga que una persona es cercana a los paramilitares, y al otro trabaje para esa persona y proponga su primera reelección.

Me preparé para la reunión. Averigüé, no se vayan a reír, que existe un movimiento de juventudes con Holguín. Su director es Miguel Uribe Turbay, de los mismos Turbay que saben hacer fila para vivir del Estado. Bien: éste ya empezó. Pobre muchacho, me decía: ¿cómo diablos llenará las horas de su agenda? ¿Quiénes pueden ser las juventudes de Holguín? ¿José Galat? ¿Rafael Nieto clasifica o ya está viejo?

Creía que en esa reunión íbamos a hacer cosas típicas de conservadores, como imaginarnos con morboso y secreto deleite lo que hace la gente cuando cierra la puerta de su casa: qué fuma, qué habla, cómo tiene sexo.

Pero me encontré con una realidad bastante triste.

- Propongo -comenzó el doctor Araújo- que nombremos a mi hijo Luié en Washington.

- Y yo sugiero que nos cambiemos de nombre -dijo el doctor Galat, que cada vez decía cosas más parecidas a las del doctor Chapatín-.

- Sí, sí: me pido ponerme Álvaro, -dijo adivinen quién-.

- Tiene razón el doctor Galat -me metí:- si uno es conservador y quiere gobernar el país debe tener nombre de mayordomo de finca: Belisario, Laureano, Misael…

- Eso, eso: yo quiero un tener un mayordomo y una finca que se llame el Ubérrimo -dijo imagínense cuál de todos-.

- Andrés no es nombre de mayordom... -intervino el doctor Araújo, con gran-sagacidad-.

- Pero es que Andrés nunca gobernó -dijo la señora de los tintos-.

- Si nos vamos a cambiar los nombres yo tengo el contacto en una notaría en Barranca -se ofreció Sabas-.

- Habla más duro, que Galat no oye -pidió Araújo-.

- ¿Que qué? -gritó Galat-.

- Pero no tan duro, que van a despertar a Carlos.

Soy la fuerza que decide. El país me conoce, el país sabe quién soy. Me sacrifico por el país. Voten por mí. Y felices pascuas.

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