Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2011/05/07 00:00

    Me pido reemplazar a Samuel

    Aunque no he viajado en el avión de los Nule, me siento preparado para ingresar a la política colombiana.

COMPARTIR

Fui el primer sorprendido con la suspensión de Samuel: ¿Cómo así? -pregunté desconcertado-: ¿él todavía estaba de alcalde?

Me confirmaron que sí, y que lo acababan de sancionar, lo cual me alegró más allá de las dudas que despierte el fallo: el procurador, finalmente, siempre se ha destacado por fallar. Bien, doctor Ordóñez: eso es tener pantalones para suspender; es decir, eso es tener suspensorios. Ahora sigue Uribe: porque si Samuel fue castigado por sus omisiones para entregar obras, el doctor Uribe está en problemas por culpa de Andrés Uriel. Pero que no se atrevan a tocarlo, o salimos todos a marchar.

Justamente, había estado triste a comienzos de la semana porque habían cancelado la marcha en defensa del Pincher' Arias y sus amigos. Ya tenía los carteles listos. El uribismo también se quedó con los carteles hechos, algunos de los cuales eran bastante grandes, como el cartel de la Salud.

Estaba triste, digo, estaba deprimido, hasta que me enteré de la destitución del alcalde. Se me apareció la tía Graciela, pensé. Esta es mi oportunidad para reemplazarlo.

Siempre me ha gustado Samuel, porque, al igual que Peñalosa, ha hecho asesorías en el exterior: asesoró al tsunami del Japón, por ejemplo. Y gracias a su gestión Bogotá se convirtió en una potencia arqueológica de primer orden. Por eso me duele que lo tilden de inepto. Pobre: ¿por qué no le tiene compasión? ¿Cómo se sentirá cuando un asesor logre explicarle su situación a punta de dibujitos?

Pero la política es de oportunidades, e integrar la terna de su reemplazo era un bonito atajo para llegar al Palacio de Liévano sin ir a las urnas. La verdad es que no necesitó durar un periodo completo. En tres meses asignó los contratos suficientes.

Como lo dije en este mismo espacio, aspiro a la Alcaldía de Bogotá para continuar el legado de Samuel, tarea para la cual me he preparado: ya le robé las pulseritas a mis sobrinas; mi mamá acaba de alquilar una casona en Teusaquillo y les pedí a mis hermanas que abrieran cuentas en el exterior.

Integrar la terna me parecía atractivo. No temo enfrentarme a nadie en la contienda electoral, pero no nos engañemos: si mis contrincantes son David Luna, Carlos Fernando Galán y Gina Parody, la cosa no tiene gracia. Salvo Luis Carlos Restrepo, el primer adulto que se lance gana la alcaldía. Y yo soy un hombre de retos, y no me gusta ganar así. Además es evidente que los medios están inflando a la Parody a punta de encuestas. En una obtuvo el 3 por ciento, exactamente el triple de lo que tiene.

Llamé a Clara López. La invité a negociar mi ingreso a la terna mientras cada uno se afeitaba frente al espejo. Pero me dejó con las toallas calientes y ni siquiera se excusó.

Organicé, entonces, un desayuno de trabajo con gente del partido. Llegaron todos: Venus Albeiro, Parmenio, todos. Ati Quigua se estrelló al parquear. Borja dejó el sombrero en el perchero y pudimos ver, con sorpresa, que es calvo, que el sombrero viene con el pelo. Para mi horror, Jaime Duzán se hizo cerca de los adornos de plata. Los senté en el piso, repartí cojines, puse a hervir vino, oímos La maza sin cantera. Me comprometí a continuar con las directrices del partido e incluso a subir las comisiones por arriba del 6 por ciento a cambio de que me incluyeran en una terna que tuviera dos candidatos de adorno: el doctor Velilla, por ejemplo, que aún hoy, en los cocteles, anda con un fólder bajo el brazo para explicarle a quien se deje por qué él aún puede ser fiscal; y Noemí, qué diablos, pobrecita: ella a estas alturas agradece lo que sea. Pero la discusión no avanzaba. Borja manoteaba por todo. Ati Quigua acabó con las hierbas del jardín. Rojas Birry se quedó dormido. Y al final nadie se puso de acuerdo, me desocuparon la despensa y nunca volví a ver mis CD de Los Chalchaleros.

Por la izquierda estaba dispuesto a hacer no solo una terna, sino hasta un trío. Y con quien me hubieran puesto: una Clara López, una Laura Restrepo. Pero no salieron con nada: ni siquiera pudieron conformar una terna. Si fuera directivo del Polo, postularía a los tres Nule para que terminaran con todo de una vez. O a los tres huevos de Uribe, qué diablos, así algunos estén maltratados por al exceso de cabalgatas.

Como sea, ya no me interesa que me nombren. Pese a que no he viajado en el avión de los Nule, me siento preparado para ingresar a la política colombiana.

Bogotanos: sigo con mi candidatura. Derrotaremos a los más capaces y a William Vinasco también. Haré un gobierno de unidad. El secretario de Ambiente será Luchito, que ha demostrado que es de ambiente. En el Acueducto nombraré a Cabas, cuyo pelo prueba que nunca ha gastado agua. Respetaré la alianza de Samuel con La U y encargaré del manejo del tráfico a Lucerito Cortés, que se ha destacado por el tráfico de influencias.
 
No lo neguemos: el Sistema Integrado de Transporte tiene tantas trabas como Carlos Ossa en su juventud. Por eso, haré que por la séptima pase un TransMilenio ligero, y por la 13 uno despacio. Construiré pasos deprimidos, casi tan deprimidos como los uribistas que votaron por Santos. Y me sonsacaré de Palacio al pequeño Edward Niño para que la ciudad pueda ver que tiene un metro.

Amigos: vamos por la Alcaldía. Me comprometo a enriquecer el debate, o por lo menos a mi familia. Voten por mí. Qué diablos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.