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Opinión

  • | 2012/02/02 00:00

    Medallas, entre la cuna y la pista

    Sigue habiendo casos de deportistas que, con las uñas, se sacrifican durante las etapas formativas de sus carreras para llegar a lograr reconocimiento y soporte.

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En diciembre pasado en el municipio de Turbo, en el Urabá antioqueño, la inauguración de un estadio deportivo dibujó miles de sonrisas. Desde hace tiempo, la gente de esa región merecía una pista de atletismo y una cancha de fútbol digna en donde derrochar y perfeccionar sus dones. Al bolsillo la mano se metieron Indeportes Antioquia y el gobierno departamental. “Es necesario ver cómo ayudamos a aquellas regiones que tienen unas habilidades especiales para que podamos ir cumpliendo ese sueño”, dijo el presidente Juan Manuel Santos en los Acuerdos para la prosperidad en el deporte en agosto del 2011. Ahora la nueva generación de futbolistas tendrá donde practicar, al contrario de lo que vivió John Jairo Tréllez; los atletas ya no tendrán que emigrar hacia otros departamentos como le ocurrió a Caterine Ibargüen o a Princesa Oliveros, ambas cartas altas para Londres en los próximos Juegos Olímpicos, la competencia más prestigiosa del deporte mundial en la cual Colombia tiene un récord de 11 medallas: una de oro, tres de plata y siete de bronce. Todas en deportes individuales.

La primera participación de Colombia en los Juegos Olímpicos, organizados desde 1896, fue en Berlín en 1932. Cuatro años después se fundó el Comité Olímpico Colombiano (COC), entidad que en 1936 entró a formar parte del fenomenal movimiento, tras su reconocimiento oficial. En 1972 en Munich, Helmut Bellingrodt, en tiro al jabalí, estrenó al país en la gloria olímpica con una medalla de plata. Días después, en ese mismo evento, los pugilistas Alfonso Pérez y Clemente Rojas se colgaron el bronce. En 1984 en Los Ángeles, Bellingrodt, con la puntería intacta, se subió esta vez al tercer escalón del podio en la modalidad de blanco móvil. En 1988 en Seúl, Jorge Eliécer Julio ganó la medalla de bronce en boxeo; y en 1992, en Barcelona, Ximena Restrepo se llevó el bronce en los 400 metros planos. A partir de allí comenzó la exitosa irrupción de las mujeres en el deporte nacional. En Sídney 2000 María Isabel Urrutia en halterofilia (levantamiento de pesas) consiguió la única dorada que ostenta el país. “Una medalla para rato”, tituló el periódico El Tiempo el 21 de septiembre del 2000, un día después de la gesta. En Olímpicos, era la primera vez que competían las mujeres en esa disciplina de fuerza y potencia. En Atenas 2004 Mabel Mosquera ganó el bronce en halterofilia, el mismo metal que María Luisa Calle en la prueba de ciclismo por puntos. Y en Pekín hace cuatro años, Diego Salazar, plata en halterofilia, y Jackeline Rentería ganó el bronce en lucha.

Parados en Suramérica, en el medallero histórico olímpico, que se establece de acuerdo con el número de oros conseguidos, Colombia está detrás de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay, estos dos últimos con dos medallas doradas cada uno. Cada país, claro, con una inversión en deporte y un número de habitantes distinta, factores vitales en la ecuación. Como se dijo, Colombia tiene una, igual que Ecuador, Perú, Venezuela y Surinam. En Centroamérica se destaca Cuba, una de las potencias deportivas del orbe, con 67 oros; Jamaica, con 2’800.000 de habitantes, ha ganado 13; México, 12, y Panamá tiene una, igual que Trinidad y Tobago en el Caribe. Obtener una medalla conserva un mérito enorme. Uno de los objetivos de las autoridades del deporte nacional para poder triunfar en Londres se denomina ‘100 deportistas a Londres’. Hasta el momento van clasificados 87 (en 13 deportes y 17 disciplinas), superando los 67 de Pekín 2008. El único deporte de conjunto es el equipo femenino de fútbol. Atletismo, ciclismo y pesas son los deportes con más participantes, y no en vano con mayor atención. Ahora, ¿con qué criterios se determinan esos énfasis y en cuánto su elección está sujeta al tema económico? ¿Qué hacer con los deportes huérfanos? ¿Por qué no ampliar la cobertura deportiva en las zonas más humildes del país, de donde han salido los grandes campeones? O, ¿por qué, a lo largo de la historia, no ha habido figuración en disciplinas colectivas? ¿Será porque nos cuesta formar equipos para deportes esencialmente grupales, como alguna vez lo planteé, o será que, además del somatotipo, la idiosincrasia y la sicología particular del atleta colombiano, la inversión en disciplinas individuales es prioridad por sus costos, su logística y por el número de preseas que se pueden llegar a ganar?

En Colombia una buena porción del presupuesto nacional está destinada al deporte asociado y competitivo, y a la preparación de los deportistas para competencias nacionales e internacionales. Sin embargo, sigue habiendo casos de deportistas, como la mayoría de los medallistas antes nombrados, que, con las uñas, se sacrifican durante las etapas formativas de sus carreras para llegar a lograr reconocimiento y soporte. Por eso lo del estadio de Turbo es para aplaudir, siempre que su construcción esté conectada a una política de Estado de facilitar la detección del talento en edades más tempranas y contribuir en su desarrollo.

*Twitter: @pablodenarvaez7

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