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Opinión

  • | 2017/07/04 08:33

    No alimentes al troll

    Es decir, no hay que seguirle la corriente, contestar o confrontar a quien lo necesita para crecer. Es una norma del llamado “condicionamiento clásico”.

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No vale la pena seguir tratando de entender este país. Cada día surge una noticia más macondiana que la anterior. Esta semana hubo titulares tan sorprendentes como el de una alcaldesa que decidió, sin más, entregarle las llaves de su pueblo a Jesucristo (y hubo quienes la aplaudieron, que es peor) o el de la captura por corrupto del fiscal anticorruptos (a propósito, se dice que también hay relación entre la corrupción de este fiscal y la celeridad con la que los alcaldes de Montería fueron detenidos, pues -al parecer- hubo un intento de soborno que los alcaldes no aceptaron). Sin embargo el titular más macondiano preguntaba por qué el país no se emocionó con el fin del conflicto.

El gobierno y la oposición actual son tan predecibles que las noticias parecen escritas de antemano, como un obituario, y la prensa está a la espera de publicarlas, pues desde el momento mismo en que las Farc entregaron la última de las 7132 armas comenzaron a indagar el porqué de tanta frialdad. De tanto insistir en la pregunta los medios tradicionales hicieron eco al odio en las redes, dándole fuerza a los apáticos y quintándole hierro a la desaparición de las Farc.

Este gobierno ha salido siempre a defenderse antes que a contar, opinar, promover o proponer. Santos da la idea de un niño acoquinado por el matón del curso que teme levantar la voz sin ser autorizado y solo se defiende cuando ya no tiene más opción (y entonces lo hace tímidamente). Su consigna parece ser “Hagámonos pasito”. Como quien actúa con culpa. Cuando finalmente decide contar las buenas nuevas ya la oposición las ha hecho trizas. Aunque los medios tradicionales no se quedan atrás, quizás porque el odio da más titulares. ¿Acaso a María Fernanda Cabal la entrevistan con tanta frecuencia buscando precisamente un titular como los que ha acostumbrado al país?

Uno de los mandamientos contra la posverdad es Don’t feed the troll (no alimentes al troll), es decir, no hay que seguirle la corriente, contestar o confrontar a quien lo necesita para crecer. Es una norma del llamado “condicionamiento clásico”. Como Pavlov y el perro. Para la psicología “Este principio parte de la idea de que cualquier conducta que aparece con cierta periodicidad lo hace porque está siendo premiada o reforzada de algún modo, aunque sea por (o precisamente gracias a) un refuerzo negativo”. No olvidemos que de tanto los medios buscar titulares Trump llegó a la presidencia: el troll gana incluso, o precisamente, cuando se habla mal de él.

Lo cierto, y es lo único que realmente importa, ninguno de los últimos gobernantes de Colombia tiene tanto para mostrar con un solo hecho como Juan Manuel Santos. El fin de la guerrilla más antigua del mundo quedó ya enmarcado en la historia. Lo que diga la oposición al respecto es coyuntural y a la vuelta de los días se habrá olvidado.

PD: En Colombia el padre suele sentir vergüenza de su hijo gay. Por eso llama la atención que Pacho Santos sea el nuevo líder de la diversidad sexual y esté “dando una batalla interna por la inclusión”. Es lo que hace el amor de un padre cuando entiende el dolor de un hijo: apoya primero su sangre antes que el miedo y el odio de los demás. Pacho está a la altura de su hijo (y ojalá no haya aquí un interés meramente político que busca direccionar el voto lgbt a la ultraderecha).


@sanchezbaute

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