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Opinión

  • | 2014/07/17 00:00

    Yo sí leo

    En Caucasia una silenciosa marcha tuvo una importante victoria simbólica que puede traer cambios favorables para la libertad de expresión.

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El esqueleto de lo que debería ser una biblioteca y que se ha convertido en símbolo del despilfarro y corrupción en la ciudad de Caucasia parece ser el pretexto perfecto para que algo cambie en esta región. La historia es la siguiente. A mediados del 2013, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) publicó el informe “Las noticias se extinguen en el Bajo Cauca”. El texto analizaba la situación de la libertad de prensa en esta región antioqueña y su conclusión era demoledora: Los años de violencia contra los medios de comunicación los obligaron a callar y de paso condenaron a sus más de 400.000 habitantes a un rotundo silencio informativo.

El documento recogía testimonios de decenas de periodistas narrando las dificultades que deben enfrentar en su día a día. "Podemos registrar los acontecimientos, pero no podemos hacer periodismo de investigación”. “Sencillamente no se puede escribir sobre alianzas entre las autoridades locales y las Bacrim", relataba otra voz. "Sabemos que hay temas que valen la pena mirar pero mejor lo dejamos ahí". "Me gustaría informar cuando el alcalde no está haciendo bien las cosas. Pero es peligroso". “Yo estaba investigando sobre la biblioteca cuando recibí llamadas que me “aconsejaban” dejar de hacerlo”. 

Además, el informe menciona algunas de las obras que son monumentos de la corrupción, como los cimentos de una biblioteca en la que se han invertido 2.000 millones de pesos (un millón de dólares) y que se encontraba completamente abandonada. El alcalde de la ciudad, José Nadín Arabia, aseguraba que recompondría la construcción pero que ya no se tratará de una biblioteca porque, a su juicio, “los muchachos ya no leen”.

Esa frase pronunciada por el alcalde indignó a decenas de estudiantes de la Universidad de Antioquia quienes días después marcharon hacia el despacho de Nadín Arabia. Los jóvenes tenían un corto pero poderoso grito: “Yo sí leo”. Consiguieron su objetivo. El alcalde cambió su discurso e inició el proceso de retomar ese "elefante blanco" y prometió que la ciudad tendrá una 'súper' biblioteca. Será un proceso dispendioso pero ya empezaron las valoraciones de arquitectos y curadurías. Además, el alcalde inició una importante remodelación en la Casa de la Cultura.

Una victoria sin duda importante que además sirvió para visibilizar y poner sobre la mesa las dificultades que tienen los periodistas a lo largo de las cuencas de los ríos Cauca y Nechí. En los últimos meses los acaldes de los seis municipios que conforman la subregión del Bajo Cauca han mantenido encuentros subregionales donde se aborda el tema de la prensa y han enviado mensajes de apoyo y respeto a los periodistas. 

Aunque estos actos son percibidos por los comunicadores como institucionales e insuficiente, coinciden en señalar que hay señales de cambio en la actitud de los funcionarios públicos y actualmente no existen autoridades que veten a los periodistas de entrar a las instituciones, tal y como ocurría en años anteriores o que mantengan una actitud agresiva contra la prensa. 

En lo que va del año la FLIP ha registrado tres ataques frente a los 12 que se presentaron durante el 2013, la mayoría de ellas en el marco de las protestas sociales de julio y agosto. 

Sin embargo, y más allá de la disminución de las cifras, los periodistas del Bajo Cauca coinciden en señalar que hay un problema más estructural y que está relacionado con la falta de formación y de espacios para transmitir. En el caso de los canales locales de televisión se percibe que no aprovechan de la mejor manera los recursos que tienen y que son escasas las transmisiones especiales de eventos de la región o programas con contenido periodístico. 

En los otros municipios que conforman el Bajo Cauca la situación es todavía más preocupante: En el municipio de Nechí solo existen las redes sociales como canales de comunicación, en Zaragoza únicamente hay un periodista con trayectoria, Cáceres no cuenta con emisora ni periódico local y solo existe un colectivo de jóvenes encargados de recoger los principales hechos noticiosos y de transmitirlos, en el Bagre hay tres emisoras: del Ejército, una comercial y una comunitaria, y finalmente en Tarazá solo existe una emisora comunitaria. 

La marcha de “Yo sí leo” fue un mensaje importante para las autoridades pero también para la prensa que se ha ido acostumbrando a reemplazar la investigación y el periodismo por música y reyes vallenatos. 

*Periodista de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).
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