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Opinión

  • | 2012/08/21 00:00

    Medios terroristas

    El presidente busca desviar la atención del país desde la discusión sobre la eficiencia de sus políticas antiterroristas hacia un debate sobre por qué hay terrorismo.

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El presidente Juan Manuel Santos anunció hace poco que los medios de comunicación alimentan al terrorismo, un argumento que de pronto sorprenderá a muchos ciudadanos del país pero que en realidad, es bien viejo. La idea de que “si no existieran los medios, no existiera el terrorismo” es parcialmente cierta, pero lo que el presidente busca con estos comentarios es desviar la atención del país desde la discusión sobre la eficiencia de sus políticas contra el terrorismo, hacia un debate sobre por qué hay tanto terrorismo que no incluya el tema de su gobierno.
 
Frecuentemente se dice que el objetivo más importante para los actores que llevan a cabo acciones terroristas es atemorizar a la población civil, pero aunque eso es cierto, no es lo único ni lo más importante. Estos actores, y sus acciones, tienen un fin político y buscan cambiar la manera de cómo viven las personas, así ,ejerciéndoles un control, incluso desde una distancia larga. La posibilidad de que haya un atentado en cualquier momento es una de las metas y herramientas esenciales para el terrorismo. Entonces, ¿cuál es el papel de los medios en “alimentar” el terrorismo?
 
El presidente tiene razón cuando dice que los medios cubren los actos terroristas con una frecuencia casi completa, porque eso hace parte de su trabajo. Al mostrar noticias de atentados por parte de grupos “terroristas” frecuentemente los medios pueden facilitar la creación de una situación de temor generalizado sobre un ataque en cualquier lugar y en cualquier momento. Pero al reportar sobre atentados terroristas los medios cumplen una función más importante: informar a la ciudadanía sobre éstos para que se entere, lo cual es esencial por dos razones. En primer lugar, una ciudadanía informada es uno de los aspectos más necesarios para una democracia fuerte, y segundo, hacer respetar el derecho de los ciudadanos de saber lo que está pasando en su país.
 
Cualquier ciudadano (e incluso extranjero…digo yo) tiene derecho a saber qué está pasando en el país, en su pueblo, en su barrio, no sólo por la importancia del conocimiento para la participación de todos en las decisiones que nos afectan – es decir, la democracia – sino por su propia seguridad. Si uno planea un viaje a Popayán, por ejemplo, tiene que saber cuándo y cuántas veces las FARC han atentado contra la carretera Panamericana. Ir sin tener una imagen clara de la realidad de esa zona significa que el ciudadano está entrando en situación de riesgo en la que de pronto no se metería si supiera la verdad completa. Ese derecho de estar informado es más importante que cualquier posibilidad de que los medios “alimenten” el terrorismo a través de su cubrimiento del conflicto armado.
 
Ésa es la razón por la que el Estado tiene la tarea de combatir al terrorismo. Si el Estado no cumple esta función de manera adecuada, no tiene por qué culpar a los medios, aunque éstos pueden incluso disminuir el número de víctimas de terrorismo al informar al público.
 
El Estado entonces tiene dos opciones. La primera es diseñar una política de seguridad más eficaz no sólo en el corto plazo sino también en el medio y largo plazo. La otra opción es no dejarse presionar por lo que sale en los medios de comunicación, lo cual es bastante riesgoso porque se expone a enfrentarse a una ciudadanía informada. Con una política más eficaz contra el terrorismo, el Estado no tendrá que enfrentarse con una ciudadanía más informada, porque ésta estará de su lado, apoyando al Estado, siempre y cuando la lucha antiterrorista funcione y respete los derechos humanos.
 
Lo que está haciendo el presidente es una estrategia vieja, para distraer la situación que muchos están leyendo como causa de una política que no contempla al terrorismo, o al conflicto armado o al crimen organizado de manera correcta, eficiente y adecuada. Pero argumentar que “si no existieran los medios de comunicación, no existieran el terrorismo” no es sólo un argumento erróneo – se sabe que el terrorismo es una estrategia militar debatida y escogida entre sus organizadores y que existen otros factores que explican la capacidad de grupos de llevar a cabo atentados de este estilo, como las dinámicas territoriales del conflicto, los fines del grupo “terrorista”, la capacidad del grupo de reclutar, entre otros – sino incluso va en contra de otras declaraciones de altos funcionarios de este gobierno.
 
Si los atentados “terroristas” y terroristas de las FARC por ejemplo muestran que están debilitados por las políticas de seguridad, el presidente en un sentido pragmático no tiene por qué preocuparse por las noticias de atentados en los medios de comunicación. De hecho, según este argumento, estas noticias fortalecerían la imagen acorralada de las FARC que el gobierno quiere promover.
 
Entonces, hago la pregunta: ¿Los actos de violencia de los grupos armados muestran su debilidad, o justo el contrario, una fuerte capacidad de realizar actos violentos? Si es la primera opción, el presidente debe salir a justificar su política en los medios, y no atacarlos. Si es la segunda, culpar a los medios de la respuesta equivocada, porque si existiera una política eficaz y adecuada, no existiera el terrorismo.
 
*Kyle Johnson es politólogo de la University of Connecticut, Magister en Ciencia Política de la Universidad de los Andes e investigador de la Corporación Nuevo Arco Iris.
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