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Opinión

  • | 2010/08/24 00:00

    Melchor de Jovellanos, el despojo de tierras y el desarrollo rural

    Revertir el despojo de tierras parte de querer hacerlo, o sea de tener voluntad política. Y hay que creerle a este gobierno cuando le dice al país y al mundo que lo va hacer. Ahora bien, ¿con cuáles instrumentos?

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El recién posesionado ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, compareció ante la plenaria del Congreso, por citación del parlamentario Iván Cepeda. Allí expuso las políticas de este gobierno para enfrentar dos graves problemas: el despojo de tierras que sufrieron cuatro millones de colombianos, y la tremenda desigualdad en el campo, por lo mal repartida que está la tierra.

Sobre el despojo de tierras el ministro Restrepo dijo que esos hechos criminales a sangre y fuego son una afrenta para Colombia, y que su gobierno tiene toda la decisión y la voluntad política de revertirlo. Indicó que es una tarea monumental, pero que la van a emprender, porque lo realizado hasta el momento “es menos que ridículo”: de las dos a cinco millones de hectáreas arrebatadas a sus legítimos dueños, en los últimos ocho años solo han sido restituidas 17 mil hectáreas, y compradas por el Incoder 43 mil, para otorgar a población desplazada. Lo anterior suma 60 mil hectáreas recuperadas o asignadas, algo que frente a la más baja de las estimaciones –la de dos millones de hectáreas arrebatadas- bien merece la calificación de ridícula.

Revertir el despojo de tierras parte de querer hacerlo, o sea de tener voluntad política. Y hay que creerle a este gobierno cuando le dice al país y al mundo que lo va hacer. Ahora bien, ¿con cuáles instrumentos? Juan Camilo Restrepo habló de una Ley de restitución de tierras, de trámite en esta legislatura, donde se invierta la carga de la prueba, pues los poseedores deberán demostrar la legalidad de sus propiedades. Frente al complejo entramado de testaferratos y legalizaciones en notarias, u obtención de títulos de propiedad sobornando a funcionarios corruptos (“plata o plomo”) el ministro dijo que se hará un gran esfuerzo en la reconstrucción histórica de los catastros, recurriendo a métodos que permitan conocer quiénes eran los legítimos propietarios, sin títulos pero si con plenos derechos. De igual modo, se requiere de una jurisdicción agraria con funcionarios probos y bien formados, para asumir semejante reto.

Frente al tema de las disputas legales que han hecho tan lenta la entrega de tierras confiscadas a supuestos narcotraficantes, el ministro de Agricultura presentó una formula de lujo, el estado: agilizar la entrega de tierras y colocar un titulo valor respaldado por el Estado, de modo que si se falla en contra de la acción estatal, este responderá por los costos del predio y a quienes hayan recibido la tierra se les tratará según criterios de necesidad e idoneidad. Esto indicaría que sí es posible encontrar fórmulas para devolverles terrenos quitados a la fuerza, cuando hay voluntad para hacerlo.

Frente al tema del desarrollo rural, Restrepo presentó un panorama preocupante, en la medida en que se está desaprovechando hasta el límite de lo inadmisible nuestro potencial de tierras: de las 54 millones de hectáreas más productivas, cerca de 40 millones están en la ganadería, un poco menos de cinco en agricultura, y menos de medio millón en maderas. La propuesta del gobierno Santos es que el actual hato de ganado, que no llega a 30 millones de hectáreas –lo cual significa que no hay siquiera una vaca por hectárea de pasto- se pueda desarrollar mediante mejoras en tecnología y organización del gremio, en 20 millones de hectáreas. De otro lado, que subamos la producción agrícola en otras veinte millones de hectáreas y que ocupemos 14 millones de éstas en bosques maderables, puede darle un empuje importante a la economía, hacia el objetivo de tener un campo más justo, reduciendo la escandalosa cifra de 65 por ciento de la población rural en situación de pobreza, frente a un 45 por ciento urbano.

El Minagricultura lo dijo con todas las letras: este gobierno esta dispuesto a afrontar un reto enorme e histórico, que “va a pisar callos”. Parece pues que actuará con la firmeza y decisión, y que no se va a echar para atrás ante quienes en los últimos ochenta años se han opuesto a una reforma agraria, que es una de las raíces de esta larga violencia política, paridora por un lado de guerrillas y por otro de grupos paramilitares, y en medio de la baraúnda salvaje el despojo de tierras. Incluso el ministro afirmó –para no dejar duda sobre sus propósitos- que en Colombia se va a superar la ignominiosa situación denunciada por el asturiano Melchor de Jovellanos, economista de la España de finales del siglo XVIII, según la cual era una ignominia saber de “hombres sin tierra y tierra sin hombres”. Ignominia que -¿quién puede dudarlo?- sigue presente en la Colombia del siglo XXI.

Las palabras del ministro Juan Camilo Restrepo suenan muy bien, al punto que algunos afirman que es “música para sus oídos”. Pero está por verse si un Congreso en el que está representado el latifundismo ganadero apoya estas reformas, o si habrá sujetos políticos y sociales que se hagan partícipes de revertir el despojo campesino y adelantar un desarrollo rural incluyente.

Sea como fuere, el cumplimiento de estos dos propósitos podría acercarnos decididamente a la paz.

*Coordinador del Programa de Política Pública de Paz de la Corporación Nuevo Arco Iris.lcelis@nuevoarcoiris.org.co
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