Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2009/02/28 00:00

Memoria de cuando trabajaba chuzando teléfonos

La única manera de cuadrarse era que nos ordenaran chuzar a la doctora Martha Lucía Ramírez, porque siempre acababan pagando horas extras.

Memoria de cuando trabajaba chuzando teléfonos

Terminé trabajando en el DAS porque, al igual que José Obdulio, me gustan los trabajos que tienen que ver con la inteligencia. Fue la primera vez que trabajé en lo que literalmente se conoce como un chuzo.

Es fácil denigrar de un detective que pincha llamadas, pero ¿alguien se ha puesto en nuestro lugar? ¿Alguien sabe lo aburrido que puede llegar a ser espiar al mismo José Obdulio, por ejemplo, que se cree filósofo, pero habla como si fuera el mayordomo de El Ubérrimo?

No era un oficio grato. Nos podía dar órdenes cualquier secretario de Palacio, y encima el sueldo era malo. La única manera de cuadrarse algo de plata era que nos ordenaran chuzar a la doctora Martha Lucía Ramírez, porque en ese caso siempre acababan pagando horas extras.

Enfrenté grandes retos. Recuerdo cuando me asignaron una llamada entre el gobernador Navarro Wolff y el senador Cristo: tuve que asesorarme de un fonoaudiólogo para entender lo que decían. O cuando me dieron la orden de interceptar al alcalde Moreno y a su hermano Iván. Como el alcalde solía llamar desde la avenida Circunvalar, la comunicación estaba salpicada de interferencias y era necesario interpretar los retazos de las frases rotas que llegaban: "… nda a decir mi mamá… hay que nombrarlo en … o darle un… ntratos …nos dan el 10 por cient…".

Alguna vez me ordenaron grabar a una mujer bajita, atractiva, voluptuosa, que cantaba rancheras. Pinché a Marbelle, pero mi superior se refería a Vicky Dávila. Por el error me sometieron al peor castigo de todos, que consistía en chuzar las llamadas entre el Procurador y Fernando Londoño: unas llamadas tenebrosas que se grababan desde un sótano sórdido y oscuro, adecuado para soportarlas.

Claro que también había premios, como chuzar al Fiscal, que sólo llamaba a la línea síquica de Armando Martí; o que a uno le asignaran grabar a los de la Comisión de Televisión. Era como una línea caliente. Siempre hablaban de sexo y favores de una manera excitante.

También intervine la llamada que el presidente Uribe le hizo a Barack Obama para felicitarlo por su elección. Fue collect, lo cual me pareció poco elegante. Uribe le dijo a Obama "I am charged of tiger", y Obama colgó sin entender nada.

Todo marchaba bien hasta que perdí el rotulador con el que marcaba los casetes que iba grabando. No tuve más remedio que oír cada cinta y deducir quién hablaba. Puse el primero y tomé nota:

-Piloto…

-¿Dígame, ministro?

-Hágame el favor y suspende los sobrevuelos porque nos agarraron, y más bien se va para la finca y me recoge a los niños.

-Sí, señor ministro: ¿y qué hago con los petos de la Cruz Roja que tenemos acá?

-Déjelos en la finca hasta nueva orden. Me sirven por si armamos un partido de solteros contra casados en el próximo asado.

Nunca pude saber quién hablaba. Lo dejé a un lado y pasé al siguiente. Con voz prepotente, alguien comentaba:

-… Y se me embarraron todos los botines.

-¿Los que compraste en Sale?

-No estaban en Sale: eran de Giorgo Sale.

-¿Y están muy sucios?

-Sí, pero tengo buenos amigos expertos en lavado que me pueden ayudar.

Tampoco adiviné quién era. Con la siguiente cinta tampoco tuve suerte, porque mi inglés es muy precario y hablaban casi todo el tiempo en inglés:

-Maric, Dani, ¡muy vasto!; ¡eran puros twenties! ¡Y me los dio una vieja que era una hembra, maric!

-Huy, uón: ¿dónde los metemos ahora? Si nos pillan son a lot of years in jail!

-How do you say 'caleta' in english?

Desesperado por el tonito con que hablaban esos hijos de papi, puse un casete de funda azul:

-¿Y cuándo te piensas lanzar?

-No sé. Pero... (Bostezo) Pero... Yo creo… que sería zzzz… Zzzz…

-¿Aló? ¿Carlos?

-Zzzzz.

-¿Carlos? ¡¿Carlos?!

-Zzzzz.

Llegué después a una cinta que estaba archivada, y que al parecer provenía del Palacio de Nariño. Se oía la voz de alguien mientras marcaba:

-No, Fabiola: dígale a Lina que no me gusta el cine; no voy desde hace más de 20 años. ¿Cómo se llama la película? ¿La vida de los qué? ¿Y la va a poner acá mismo? Dígale que en el garaje no, que lo tiene apartado César Mauricio para Job… Más bien hágame la llamada ya. ¿Dónde se pone play? ¿Acá? ¿Está grabando? ¡Hágale pues! ¡Llame, llame!

-¿Aló?

-¿Aló, mechuda?

-¿Sí?

-¡Ojalá me estén grabando!¿Usted me está haciendo corrupción? ¡Le voy a dar en la cara, marica!

Tampoco supe quién hablaba. Por culpa de ese reguero de casetes sin nombre me botaron, pero no me quejo: esta semana conseguí trabajo en la Policía. Y allá parece que se trabaja el doble.

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