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Opinión

  • | 2011/05/19 00:00

    Menos droga, más guerra

    La cantidad de hectáreas sembradas con coca y la producción anual de cocaína han venido disminuyendo en los últimos 3 años según las Naciones Unidas.

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La cantidad de hectáreas sembradas con coca y la producción anual de cocaína han venido disminuyendo en los últimos 3 años según las Naciones Unidas. Pero al mismo tiempo el conflicto armado ha estado cada vez más intenso de acuerdo con casi todos los indicadores en ese mismo periodo. Parece que decir que entre más narcotráfico, más conflicto, ya no es tan cierto como se había pensado.

El conflicto con las FARC se ha venido intensificando desde el 2009, año después de que Alfonso Cano tomó el liderazgo de este grupo guerrillero. El uso de minas antipersonales y de francotiradores explica sólo una parte de esa intensificación. En términos de combates y de combatientes de la Fuerza Pública, heridos y muertos, también ha habido incrementos notables en los últimos tres años. Todo eso mientras la magnitud del narcotráfico, la fuente financiera principal de las FARC, ha ido disminuyendo.

Los neo-paramilitares por su parte han crecido impresionantemente en los últimos tres años. Si las cifras del gobierno sobre las capturas y desmovilizaciones de estos grupos son correctas, lo que muestran es que estos grupos tienen una capacidad increíble de reclutar a nuevas tropas. Adicionalmente, el uso de la violencia por ellos en ciertas zonas ha llevado a que haya incrementos notables en la tasa de homicidios y desplazamiento forzado. Más preocupante aún es que el control territorial de ellos es cada vez más grande, consolidado y disperso. Si estos grupos dependieran necesariamente de la plata del narcotráfico, sería de esperar que su presencia territorial y capacidad de accionar fueran decreciendo últimamente, no creciendo.

Esos hechos nos llevan preguntar qué está pasando actualmente. Es bien probable que los grupos armados no dependan tanto de los recursos como frecuentemente se ha argumentado durante los últimos 10 años. Y es totalmente cierto que los grupos armados ahora tienen otras, y a veces nuevas, fuentes de finanzas, como lo son las minas de oro y la seguridad para ciertas multinacionales. Fuentes que son peligrosamente ignoradas si sólo se hace énfasis en las drogas.

Esta situación no debería sorprender pues las otras maneras de conseguir finanzas de los grupos armados ilegales no son en su totalidad nuevas. El narcotráfico tampoco ha sido único en el mundo de los negocios que proveen plata a la guerrilla y a los (neo)paramilitares. Que el libro La economía de los paramilitares de la Corporación Nuevo Arco Iris no incluya un capítulo sobre el narcotráfico es una muestra de la diversidad de las fuentes financieras de los grupos paramilitares.

Finalmente el hecho de que el papel del narcotráfico en alimentar el conflicto armado durante por lo menos los últimos tres años ha ido directamente en contra de lo esperado, debería llevar al país a repensar la relación narcotráfico-conflicto armado y a la vez a empezar a entender mejor las demás fuentes de dinero para los grupos armados ilegales. De no hacerlo correrá el riesgo de perpetuar el conflicto al proponer soluciones incompletas y equivocadas.

*Kyle Johnson es politólogo, pasante en la Corporación Nuevo Arco Iris y estudiante de maestría en ciencia política de la Universidad de los Andes. kyleencolombia@gmail.com
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