Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Mentiras con megáfono

La mentira exagerada acaba pagándola, en el mejor de los casos, el propio gobernante mentiroso. Pero también el engañado: toda la sociedad

Mentiras con megáfono

Decía aquí hace quince días que, entre tantos y tantos grupos narcopoliticomilitares como actúan en Colombia, no se sabía exactamente quién había organizado el atentado fallido contra el senador Germán Vargas. Pero veo que el que no lo sabía exactamente era yo. Y en cambio sí lo sabía el presidente Álvaro Uribe, que de inmediato salió a las calles a bramarlo por megáfono: eran "¡esos bandidos!". O sea, los guerrilleros de las Farc. Así lo confirmó de inmediato el (todavía entonces) director del DAS, Jorge Noguera. Y así lo reiteró el (todavía hoy) ministro del Interior y de Justicia, Sabas Pretelt, diciendo: -Los terroristas acuden a este tipo de acciones. El presidente Uribe prometió además, por su megáfono, una recompensa de 500 millones de pesos a quien diera información que ayudara a capturar a "esos bandidos". Yo no le paré bolas, no porque no me hagan falta los 500 millones sino porque no les tengo mucha fe a las promesas de los presidentes. Hace once años me gané una recompensa ofrecida por el entonces presidente Ernesto Samper para quien diera pistas sobre los asesinos del senador Manuel Cepeda: dije que los buscaran en los servicios secretos del Ejército y, efectivamente, allá los encontraron años más tarde, cuando les dio por buscarlos. Pero a mí no me pagaron un centavo. Así que para qué. Pero me llama la atención que esta vez tampoco le paró bolas a la afirmación del actual presidente Uribe ni siquiera la propia víctima del atentado, el senador Germán Vargas. El cual, por el contrario, dijo que en su opinión los responsables no eran los bandidos guerrilleros de las Farc, sino los bandidos paramilitares del Congreso. Se indignó el presidente Álvaro Uribe, tan proclive a indignarse antes de tiempo. Los paramilitares no son ningunos bandidos, sino los interlocutores de su Alto Comisionado de Paz. Y en cuanto a los congresistas, todos son uribistas (incluido Germán Vargas). Pero el caso es que el director del DAS tuvo que retirarse, acusado de ser paramilitar, y su segundo también. Y por otra parte, el senador Vargas recordó que el atentado anterior que le habían hecho y le había costado media mano también había sido atribuido por el presidente Uribe a los bandidos de las Farc pero había sido en realidad cometido por un informante de la embajada de los Estados Unidos. Y señaló la prensa, de pasada, que algunos de los atentados sufridos por el propio presidente Uribe y atribuidos en su momento a los bandidos de la guerrilla eran obra del propio DAS encargado de evitarlos. En fin. En fin: yo, repito, no les suelo parar bolas ni a las afirmaciones ni a las negaciones ni a las retractaciones ni a las acusaciones de los presidentes, así las hagan por megáfono. Sé que por lo general no son ciertas. Cuando el senador Vargas sea presidente, si, como pretende, llega a serlo él también, tampoco le creeré nada de lo que diga. Porque así mismo sé -y no se necesita ser ni Maquiavelo ni Sabas Pretelt para saberlo- que la mentira es uno de los instrumentos fundamentales del gobierno. Lo sabía Moisés, lo sabía Hitler. Lo sabía incluso un gobernante con tan cultivada fama de hombre veraz como Abraham Lincoln. Pero no hay que exagerar. No hay que exagerar. La mentira exagerada acaba pagándola, en el mejor de los casos, el propio gobernante mentiroso. Hace año y medio la pagó el presidente del gobierno español José María Aznar cuando ya no le creyeron que los atentados de Madrid eran cosa de la ETA vasca, como a él le hubiera convenido. En estos días está empezando a pagarla en los Estados Unidos el presidente George Bush, a medida que se descubre que todos sus asesores mintieron para justificar la guerra de Irak. Pero además sucede que en todos los casos la mentira la acaba pagando no sólo el mentiroso, sino también el engañado: toda la sociedad. Los españoles o los norteamericanos en los casos que acabo de mencionar, o la totalidad de los colombianos en el nuestro: porque lo propio de la mentira, aunque esto que digo parezca una perogrullada tonta, es que nos deja sin saber la verdad. No es sólo que nos ofrezca un presunto falso asesino del senador Germán Vargas. Sino que además nos impide conocer al verdadero asesino del senador Germán Vargas. Si esto les parece a mis lectores una tontería, pregúntenselo a él.

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