Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2011/01/29 00:00

    Mi amigo Júnior Turbay

    Sí, señor: para quienes creían que en Colombia todo estaba perdido, ahí está ese dato: Júnior tomó clases de etiqueta con Magda Egas.

COMPARTIR

Pocas cosas hay tan fáciles en Colombia como acabar con la honra de un ser humano, o, incluso, de Júnior Turbay. Yo mismo he dicho de todo sobre él y alguna vez me animé a hacer hondos paralelos entre la vida suya y la de un cerdo ibérico, toda vez que los dos gustan en exceso de comer bellotas. Esto es, mujeres muy bellas. Bien: me retracto. Ha llegado el momento de respetarlo como la persona que es. Como la persona que es y el animal de granja que puede llegar a ser. Retiro lo dicho. Júnior no se alimenta de bellotas. Tampoco es que fueran tan bellas las mujeres que lo rodeaban. Y a partir de esta columna me declaro amigo suyo y defensor de sus intereses.
 
Sí: según denunció Caracol Radio, mientras fue Contralor gastó más de 59.000 millones de pesos en contratos absurdos. Y sí: con dineros públicos compró para su cargo una camioneta Mercedes-Benz que adecuó para su gusto personal: le puso mesa redonda, silletería de cuero, Home Theater y bidé de buen chorro, todo lo cual costó al erario casi 400 millones de pesos, dinero con el cual se podían financiar dos escuelas, cuatro puentes o un desayuno de Angelino.
 
Y sí: pocos le perdonarán que haya viajado con plata de los impuestos a Indonesia, a la China, al Japón, porque acá satanizamos al funcionario que sale del país, cuando cualquiera sabe que recorrer el mundo es el primer paso para salir de la ignorancia. Miren a Plinio, por ejemplo, que esta semana hizo eco de una comparación según la cual la cárcel de los parapolíticos es parecida al centro de Auschwitz. Todos los días se aprende algo: yo no sabía que en Auschwitz también tenían agua caliente, celulares, visitas y DirecTV.
 
Sé que no le perdonarán nada de eso a Júnior, digo, pero déjenme reivindicar, al menos, un gasto que merece toda nuestra gratitud: se trata de un contrato por 27 millones que suscribió con Magda Egas para que le diera clases de etiqueta.
 
Sí, señor: para quienes creían que en Colombia todo estaba perdido, ahí está ese dato: Júnior tomó clases de etiqueta con Magda Egas.
 
¿Por qué con Magda Egas y no con otra presentadora? ¿Por qué con Magda Egas y no con la Negra Candela, por ejemplo? Porque Júnior es un tipo considerado. Si hubiera contratado a las Amparos, por decir algo, nos habría costado el doble.
 
Al fin siento que mis impuestos sirven para satisfacer problemas reales. Financiar clases de etiqueta para Júnior es como pagar clases de dicción para William Vélez: algo que uno hace con gusto.
 
Imagino a Magda Egas dictándole clases de etiqueta a Júnior Turbay y veo, al fin, a un servidor público que quiere salir adelante. ¿Cómo serían esas clases?

—No, Júnior, no agarres las pechugas con la mano. Y menos esas, que son las mías: ¡suéltame, suéltame!

—No, Júnior: no se dice CVY: se dice joint venture.

—No, Júnior: hay que cortar tajadas prudentes, y no te quedes siempre con el pedazo más grande. Aprende del exsenador Olano.

Cualquier funcionario mediocre no piensa en superarse. Bien podía Júnior Turbay seguir sorbiendo, seguir chasqueando; seguir limpiándose la boca con las mangas de la camisa. Pero, obsesivo por pulirse, el excontralor pagó clases para seguir a la letra el Manual de Carreño. De Juan Andrés Carreño, el excomisionista de Televisión, con quien comparte tantas maneras.

Lo único reprochable que hizo Júnior, a mi juicio, fue no haber invitado a las clases a otros funcionarios. ¿Cómo no tiene la cortesía, por ejemplo, de becar a Angelino? ¡Cómo le habrían sentado de bien a Angelino esas lecciones justo antes de irse de gira por Estados Unidos, donde hizo una gran labor! El gobierno lo mandó con un intérprete que traducía lo que el Vicepresidente decía tanto al inglés como al español. Pero Angelino, hombre de gran tesón, aprendió a pedir el desayuno sin ayuda:

—Can you give me some cheese of head for my breakfast?

También me duele que Júnior no haya invitado a tomar ese curso al doctor César Gaviria, que es adorado pero -no lo neguemos- habla con la boca llena y en cada sílaba escupe pedacitos de carne. Lo cual no es un juicio moral ni mucho menos, sino un pequeño comentario al margen. A veces escupe dientes. Por eso he decidido no almorzar con él, a menos que me ponga, como la última vez, un casco de soldador.

Como sea, mi único deseo es que este escándalo no interrumpa la bonita costumbre nacional de sostener a los Turbay con dineros públicos. Julio César aún tiene mucho para dar, y en varias disciplinas. Yo taparía el hueco fiscal sentándolo a él encima, por ejemplo. Es el único que podría. Una vez, en unas vacaciones a San Andrés que hizo con su papá, tapó el hoyo soplador: ¿o fue al revés, fue el hoyo soplador el que tapó su ídem? También lo nombraría director técnico de la Selección Colombia, porque nadie es capaz de manejar tantas nóminas como él. O lo apoyaría para la Gobernación de Cundinamarca, siempre y cuando se comprometa a tomar el segundo módulo del curso de protocolo, esta vez bajo la tutoría de Jairo Alonso.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.