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Opinión

  • | 2012/10/13 00:00

    Mi dictamen sobre Angelino

    Está tan enfermo que ya puede ser presidente; está tan disminuido, y es tan egoísta, que ya nos puede gobernar.

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Cuando Angelino apareció en televisión enfundado en la sudadera de la Selección Colombia, di por hecho que el profesor Pékerman lo había convocado para las eliminatorias al Mundial. Puede pasar. Desde que el actor Naren Daryanani perdió un testículo en un cotejo futbolístico, Colombia es tierra fértil para todo tipo de noticias deportivas insólitas, incluyendo que Angelino juegue en la Selección. Y más ahora, cuando sus propios médicos dicen que se encuentra "divinamente" y el mismo vicepresidente ha demostrado que es un jugador versátil, capaz de jugar por la derecha o por la izquierda siempre y cuando le permitan subir y lo dejen hacer combinaciones con quienes se roban marcas, como sus socios de la política valluna. Por mal que le vaya, pensé, puede jugar sin pelota, como solía hacerlo el delantero Víctor Hugo Aristizábal, a quien Francisco Maturana siempre justificaba de esa manera: "Aristizábal es el mejor jugador del mundo sin pelota", afirmaba, sin que uno pudiera saber si se trataba de un elogio o de una crítica.

El hecho es que cuando vi a Angelino vestido con la sudadera tricolor, pensé que había llegado el momento de pararlo. Se nos va a subir en la Selección y con la Selección nadie se mete, me dije. Que se meta con la hinchada, si quiere. Entendiendo, claro, que 'la Hinchada' es una forma de referirse al presidente Santos.

Llamé entonces a Roy Barreras y le ofrecí mi apoyo para que forzáramos al vicepresidente a un examen médico: sabía que, desde hace un tiempo, Roy se derrite por hacerle exámenes de próstata a sus rivales políticos, y chequear a Angelino es su sueño más reciente: compró guante de billarista y todo.

Lo entiendo: la verdad es que al vicepresidente le ha faltado transparencia en el manejo de su enfermedad. A él y a todos: esta es la hora en que Petro no se ha quitado la cachucha para que le podamos ver el chichón y Simón Gaviria no nos ha mostrado si ya le salieron las cordales: debería abrir la boca. O al menos cerrarla.

Antiguos mandatarios daban tanta importancia a su salud que se practicaban el autoexamen de próstata constantemente. Pero los de hoy son unos irresponsables, y encima de todo esconden los resultados: el único que ha mostrado un comportamiento ejemplar es 'la Hinchada', que reveló detalles no solo de su próstata, sino también de la de su hermano, cosa que él le agradeció mucho. Su manejo ha sido tan diáfano que en Palacio desalojaron a Edward Niño de la urna de cristal para exhibir en ella la glándula extirpada. Y eso es ejemplo, señores; eso es dignidad. Después de la intervención, el presidente salió caminando por sus propios medios en un gesto reservado a los verdaderos próceres de la patria. Parecía que tuviera pañal, es cierto: no lo vamos a negar ahora. Pero era por la famosa anestesia regional a la que tuvo a bien someterse. Porque tras el triunfo de Chávez, todos necesitamos anestesia regional. Quiera Dios que Uribe apoye al comandante en las próximas elecciones: sería la única manera de atajarlo.

El asunto es que al ver a Angelino convaleciendo en sudadera, tal y como suele hacerlo el mandatario venezolano, supuse que él era ese Chávez colombiano que auguraban algunos columnistas: lo imaginé bañándose en tres minutos y expropiando salsamentarias y famas para su beneficio personal, y no perdí tiempo: llamé a Roy para que nos pusiéramos de acuerdo, y convoqué un comité médico integrado por dos peritos y una perita: los peritos, para someterlo al examen; la perita, por si le daba hambre.

Entramos a saco en la casa vicepresidencial, donde, chupado bajo la prenda deportiva y con el directorio en mano, Angelino llamaba a diversas emisoras para que le permitieran seguir dando declaraciones. Esta vez ofrecía hablar con traductor para facilitar las cosas.

Vicepresidente: no podemos andar con la llanta de repuesto pinchada -le explicó Roy-: déjeme examinarlo.

¿Cuál llanta? -reviró-, si ya no tengo llantas.

En caso de que Santos le dé una palomita, debemos saber que usted se encuentra bien -insitió Roy-.

¿Y acaso qué le pasó a la palomita de Santos? -preguntó-.

Está malita -le explicó Roy-; pero déjeme ver su próstata para saber si la suya puede reemplazar la primera próstata de la Nación.

Pero entiendo que el reemplazo no es por partes, Roy -me metí yo, para explicarle-.

!Y menos con mis partes! -clamó Angelino-.

No importa -insitió-: yo quiero verla.

Pedí a los urólogos que, dado su oficio, le hicieran un examen a vuelo de pájaro. Y concluyeron que Angelino piensa más en su beneficio que en el de las instituciones; que es terco y vanidoso; que puede traicionar a quien sea para continuar en el poder. Mi dictamen, por eso, es que Angelino está tan enfermo que ya puede ser presidente; que está tan disminuido, y es tan egoísta, que ya nos puede gobernar. Dejémoslo en paz. Tampoco se trata de que reemplace a Churchill. Como está, no tiene nada que envidiarle a los altos dignatarios latinoamericanos: ni la enfermedad ni la sudadera. Podría sustituir a Santos e incluso a Víctor Hugo Aristizábal, el mejor jugador sin pelota de todos los tiempos. Aunque a mi juicio el mejor jugador sin pelota es Naren Daryanani.
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