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Opinión

  • | 2009/05/02 00:00

    Mi gripa porcina

    Como me recomiendan no visitar sitios a los que vaya gente, me la paso en manifestaciones de Iván marulanda y otros precandicatos liberales.

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Amanecí sintiéndome mal el lunes y mi mujer se alarmó:

—Hazme el favor y sales corriendo a donde el médico: ¿qué tal que tengas la peste esa que está saltando de país en país por toda Latinoamérica?

—¿Cuál? ¿La de hacerse reelegir? -le pregunté-: Esa sólo les da a los caudillos tropicales de nuestras plataneras: Chávez, Correa, Evo. Uribe. Gente así.

—No, hombre: ¿no viste acaso que el Ministro de Protección declaró situación de desastre en todo el territorio nacional?

—Bueno: con él de ministro, no era para menos…

Me corrigió; me explicó que se trataba de un virus porcino que tuvo origen en México.

Yo sabía que Luis Camilo Osorio iba a hacerse notar en la embajada, aunque reconozco que en un momento tuve la esperanza de que fuera por otra cosa: por una sugerencia tributaria, por ejemplo. No en vano él era un verdadero 'paquete Fiscal'.

El hecho es que entré en pánico y fui al médico.

—¿Se ha sentido atontado o somnoliento? -me preguntó.

—Sí, doctor: pero puede ser porque desde hace un tiempo soy candidato conservador, y eso es natural en nosotros.

—Me refiero a si tiene gripa, o si ha tenido contacto con alguien con influenza -hizo precisión.

—Bueno: hace poco vi de lejos a los hijos de Uribe, que son famosos por el tráfico de influenzas.

Me ordenó sacarme unos exámenes y mientras salía el resultado, me puse nervioso, a pesar de que desde siempre he sido una persona sana. Los achaques de salud que he tenido se pueden contar con los dedos de la mano. Y de la mano de Germán Vargas, porque han sido muy pocos.

A veces he tenido problemas de columna. Sobre todo el día en que debo entregarla. Pero parece que se debe a una herencia familiar porque un tío mío también padecía problemas en la espalda.

El hecho es que la gripa no cedía y entré en una paranoia agobiante: ahora seguramente contraje la peste porcina, pensaba desvelado a la media noche. Quién sabe qué contacto tuve con los cerdos. Y trataba de hacer un recuento de situaciones en las que se me pudo haber pegado.

Recordé, por ejemplo, la vez que saludé de mano al contralor, Junior Turbay. Fue hace un par de años, justo cuando le acababan de trasplantar la válvula aórtica de un cerdo para remendarle el corazón, a punto de reventar aparentemente por la desmedida ingesta de cuero de lechona. Yo admiro mucho a Junior porque al menos no ha escrito poesía, y eso hay que abonárselo. Pero cuando recordé lo de su trasplante, me asaltó todo tipo de dudas: ¿quién me garantiza que le injertaron sólo una válvula, y no el resto de órganos hasta sustituir una cosa por la otra de forma definitiva? Tenía lógica pensarlo y, además, eso explicaría lo que sucede en su administración.

Sin embargo, me acordé de que después de que nos presentaron hice lo que él hace como contralor: salí corriendo y me lavé las manos.

Traté de recordar otros episodios de posible contagio. La vez que saludé a alguien cercano a la doctora Marta Lucía Ramírez, pero de ella no puede salir un brote de gripa porcina sino de gripa aviar. O cuando me rozó Roy Barreras, que últimamente ha hecho tantas marranadas. Aunque de él habría que temer si la peste se hubiera originado en un lagarto, no en un marranito enfermo.

Supuse que, al igual que como sucede con el sida, uno también podía contagiarse si lo chuzaban. Pero como, a pesar de todas las pacientes solicitudes que he pasado, aún no estoy en la lista de chuzados del DAS, lo descarté pronto.

Estaba muy angustiado cuando recogí los exámenes. Para empeorar las cosas, el doctor que me los dio, un médico general de apellido Montoya, me produjo desconfianza porque debajo del delantal de la Cruz Roja se le alcanzaba a ver un kepis militar.

Lo abrí y casi me muero: el resultado dio positivo. Pero el alma me volvió al cuerpo cuando supe que se trataba de uno de los falsos positivos del médico general Montoya, y que gracias a Dios no tengo nada.

Sin embargo, estoy tomando todas las precauciones para no enfermarme. Como recomiendan no visitar sitios a los que vaya gente, me la paso en las manifestaciones políticas de Iván Marulanda y otros precandidatos liberales. Y desde cuando alguien me dijo que era mejor no comer cerdo, temo por la salud del Presidente: como le tocó todo el chicharrón de sus hijos, me preocupa que contraiga el virus. Con el Padre Eterno enfermo, la gripa puede propagarse entre los funcionarios de su administración. Harían los consejos de ministros con tapabocas. Pero con eso se disimularía de alguna manera lo que dice el Canciller, y no se le podría ver la cara a Valencia Cossio. Y las dos cosas serían muy positivas para la imagen del país.
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