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Opinión

  • | 2011/04/02 00:00

    Mi obsesión por Uribe

    Un amigo me hizo ver que era normal seguir pensando en Uribe, ahora que el uribismo cae como un Del Castillo de naipes.

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La primera sospecha de que podía estar obsesionado con Uribe se dio cuando un taxi me cerró y yo bajé la ventana del carro y le lancé un insulto:

-¡Viejo impoluto!

Como sigo a Uribe en Twitter y él se la pasa escribiendo que José Obdulio es un impoluto, que Luis Carlos Restrepo es un impoluto, daba por hecho que impoluto era una palabra de calibre grueso, una grosería: ¡le voy a dar en la cara, impoluto!

Seguir a Uribe en Twitter no es fácil. Hace poco mandó 21 trinos, 21 mensajes de 140 caracteres sobre los principios doctrinales de La U. En ese caso, su profesor de Twitter ha debido comentarle que era mejor no escribir tantos trinos, sino redactar un ensayo. O tomar un teléfono y conversar con un amigo. O ir al psiquiatra.

José Obdulio decía que esos mensajes eran sabiduría pura en píldoras. Pero es porque mi maestro vive obsesionado con las píldoras. En el último taller democrático trató de suicidarse tragándose una pastilla para frenos.

Ser periodista y seguir a Uribe en Twitter es una venganza por los muchos años en que el asunto era al revés: era su gobierno el que seguía a los periodistas. Fue justamente a través de esa red social que su hijo Tomás, el citico, me preguntó por qué vivía obsesionado con su papá. Respondí a tamaña infamia de una manera tajante:

-Otra pregunta, amigo. Otra pregunta.

Pero luego me puse a pensar que podía ser cierto. Salvo que se trate de Uribe, me tiene sin cuidado lo que hagan los demás expresidentes. No me la paso pendiente de que Pastrana aprenda a decir "usted se acuerda" en vez de "usted se recuerda", o de saber cómo son las clases de manualidades que toma Belisario en el Hotel La Fontana. Tampoco me importa el café que montó mi tío Ernesto, que si de verdad sirviera para mejorar la política colombiana contaría con la presencia de Carlos Holguín, el colombiano que más cafeína necesita. Solo me interesa Uribe: sus tesis, sus gustos. Sus malformaciones testiculares.

Entré en crisis. ¿Y si de verdad estoy obsesionado con Uribe, comencé a pensar. Eso explicaría que haya recortado la chaqueta del frac y le haya pedido a mi mujer que no se volviera a maquillar jamás.

"Que no me obsesione por Uribe", le recé al padre Marianito. Después termino parecido a él. Ya veo a mis hijas negociando zonas francas y viajando a Panamá para reunirse con dudosos contratistas. Y ya me veo aficionado a los caballos, yo, que siempre he detestado a quienes practican hípica porque hacen mercado, caminan por la calle y van a misa vestidos con ropa de montar: chicles con parche interno, botas altas de cuero y una fusta que suelen cargar en la mano. ¿Por qué no pasan por la casa y se cambian? ¿Ve uno a un amante del buceo con esnórquel y aletas mirando qué carne comprar en Carulla? ¿Ve uno a Jean-Claude Bessudo, aficionado al teatro, vestido de mujer en una foto de El Tiempo?

Angustiado por mi fijación uribista, quise asistir a donde un psiquiatra. Llamé a Luis Carlos Restrepo, pero se encontraba montando una nueva obra de teatro: una desmovilización gigante que esta vez será en clave de musical y contará con la asesoría de William Vinasco. Si requieren de un personaje femenino, ojalá se acuerden de Jean-Claude.

El nerviosismo se apoderó de mí. Ingerí valeriana, hice ejercicios de yoga, leí a Jorge Robledo Ortiz. Pero todo fue infructuoso. La obsesión por Uribe no se me disipaba, y, al revés, crecía con los escándalos de la semana, que involucraban a varios miembros de su gobierno.

Recordémoslos: La W reveló que Andrés Peñate dijo que José Obdulio lo presionaba diciéndole que el DAS de Jorge Noguera estaba mejor enfocado que el suyo. Quiera dios que esa declaración no le haga tragarse la Hermeseta letal. No se vaya a preocupar, maestro: usted mismo dijo que la historia no la podían escribir los villanos, con lo cual hizo gala de un notable sentido de la autocrítica.

Por su parte, Caracol Radio publicó varias cuentas de los Nule, en las que brillaban dos: una de una tarjeta de crédito con más de mil millones de pesos en gastos, lo cual podría demostrar que almorzaron un par de veces en el restaurante de los Rausch; y otra en la que, según el informe, aparecen giros destinados a Edmundo del Castillo, alias 'el Profe'. Mencionaban también al 'Enano Delinco', que, quiera dios, no sea una referencia al doctor Uribe.

Ya decía yo que era extraño que los únicos caballos que no hubieran pateado al expresidente fueran los del carrusel de contrataciones.

Sufrí en exceso hasta que un amigo me hizo ver que era normal seguir pensando en Uribe a estas alturas de la vida, justo cuando el uribismo comienza a caerse como un Del Castillo de naipes.

De modo que me tranquilicé. Me serví un café y, mientras me lo tomaba sobre un potro, llegué a la conclusión de que no es cierto que esté obsesionado con Uribe. Al comenzar el día, me dije lleno de entusiasmo: me di un chapuzón en un río, me puse unas alpargatas, le dije a un campesino que fuera varón y cité a mi profesor de Twitter para mandar 21 trinos explicando por qué no tengo fijación alguna con el expresidente. No me voy a dejar de esos mafiosos mentirosos redomados que lo sugieren. Deben ser terroristas de Lafar. Francamente, hay mucho impoluto suelto por ahí.
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