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Opinión

  • | 2012/09/01 00:00

    Mi paz os dejo

    El día en que las Farc firmen la paz, el uribismo huirá al monte y se convertirá en la nueva guerrilla.

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Ha sido una semana provechosa: el diario El Tiempo publicó una noticia según la cual los animales tienen conciencia, lo que reivindica a los congresistas colombianos; Óscar, de Protagonistas de Nuestra Tele, trató de cortarse con una cuchilla y consiguió que al menos los médicos lo valoraran: algo es algo. Y el presidente Santos reconoció que hay diálogos exploratorios con la guerrilla, con lo que vuelve a enderezar su mandato: en buen momento el gobierno extiende del todo sus alas, si no como un águila caudal, al menos como una Stay Free capaz de absorber los desmanes de su periodo.

Celebro la noticia. Cuando Santos hablaba de la llave para la paz, yo supuse que era una doble Nelson que quería aplicarle a Timochenko. Finalmente, como lo sabe cualquier uribista, Santos siempre ha sido un enmascarado: es el Santos. Pero me sorprendió gratamente saber que el gobierno está comprometido con la paz, como John Lennon cuando se metió en la cama con Yoko Ono durante una semana entera. El presidente debería hacer algo semejante con Piedad Córdoba. La paz exige ese tipo de sacrificios. Y en este nuevo gabinete Piedad merece que Santos le ofrezca una cartera, o por lo menos una mochila, que quizás sea más de su gusto.

Soy franco: creo en las salidas negociadas. En un mundo alterno, Timochenko podría ser el presidente constitucional y amenazar en cada alocución con que sacará al santismo de su madriguera, esto es, de Mesa de Yeguas. Podríamos girar en esa dinámica para siempre.

Por eso, aplaudo los esfuerzos pacifistas del gobierno y espero que consiga un negociador que logre avances. Lamento que el hombre no haya sido Luchito, el nuevo zar de la movilización ciuadadana: un puesto que se ganó por la envidiable movilidad que dejó ver cuando bailaba el Aserejé con Uribe.

Lástima: habría sido el reemplazo ideal de Frank Pearl. Luchito es un verdadero ministro de ambiente: mama gallo, bebe, pasa rico. Y podría negociar la paz, pese a que el asunto exige ser manejado con sobriedad, y la sobriedad no es lo suyo. Pero haría de cada andén una zona de despeje en la cual desgonzarse, y gozaría en la Habana, que es como el Goce Pagano pero en gigante. Allá, tirado en el malecón, brindaría por la paz. Porque, como él mismo le dijo a un hidrante que abrazó en una madrugada reciente, "la paz es un 'beber' de todos".

El nombramiento de Lucho hizo que Angelino se pusiera celoso. Cuando dijeron que un exsindicalista de apellido Garzón y barriga prominente sonaba como zar de lo social, Angelino mandó a hacer tarjetas profesionales con su nombre. Pero lo blanquearon, pobre: y tampoco suena como negociador, lo que es una buena noticia.

Yo sé que si el interlocutor de la guerrilla es alias El médico, sería provechoso que la comisión negociadora esté integrada por Campo Elías Terán, Petro y Angelino. Y también reconozco que si Santos llegó a la Presidencia no fue gracias a los tamales que repartió la maquinaria uribista, sino a que Angelino arrastró al voto belfo, que en Colombia es el 38 por ciento de la población. Pero el mismo vicepresidente debe reconocer que como negociador sería un fiasco, porque nunca ha estado de acuerdo con el concepto de la 'no repetición': su casto apetito se lo impide.

Por eso, urge conformar una comisión liderada por el Gordo Bautista, que sabe mucho de comisiones, y de la que hagan parte Jorge Enrique Abello, experto en manejar a los actores del conflicto, como Óscar, el malecón de Protagonistas de Nuestra Tele, y Dania Londoño, por si es necesario tragarse algunos sapos. Porque sucederá, no lo duden, y uno de esos sapos podría ser que Timochenko tenga curul y empañe la dignidad de quienes asisten al Capitolio: el comandante sería capaz de exigir gasolina para su camioneta; plagiar leyes; firmar reformas sin haberlas leído, e impedir que le realicen controles de alcoholemia cuando maneje borracho. Pero hay que entenderlo: es un tipo hecho en el monte que carece del brillo de nuestros congresistas actuales.

Ahora bien: el día en que las Farc firmen la paz, el uribismo huirá al monte y se convertirá en la nueva guerrilla. Hoy en día ya operan desde la clandestinidad el bloque Luis Carlos Restrepo y la columna Ernesto Yamhure, que, dicho sea de paso, ha sido su mejor columna. Con ellos debemos negociar de nuevo la paz, tarea para lo que me ofrezco gustoso: montaré con discreción una mesa de diálogo en Panamá para acordar con Uribe, comandante de los Uribeños, las condiciones de su desmovilización.

Le daré todas las condiciones: despejaré una zona de distensión del tamaño del Ubérrimo; suspenderé las órdenes de captura contra Restrepo, María Pilar Hurtado y demás milicianos; otorgaré estatus de presos políticos al general Santoyo, el Pincher Arias y Rito Alejo del Río; reconoceré a Tomás y Jerónimo si no como negociadores, al menos como negociantes; promulgaré una constitución que promueva una sociedad más excluyente, consagrada al Padre Marianito; solo le pondré conejo a la Coneja Hurtado, pero para su goce personal. Y les daré las curules que pidan en el Congreso, a menos de que protesten los otros congresistas: si es verdad que los animales tienen conciencia, es posible que protesten.
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