Miércoles, 1 de octubre de 2014

| 2013/06/22 00:00

Mi peor pesadilla (parte I)

Saludo la resurrección de monseñor Builes y Laureano Gómez, sentados a mi ultraderecha.

Mi peor pesadilla (parte I) Foto: Guillermo Torres

Suenan las notas del nuevo Himno Nacional: Cara al sol. Sobre el atril, el nuevo presidente de Colombia, Alejandro Ordóñez Maldonado, estrena calzonarias y se dirige al país por primera vez. Lo acompaña una mujer rolliza, de palpitante papada, que aprieta contra su traje de novicia a un pequeño indígena. 

Es la madre Laura, fórmula vicepresidencial del doctor Ordóñez, quien, antes de comenzar su alocución, reza un padrenuestro en latín: ese será su saludo de siempre.

Colombianos (y colombianas que, esperamos, estén dedicadas a sus labores de hogar, tales como planchar, lavar y atender al hombre cuando llega cansado del trabajo):

De la mano del Señor, asumo el reto de restaurar la patria de la ruina moral en que la convirtieron los abortistas, ateos y homosexuales que por años gobernaron el país, empezando por el presidente Santos, cobardemente exiliado en La Habana. Desde mañana mismo cumpliré con la promesa de dormir en una de las 100.000 cavernas de interés social que entregará mi gobierno, y de posar al día siguiente en suspensorios leyendo el Diario Católico sobre un bidé, para superar su legrado. Corrijo: su legado.

Atrás quedan los días horrendos en que, como procurador general, me vi obligado a sancionar uno a uno a todos los candidatos presidenciales, al punto de que, por sustracción de materia, tuve que asumir yo mismo la Presidencia. Pude haber contrariado las normas constitucionales, es cierto; pero no la voluntad de Dios, que así lo quiso. Mis enemigos saben que tendrán las garantías de rigor durante su confinamiento en los ‘campos de reflexión’, o de regeneración mental, que inauguramos ayer en la guarnición militar de Usaquén con el arresto del exfiscal Montealegre. Que dios los ayude.

Por el mes en que se ‘gestapó’ mi candidatura, fui víctima de matoneo por parte de esas minorías que no respetan la imposición de mis creencias. Algunos de ellos sugirieron que yo hacía parte de cofradías pronazis, y que incluso negaba el holocausto judío, lo cual es falso de toda falsedad.

Porque, para empezar, ¿de cuál holocausto estamos hablando, si nunca hubo tal? ¿Por qué me estigmatizan como extremista de la ultraderecha católica si los únicos estigmas que existen son los del Redentor? 

No, compatriotas: si me dejé crecer este pequeño bigote sobre el labio no es por imitar a Adolfo Hitler, como claman, desde el destierro, algunos humoristas miserables, sino para parecerme de algún a modo la doctora Ilva Myriam Hoyos, directora del recién creado Ente Regulador de las Actividades Sexuales, que, con la ayuda del antiguo F-2, erradicará el sexo inane o no reproductivo. Que nadie tema, porque solo perseguiremos a los homosexuales que asuman su condición. Quienes la disimulen ora en su oficio de sacerdotes, ora en sus labores dentro del Partido Conservador, no serán molestados ni siquiera por el Padre Rozo, nuevo director de ICBF.

Algunos piensan que mi gobierno perseguirá a los gais, a los judíos, a los negros e, incluso, a los seres humanos. Pero son fantasías, como el mismo Holocausto. Somos blancos, sí: y blancos legítimos, como lo dicta el fuero militar. Pero respetamos a las minorías, al punto de que habrá cuota afro en el gabinete: el fundador de MORENA ocupará el Ministerio de Trabajo, llamado ahora de Trabajos Forzados. Lo saludo: heil.

Saludo también la resurrección de monseñor Builes y Laureano Gómez, sentados a mi ultraderecha, que dejaron la paz del sepulcro para reincorporarse de nuevo a la vida y trabajar en mi gobierno. (Ambos se ponen de pie y estiran el brazo enmohecido a manera de saludo). Serán los rectores máximos del régimen, y trazarán las políticas del doctor Gerlein, alto consejero para las Minorías y el Alcantarillado; de Fernando Londoño, que asumirá el Ministerio de Lapidaciones, antes de Justicia; y de monseñor Rubén Salazar, nuevo superintendente de Notariado y Registro.

Como es natural, gobernaré con aquellos amigos que asistieron a los diversos homenajes que me han ofrendado en este año. Hablo de René Higuita, por ejemplo, el arquero que entre pase y pase, y porro y porro, se fue volviendo ordoñista. Bienvenido, amigo René. Tape desde el gobierno lo que sea menester. O doña Paula Andrea Betancur, reemplazo en la tierra de Amada Rosa Pérez, que, como todos sabemos, hace unos días ascendió al cielo. O Roy Barreras, mi acólito, cuyo reciente libro de poemas místicos, que generosamente tuvo a bien dedicarme, le valieron el cargo de ministro de Cultura. Su responsabilidad será implementar el programa Quema tu propio libro a lo largo y ancho de toda nuestra geografía.

Hermanos míos: juro por esta biblia ante la que tomo posesión que no haré de Colombia un estado confesional. Truenen las salvas, que inicia una nueva era. Tiemblen los corruptos, salvo los del Partido Conservador. Y la bendición del padre descienda sobre todos vosotros. 

Suena Cara al sol. Monseñor Salazar abraza a monseñor Builes. Laureano abraza al presidente. Paula Andrea le pide un autógrafo  a René Higuita. La madre Laura entrega el indio al director del ICBF. 

Abrí los ojos creyendo que nada podía ser peor.

Y cuando desperté, el procurador todavía estaba allí. 

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