Jueves, 23 de octubre de 2014

| 2013/01/26 00:00

Mi pruebita de amor para Petro

Sugiero que el eslogan de la campaña de Pachito a la Alcaldía sea “vote por mí o vuelvo a la radio”.

Foto: Guillermo Torres

El mismo día que Pachito Santos amenazó con lanzarse a la Alcaldía, un furibundo partidario de Petro me acusó en las redes sociales de ser uno de esos periodistas reaccionarios que buscan tumbarlo a como dé lugar. Permítanme ejercer mi derecho a la defensa, y aportar, con esta columna, la prueba de que no solo no detesto al alcalde, sino que, embebido en la política del amor que él mismo pregona, lo amo.


Y lo amo de verdad, al punto de que esta semana, cuando El Espectador denunció que el alcalde envió a Miami a una ingeniera agrónoma, a la postre hermana de su secretario de Gobierno, a inspeccionar los camiones de segunda que el Distrito consiguió, fui el primero en defenderlo. Yo sé que parece uno de esos casos de nepotismo que el mismo Petro habría denunciado cuando era senador; que los críticos de siempre dirán que una ingeniera agrónoma no tiene conocimientos de mecánica para realizar semejante misión. Pero había tal cantidad de helechos y bejucos en los recolectores, que nadie mejor que una agrónoma para revisarlos: en uno de los compactadores, para no ir más lejos, hallaron a Tarzán; ahora lo tienen con un subsidio, porque esta es una Alcaldía muy humana. 


Por eso aplaudí en solitario el ingreso de los camiones a Bogotá, y entendí como una evolución el hecho de que una Alcaldía, que para muchos es de quinta, consiga carros de segunda. Aún hoy cruzo los dedos para que los vehículos lleguen por sus propios medios a un lugar en que puedan ser chatarrizados, porque valoro como nadie la administración de Petro. Cuando montó una pista de patinaje en la plaza de toros, por ejemplo, celebré que existiera un nuevo escenario, distinto del Palacio de Liévano, para que el alcalde siga patinando. Y apoyé su campaña de adopción de zorras porque sé que será provechosa cuando organicemos la próxima cumbre de las Américas.


Pero no quiero ser retórico, como él, y por eso aporto una prueba concreta de mi amor. Es esta: me permito adherir desde ya la aspiración de Pachito Santos a la Alcaldía. Suena contradictorio, yo sé; pero es la única forma de demostrar que Petro no es lo peor que le pudo pasar a Bogotá.


Cuando leí que Pacho se pensaba lanzar a la Alcaldía, pensé que hablaban de la mascota de Fernando Londoño: recordé un antiguo reportaje en que el exministro presentaba en sociedad a su fiel amigo. Salía una foto a todo color del perro de Londoño. Y al lado un labrador. Y decía que ese era Pacho, su perro. “Debe ser ese mismo el que se está lanzando –razoné–: en el urbismo no pueden ser tan irresponsables de poner al Pacho chiquito:  al perro no lo capan dos veces.” Parecía una jugada maestra: Pacho podría acabar con las aspiraciones de Bacatá, la perrita progresista, y reivindicar, de paso, al Pincher Arias, cuya inhabilidad vence en el 2030. 2030 en años humanos, 2014 en años perrunos. Es decir: ya casi. 


Pero luego supe que quien se lanzaba era Pacho el irracional, el que se asea con la lengua. El exvicepresidente, mejor dicho. Y entonces me invadió la ternura: me enterneció que se tuviera tanta fe.


Sé que el uribismo planea retomar el poder a través de una lista al congreso que, en palabras del mismo Pacho, podría lograr 35 por ciento de las curules: es decir, sostener aquel tercio del que hablaba Mancuso. La gran duda es saber quiénes la integrarán: ¿Santoyo? ¿Yamhure? ¿María del Pilar Hurtado? ¿Luis Carlos Restrepo? ¿Hay algún líder uribista que esté libre, que al menos no se esté escondiendo? ¿Por qué no imprimen el cartel de “Se busca” de la Interpol como afiche de campaña, para ahorrar costos? ¿Darán la orden de votar antes de que los metan presos, como suele pedir el jefe máximo? 


El hecho es que Pachito decidió desmarcarse de esa lista y lanzarse al agua él solito, y sería un error desconocer que hoy por hoy la suya es la voz más lúcida del uribismo, pobres. De ahí que la estrategia de retoma del poder consista en que él se quede con Bogotá; José Félix Lafourie con la Presidencia. Y Fernando Londoño con las acciones de Invercolsa.


Con Pachito de alcalde la ciudad ya no se dividirá en barrios sino en bloques capitales; la empresa de Energía se fusionará con la secretaría de Salud,  y no solo el tren, sino los estudiantes de la Distrital, funcionarán a punta de electricidad. Los travestis de Canal Capital saldrán volando, sí. El programa Bogotá positiva sufrirá leves modificaciones y pasará a llamarse Bogotá falsopositiva. Bogotá sin hambre, como ya lo supusieron algunos, ofrecerá corrientazos al indigente hambriento. Pero los famosos huecos de las calles capitalinas al fin tendrán representación en el Palacio de Liévano; y habrá totumas gratis para quienes quieran seguir el molde capilar del burgomaestre.


Por eso, me ofrezco para asesorar la campaña de Pachito a la Alcaldía. Sugiero que el eslogan sea “Vote por mí o regreso a la radio” y que, en lugar del Aserejé, el candidato baile el Gangnam Style con Uribe. Hay que comenzar a engordarlos para tal fin: comprarles ropa alegre, gafas oscuras. Y encargar del montaje escénico al experimentado dramaturgo Luis Carlos Restrepo.


He ahí mi pruebita de mi amor: votaré por Pachito. Lo llevaré a la Alcaldía. Es la única manera de que añoremos a Petro.

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