Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/08/07 00:00

Miami ‘light’

Miami representa la ciudad geriátrica por excelencia, un 'moridero' sin vida cultural, donde la existencia transcurre en cámara lenta

Miami ‘light’

Hace pocos días el agudo periodista y columnista del Miami Herald, Andrés Oppenheimer, hizo en su columna una insólita propuesta: “Miami debería construir un gran monumento para los dos líderes latinoamericanos que más están haciendo por la prosperidad económica de esta ciudad: el presidente venezolano Hugo Chávez y el jefe guerrillero Manuel Marulanda”.

Más allá de la sorpresa inicial, la propuesta de Oppenheimer se traduce en algo totalmente sensato: Chávez y Marulanda han logrado contagiar tanto susto entre los potenciales inversionistas venezolanos y colombianos, que los han obligado a trasladar su dinero a Miami, produciendo un gigantesco boom en la banca privada y en la industria de la finca raíz del sur de la Florida. Este año los 102 bancos internacionales alcanzaron la cifra récord de 39.000 millones de dólares provenientes del extranjero, de los cuales se calcula que por lo menos 2.500 millones de dólares han llegado de Colombia. Los depositantes colombianos y venezolanos, son hombres de negocios y profesionales que buscan protegerse de los problemas políticos y económicos de sus respectivos países, mientras que los dineros del narcotráfico buscan otros destinos, como los paraísos financieros del Caribe, donde se les garantiza mayor confidencialidad.

Pero no contentos con enviar sus ahorros, entre 35.000 y 150.000 colombianos (hay todo tipo de especulaciones y ninguna cifra cierta), han tomado la decisión de empacar sus maletas huyendo de la guerrilla para ensayar nuevos destinos, en esta ciudad sobre la que no existen opiniones tibias. O se encuentra en Miami a una ciudad vibrante, llena de nuevas oportunidades y con un futuro abierto para jugársela a fondo, o por el contrario, produce horror la posibilidad de venirse a vivir a ella, cuando, como hay muchos que así lo piensan, Miami representa la ciudad geriátrica por excelencia, un auténtico ‘moridero’, sin vida cultural alguna, donde la existencia cotidiana transcurre en cámara lenta entre unas pocas opciones vitales: levantarse temprano a caminar por la playa, verse cada una de las películas de la temporada o sumergirse a fondo en el delicioso torbellino del periodismo light, o todo ello junto, cada día, todos los días del resto de la vida.

Por desgracia, la temporada de cine no es la mejor y casi podría decirse que el buen cine, en lo que va corrido de este año, empieza y termina con El gladiador. El patriota, con Mel Gibson, es una versión de la Independencia de Estados Unidos contra los ingleses que tiene enfurecidos a éstos últimos por la crueldad que les atribuye, y que no logra conmover al público más allá de unas sangrientas batallas de las que se han visto montones en el cine de todas las épocas. Sesenta segundos, con Nicholas Cage, será olvidada por el público, según sus críticos, antes de que pasen 60 segundos de haber salido del teatro. Y la más esperada de la temporada, La tormenta perfecta, entretiene por cuenta de un mar enfurecido y levantado en gigantescas olas a punta de efectos de computador pero no logra ni de lejos esa comunión entre el público y los protagonistas de la historia, que en el marco de la tormenta son totalmente prescindibles.

Una temporada de cine tan mala como esta explicaría que los operadores de los teatros de cine del sur de Florida estén quebrados, aunque ellos prefieran creer que el problema es un exceso de oferta de butacas. Pero la perspectiva empeora cuando nos enteramos de que después de Misión imposible 2, otro chasco de la temporada, casi todo el cine que viene apunta a nuevas versiones de viejos éxitos. En la actualidad se está filmando la cuarta versión de Indiana Jones, con Harrison Ford; la segunda de Bajos instintos, con Sharon Stone; la tercera de Terminator, con Schwarzenegger; Rocky 6, con Stallone, y Cocodrilo 3, con Paul Hogan, además de otros vejestorios como El planeta de los simios y la Pantera Rosa número 10.

En cuanto al periodismo light lo más emocionante ha sido la parcial aceptación de Camilla Parker-Bowles por parte de la reina Isabel, mientras todo indica que Carlos y Camilla se casarían muy pronto en Escocia. Pero lo más impactante ha sido la crisis matrimonial de Carolina de Mónaco con su marido Ernst de Hannover, que a pesar de su sangre real tiene unos problemas ‘de maneras’ que son un escándalo. En la reciente Exposición Universal de Alemania fue fotografiado mientras resolvía ‘una urgencia’ contra una pared del pabellón turco. Y ante la furiosa reacción del gobierno de Turquía, tuvo que publicar un comunicado de prensa: “Pido perdón al pueblo turco por haberme 'aliviado' contra el pabellon de su pais". Me niego a creer que otras historias de quienes han visto al marido de la bella Carolina de Monaco comer o rascarse, sean ciertas.

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