Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/01/27 00:00

Miénteme

Mi interpretación es que la gente no apoya ni ha elegido lo que uribe da, sino lo que promete. No lo que hace, sino lo que dice.

Miénteme

Dice el doctor Holguín Sardi, ministro del Interior y de Justicia, que en el documento programático firmado en Ralito por los caudillos narcoparamilitares y los caciques políticos de la Costa "no hay nada impropio", y que "se podría refrendar". Y, además, que qué maravilla: "Qué cosa tan bella. ¿Quién no va a firmar una cosa así? Hacer una nueva Colombia, construir un nuevo país...". Su predecesor en el cargo, el doctor Pretelt, estará de acuerdo: no en vano lloró al unísono con esos mismos caudillos narcoparamilitares en la ceremonia de su despedida. Es natural. Están de acuerdo "en lo fundamental" como hubiera dicho el difunto jefe de todos ellos, Álvaro Gómez Hurtado. Quieren lo mismo. Que es lo que quiere también, y está imponiendo, el presidente Álvaro Uribe Vélez.

No quieren ellos, sin embargo, lo que dice explícitamente el documento que suscribieron, el cual es más bien, en su letra, retórico y pendejón, como escribe en esta revista María Isabel Rueda. No dice más que vaguedades bobaliconas y bienpensantes, políticamente correctas: que si la vida, que si la convivencia, que si el trabajo, que si la justicia, que si la igualdad, que si el conocimiento, que si la libertad, que si la paz. Pero lo importante del documento no es lo que dice (y por eso muchos de los asistentes lo firmaron "en blanco", como asegura un senador: nada menos que un senador); sino lo que significa su existencia. Es la confirmación (el refrendo, diría Holguín Sardi) de la alianza entre el uribismo político y el uribismo armado. Quieren lo mismo.

Que no es, repito, lo que dice el bobalicón documento, sino casi exactamente lo contrario. No es "asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo", sino, al revés, mantener el injusto orden existente mediante la violencia. No quieren "refundar nuestra patria" ("¡Qué cosa tan bella...!", dice el doctor Holguín Sardi), ni "fundar un nuevo contrato social"; sino apuntalar con los fusiles y las motosierras la patria vieja que había y el inicuo contrato, o más bien imposición, que existía. Hasta los tiempos, digamos, de la Hegemonía Conservadora, antes de los vientos nuevos que trajeron la república liberal y la "revolución en marcha" de López Pumarejo. La injusticia social, pero sin protesta social. Pues la tal "revolución en marcha" no trajo la justicia, ni mucho menos: pero sí la posibilidad de la protesta. Que en la misma medida en que empezó a ser reprimida por la violencia y el fraude se convirtió, a su vez, en violenta. El uribismo paramilitar, el uribismo electoral y el uribismo económico (los doctores Carrasquilla, Arias, Botero, etcétera, y el magnate cervecero Julio Mario Santo Domingo que acaba de proponer una tercera presidencia de Uribe porque la primera le permitió ahorrarse en impuestos un par de miles de millones de dólares), quieren retroceder un siglo entero.

¿Y es eso lo que quieren también los colombianos, si no en su conjunto, sí en su mayoría? Es lo que indican las encuestas de opinión: la gente quiere a Uribe, y por eso lo reeligió (así como reeligió a los uribistas), y por eso sigue diciendo que lo apoya. Pero mi interpretación es que no apoya ni ha elegido lo que Uribe da, sino lo que promete. No lo que hace, sino lo que dice. Algún general dijo que él había captado la verdadera dimensión del Presidente que tenemos cuando le oyó decir: "A mí no me eligieron los colombianos para que les dijera mentiras". Pues no es así: lo eligieron precisamente para eso, como antes habían elegido a Andrés Pastrana para que les dijera también mentiras, aunque fueran mentiras distintas y aun opuestas. Los colombianos prefieren la mentira piadosa al escueto horror de la realidad.

Recuerdo un par de frases de una vieja película, Johnny Guitar, de Nicholas Ray. Le dice la actriz Joan Crawford al cowboy que la engaña y la enamora: "Lie to me!" ("¡Miénteme!"). Y antes le ha dicho: "I feed you, cowboy" ("vaquero -o chalán, o como quieran ustedes llamar al Presidente-, yo te doy de comer".

Porque a los uribistas les damos entre todos de comer. Y cómo.

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