Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2012/09/08 00:00

    Militares y policías en la negociación

    Mora y Naranjo deben liderar temas de la agenda como el cese definitivo de las hostilidades, la estrategia para los paramilitares y la protección de las expresiones políticas que surjan.

COMPARTIR

El gobierno de Noruega y la Universidad de Oslo lo vieron hace 12 años. Corrían las negociaciones del Caguán y Jan Egeland supo que la presencia de la Policía y los militares era indispensable en una mesa de conversaciones. Con su inspiración los noruegos pusieron en marcha un programa de conversatorios e intercambios sobre la paz, los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Tenía el propósito de preparar a los altos oficiales del país para que hicieran una contribución fundamental a la reconciliación. Año tras año se han realizado dos o tres eventos en el territorio colombiano con la cúpula de la fuerza pública y se ha propiciado un seminario en Oslo para que los militares y policías en curso de ascenso de coroneles a generales conozcan de primera mano las experiencias de solución negociada de diversos conflictos en el mundo. En estos encuentros académicos han participado más de 1.000 oficiales.

He tenido el privilegio de acompañar desde el principio a Jennifer Schirmer y a Alberto Lara en este programa. Los militares han pedido siempre que entre los conferencistas estén personas de diversas y contradictorias posiciones ideológicas y políticas. Han querido oír a todas las voces y discutir con libertad los temas más espinosos. Para mí ha sido la experiencia más enriquecedora desde cuando vine a la vida civil.

En estos días se hizo patente la enorme importancia que tiene la participación de las Fuerzas Armadas en las negociaciones de paz. El presidente Santos designó a Naranjo y a Mora, dos generales de máxima influencia en la Policía y en el Ejército, para que integren la mesa con carácter de plenipotenciarios. Pero antes, el propio Timoleón Jiménez, jefe de las Farc, en el discurso de presentación del acuerdo de La Habana, había señalado el papel decisivo que desempeñarían los mandos militares en la paz y les había enviado un mensaje de reconciliación.

Para nadie es un secreto que entre los 'enemigos agazapados de la paz' que contribuyeron a frustrar la paz en tiempos de Belisario Betancur estaban algunos militares. Se expresaron también en la paz parcial que logró César Gaviria. Luego, en el gobierno de Samper, sonaron los sables de Harold Bedoya contra el intento de establecer una mesa y en el Caguán se sintieron con ardor esas mismas reticencias. Así fue. Por eso sentía una inmensa alegría cada vez que en los conversatorios oía a generales de todos los soles afirmando que no cejarían de perseguir a la guerrilla, pero estarían prestos a apoyar una negociación seria que llevara al país a una paz cierta. En cada evento crecían las voces de militares y policías que con especial valentía hablaban de la salida negociada.

Ahora Mora y Naranjo tienen la misión de liderar temas de la agenda acordada en La Habana como el cese definitivo de las hostilidades, la estrategia para enfrentar los reductos paramilitares y las bandas criminales, la protección de las expresiones políticas que surjan de la negociación. Pero también tienen mucho que aportar en la agenda implícita de la fuerza pública: la justicia transicional generosa que debe cobijar a los militares y policías que en medio de esta guerra irregular y degradada se han desviado de sus obligaciones constitucionales, la depuración y reestructuración de las Fuerzas Armadas en función del posconflicto, las alternativas de vida para miles y miles de soldados que deberán integrarse a la vida civil una vez la guerra termine.

Nota 1. El ELN no puede dejar pasar esta oportunidad. Tiene que solicitarles al gobierno y a la Farc que le permitan integrarse a la mesa de negociaciones. Un cese definitivo de las hostilidades tendría muchas dificultades si no está el ELN y además Nicolás Rodríguez Bautista, Antonio García y Pablo Beltrán podrían hacer aportes muy importantes en las negociaciones.

Nota 2. Si el presidente Santos quisiera podría ternar un gran candidato para la Procuraduría y jugársela a comprometer a buena parte de La U y del Partido Conservador en la elección de una persona distinta a Ordóñez. Evitaría así la presencia de un 'caballo de Troya' en contravía de las negociaciones de paz y a reformas necesarias para la reconciliación.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.