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Opinión

  • | 2011/06/18 00:00

    Minería y petróleo, redención o desgracia

    Los noruegos sabían que los minerales y el petróleo son recursos finitos que mal manejados pueden generar las más perversas realidades económicas.

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Mientras oía a un miembro de la Comisión Ética del Fondo del Petróleo de Noruega tenía abiertas varias páginas de la prensa colombiana donde se denunciaban las impresionantes irregularidades, robos y falsedades en la adjudicación de títulos mineros. Recordaban al mismo tiempo la manera como los políticos, los paramilitares y los empresarios han saqueado y dilapidado las regalías del petróleo. El contraste era realmente doloroso.

Fue hace dos semanas. Estaba en Oslo con un grupo de militares y policías colombianos. Asistíamos a una conferencia en la que un experto noruego nos explicaba cómo se manejan en su país los recursos obtenidos en la explotación del petróleo. Noruega descubrió el crudo hace cuarenta años, decía. Desde entonces, nos hemos dedicado a convertir la riqueza de recursos en riqueza productiva y a cuidar el bienestar de las generaciones futuras, afirmaba.

Habían aprendido la lección. Sabían que los minerales y el petróleo son recursos finitos que mal manejados pueden generar las más perversas realidades económicas. Tenían en la cabeza la famosa frase de Juan Pablo Pérez, un exministro venezolano de petróleo, quien dijo: "Dentro de diez años, dentro de veinte años, lo verán: el petróleo nos traerá la ruina... El petróleo es el excremento del diablo". Y la de Seikh Yamani, exministro de petróleo de Arabia Saudita: "Mejor hubiéramos encontrado agua".

Muy pronto tomaron la decisión de crear un fondo en el exterior y poner allí todo el dinero proveniente de la explotación del petróleo; tomar solo un 4 por ciento de la renta generada por ese dinero para alimentar el presupuesto nacional; y forjar una institucionalidad eficaz y transparente para orientar las inversiones y cuidar celosamente cada peso de esta enorme riqueza.

Los resultados están a la vista. Hace muchos años que Noruega está en los primeros lugares en producto interno, producto per cápita y en calidad de vida. Al mismo tiempo, tienen asegurada la supervivencia de la nación por más de cien años con los recursos acumulados en el exterior.

Una de las entidades de este sistema es la Comisión de Ética. Está formada por cinco expertos que representan a estamentos diversos de la sociedad noruega y tienen una gran autonomía. Se encargan de aprobar o reprobar las inversiones del Fondo. No permiten que Noruega invierta en empresas que violen los derechos humanos, depreden de manera drástica el medio ambiente o estén afectadas por graves escándalos de corrupción.

No quiero incurrir en el despropósito de equiparar la situación noruega y la colombiana. La población de Noruega es pequeña y el petróleo encontrado en sus mares permite una extracción de más de tres millones de barriles por día. No tienen la azarosa violencia que golpea a nuestro país y han acumulado una gran experiencia administrativa.

Pero una batalla a muerte contra la corrupción y la construcción de un sistema nacional de control de la riqueza que estamos descubriendo nos permitiría dar un verdadero salto en el desarrollo. Los datos oficiales nos dicen que estamos produciendo cerca de un millón de barriles de petróleo por día y en cuatro años estaremos produciendo millón y medio de barriles. Quizás aumentemos la producción de carbón a 124 millones de toneladas por año y de oro a 72 toneladas por año. Una bonanza sin precedentes en la vida colombiana.

Santos vio que tenía en sus manos una gran oportunidad y por eso decidió meterle la mano a las regalías y generar una nueva ley para controlar su destino. Pero se está dejando presionar por los oscuros y voraces poderes de facto de las regiones y está permitiendo que en la legislación en trámite se mantenga la dispersión de los recursos en diversos fondos sin mayor control.

Debería darse la pela y establecer una gran centralización de los recursos e incluir en la ley la creación de una Gran Comisión de Ética que se encargue de orientar la concesión de títulos, autorizar las exploraciones y vigilar paso a paso el empleo de las regalías. Es la experiencia noruega.
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