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Opinión

  • | 2014/02/15 00:00

    Decisiones absurdas

    ¿Está el ministro de Defensa banalizando los falsos positivos?

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No quiero dejar pasar una frase que pronunció el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, hace pocos días a propósito de caso Andrómeda, la operación de inteligencia militar que estaría encubriendo el espionaje espurio a los negociadores de paz del Gobierno. 

“No estoy dispuesto a cometer decisiones absurdas, como se tomaron en otros tiempos, cuando botaban a la gente sin siquiera dejarlos hablar, sin que siquiera, existieran investigaciones”, dijo Pinzón, al explicar que sólo relevaría temporalmente de sus cargos a los generales Mauricio Zúñiga, jefe de inteligencia del Ejército, y Óscar Zuluaga, director de la Central Técnica de Inteligencia. 

Supongo que no se refería al remezón que hubo en la cúpula de la Policía en el 2007 luego de que la Revista SEMANA denunció las “chuzadas” ilegales de esa institución a periodistas y políticos, so pretexto de investigar a los jefes paramilitares detenidos en Itagüí. Creo que se refería, y no hay que ser demasiado suspicaz para suponerlo, al relevo de 27 militares de alto rango en octubre del 2008, luego de que se conoció la magnitud de los crímenes que se estaban cometiendo en algunas brigadas y batallones.

No sé qué es más grave, si que Pinzón desconozca las investigaciones que precedieron a estas destituciones o que pretenda minimizar la gravedad de los falsos positivos. Lo primero sería una tremenda ligereza; lo otro, una imperdonable banalidad. 

He releído el documento que dio origen a aquellas destituciones, que fue redactado por el entonces general Carlos Arturo Suárez, a quien Santos, como ministro de Defensa de la época, le encargó la tarea de investigar lo que estaba pasando en aquellas guarniciones donde, se decía, mataban a incautos para engordar las cifras de la guerra. Especialmente las que operaban en Norte de Santander y el Magdalena Medio. 

A diferencia de otros inspectores, Suárez hizo la tarea. Encontró, por decir lo menos, un desgreño generalizado. Brigadas a las que durante dos años no les habían hecho ninguna veeduría. Muertos que aparecían de operaciones nunca ordenadas. Operaciones que se hacían sin ninguna información de inteligencia. Y un sartal de muertos atribuidos a las bacrim, cuando en los batallones no aparecía ninguna información confiable sobre sus jefes o estructuras. Cobros indebidos, casos de supuestos combates donde se gastaron más de 600 balas de fusil para matar a un campesino que cargaba un revólver inservible, por poner algunos ejemplos. Inconsistencias, esas sí absurdas, que los oficiales destituidos habían ignorado y que demostraban que sus tropas vivían al garete. (Ver artículo sobre el tema).

Fue por la excesiva negligencia, por la demostrada mediocridad en el mando y el control que en aquel entonces se ordenaron estas destituciones. Y la prueba de que no fueron absurdas es que los falsos positivos frenaron en seco. Se pasó de más de un promedio de 400 denuncias al año, a no más de 20. La cifra de supuestos muertos en combates por bacrim, que era donde se encubrían estos crímenes, bajó de 378 en el 2008, a un promedio de 50 en los años siguientes. Entonces ¿Dónde está el absurdo? 

Es posible que Pinzón no conozca estas investigaciones. Al fin y al cabo no participó en ellas. Fueron otros quienes las hicieron y las defendieron a capa y espada. Otros que por cierto hoy son considerados como “traidores de la institución” por buena parte del alto mando militar, como los generales Suárez y Fredy Padilla de León. Absurdo, ¿verdad? 

Ahora, tiendo a pensar que Pinzón considera absurdas las decisiones que tomó Santos en aquel entonces más por banalidad que por ignorancia. No es la primera vez que Pinzón minimiza los falsos positivos. En su defensa del fuero militar le hemos oído hablar de inseguridad jurídica, de falta de garantías para librar la guerra, de incomprensión por parte de la justicia, de ataques jurídicos por parte del enemigo. Como si los falsos positivos fueran un invento de la prensa o un hecho fortuito. 

Sería bueno que Santos, el presidente de la paz, le aclare al país si está en la misma línea de su ministro de Defensa. Si considera que en el caso de los falsos positivos sus decisiones fueron absurdas. Injustas. Sin fundamento. Si, como Uribe, se arrepiente de ellas. Si ese es el motivo por el que se “patrasió” en su valoración de Andrómeda y optó por el camino de esperar los resultados de las exhaustivas investigaciones, que ya sabemos a dónde conducen. A ninguna parte. 

En Twitter: @martaruiz66
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