Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/01/28 00:00

    El mito de Diego Luis Córdoba

    Un libro que desmitifica el papel de Diego Luis Córdoba, como líder negro en la política colombiana y se analiza su silencio sobre la segregación racial de las multinacionales mineras en el Chocó.

COMPARTIR

Dentro de poco estará en circulación el libro El mito de Diego Luis Córdoba donde plasmó un estudio sobre las luchas de los chocoanos por su autonomía política de 1830 a 1947. Pero uno de los aspectos más interesante es el análisis que realizó sobre el acenso del negro al poder político desde los años 30 del siglo XX en el Chocó con su máximo exponente Diego Luis Córdoba.

Como dice el escritor José Luis Jérez Riesco, “el historiador no tiene que amoldarse a una sola versión, ni ceñirse al eco rutinario de una infinita falsedad, porque una investigación crítica, rigurosa y documentada puede poner en entredicho textos hagiográficos”. 

Por eso durante más de una década me dediqué a estudiar el fenómeno del mito de Córdoba como líder negro en la política colombiana y sobre su silencio frente a la segregación racial de las multinacionales mineras en el Chocó. Pero sin sesgos racialistas y despojado de la retórica de los odios étnicos. La investigación la orienté a estudiar y confrontar muchas fuentes que históricamente se han manipulado con fines políticos para perpetuar el mito de Córdoba de líder trasparente en las reivindicaciones de los derechos de los negros en Colombia.

En el libro parto de la premisa que no es con revanchismo histórico que debemos abordar este tipo de tema, ni negando con argumentos poco documentados los aportes de los “blancos” y mulatos, ni exaltando el papel de los de negros con análisis sin sustentos documentales cómo se debe analizar el papel de Córdoba en la política colombiana, sino con profundidad analítica, ponderación y sin esguinces racialistas.

Porque se cae en una manipulación similar a la de los historiadores del establecimiento que han ocultado el papel del negro en construcción de la nacionalidad colombiana, aspecto que criticamos. Por eso examinó con un enfoque crítico el ascenso del negro al poder con Córdoba. Al igual que sus luchas en contra la mulatocracia chocoana, en donde utilizó el racialismo para perpetuar en el Congreso de la República de 1933 a 1964. No desconozco la importancia que tuvo en la política colombiana en el siglo XX, fue un orador brillante y una de las figuras políticas más destacadas del Partido Liberal de 1932 a 1964. 
Pero ha hecho falta un estudio crítico sobre su carrera política, sus contradicciones y su legado más allá de las alabanzas hagiologicas que se han escrito sobre su trayectoria. Y como dice, el escritor Carlos Arturo Caicedo Licona: “Ni siquiera se atrevió a hacer un breve ensayo humanístico para probarse, ni creó una doctrina, ni enfrento a la Chocó-Pacífico, ni nunca cruzo un río que no fuera por el interés electoral”.

Los chocoanos blancos, mulatos y negros lucharon por su autonomía política del Cauca durante 117 años.  El proceso de departamentalización del Chocó no se concretó durante la Hegemonía Conservadora de 1886 a 1930, ni en la República Liberal de 1930 a 1946, sino durante el gobierno de Unidad Nacional de Mariano Ospina Pérez en 1947.

Por eso investigué ese fenómeno y señaló en un riguroso examen documental las mentiras de la paternidad de Córdoba sobre la creación del departamento del Chocó. Fue una lucha centenaria donde él, Reinaldo Valencia, Eliseo Arango, Manuel Mosquera Rivas, Adán Arriaga y Alfonso Meluk, entre otros, desempeñaron papeles trascendentales en la última etapa. Los hombres claves para que ese sueño se convirtiera en ley fueron los Leopardos, un grupo político conservador, conformado por Augusto Ramírez Moreno, Silvio Villegas y Eliseo Arango, entre otros. 

Sin embargo, Córdoba astutamente le vendió a un pueblo desinformado la mentira que él había sido el ideólogo y líder de la iniciativa. Una historia que pocos se han atrevido a desenmascarar, que el hombre clave en la culminación de esa centenaria lucha no fue Córdoba, sino Arango. 

La destreza política de Córdoba fue negar las luchas de tres generaciones de la clase dirigente “blanca”- mulata que desde el siglo XIX proyectaron un desarrollo chocoano sobre la base de la autonomía administrativa y política, que en su primera etapa lograron la creación de la Intendencia y luego emprendieron la lucha por la departamentalización sin distinciones partidistas y raciales. 

Movimiento que estuvo ligado a un desarrollo cultural que fortaleció una conciencia de identidad chocoana, pero que Córdoba en su demagogia racialista satanizó para sacar provecho electoral en beneficio de su causa política. Lo controvertido es que su estrategia política para ascender al poder ha tenido consecuencias desastrosas en el desarrollo del Chocó, un aspecto que amerita que se estudie con profundidad para entender muchas variables sobre las causas del retroceso del Chocó.  

*En Twitter: @j15mosquera
jemosquera@une.enet.co
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.