Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/05/03 14:41

Dos cosas que hubiera hecho diferente

Así como celebro que en estos diez años miles de mujeres han podido abortar de manera legal y segura, también celebro a aquellas que conociendo sus opciones, eligieron la maternidad o la adopción

Mónica Roa Foto: Carlos Julio Martinez / SEMANA

El tiempo y la experiencia dan perspectiva. Y con la perspectiva que me han dado los diez años que han pasado desde que la Corte Constitucional reconoció que optar por un aborto es un derecho fundamental de las mujeres y niñas en Colombia bajo tres circunstancias, confieso que me gustaría haber hecho dos cosas de manera diferente.

 

La primera de ellas se refiere precisamente a que no habría hablado de tres causales, sino de una gran causal de aborto terapéutico cuando hay riesgo para la salud de la mujer que las incluyera a todas. ¿Díganme ustedes qué sentido tiene hablar de violación como una causal separada de la de riesgo para la salud? ¿Quién puede negar que una violación siempre afecta la salud de la víctima? Esto hubiera evitado que muchas mujeres violadas sintieran que su derecho a interrumpir el embarazo dependía de la decisión de denunciar a su agresor, y que por miedo a las consecuencias de hacerlo, prefirieran abortos clandestinos. Esto ya no es un problema gracias a recientes avances que afirman la obligación de prestar los servicios de salud que requieran las víctimas de violencia sexual, incluido el aborto, sin que exista denuncia previa.

 

También ahora veo con sospecha, la causal de malformaciones. En ese entonces califiqué las malformaciones como sólo aquellas incompatibles con la vida extrauterina, es decir cuando el recién nacido no tiene probabilidades de sobrevivir mucho más allá del parto. Sin embargo, parece que un sector de la sociedad entendió que el aborto se puede usar para efectos eugenésicos ¡Y no! Ahora tengo la certeza de que uno de los retos más importantes en estas épocas de zika, es no permitir que el avance de los derechos reproductivos se logre a costa de una mayor estigmatización de las personas que viven con algún tipo de discapacidad, porque no todas comprometen de la misma manera el desarrollo del ser humano. Me parece inaceptable que el médico que pone tantas trabas para la práctica de otros abortos legales, le diga solícito a una mujer con zika que es mejor que aborte porque “para qué va a tener un hijo que no le va a servir para nada” como lo reportó el New York Times. El aborto debe ser una opción para las mujeres cuando no quieren asumir un riesgo para su bienestar bio-psico-social que es como la Organización Mundial de la Salud y la Corte Constitucional definieron la causal de peligro para la salud. Y los médicos deben cumplir con su obligación de dar información neutral sobre el embarazo explicando los riesgos y las opciones, objetivamente, para que sea la mujer quien tome la decisión sin prejuicio de por medio.

 

Y finalmente también lamento haber enunciado el riesgo para la vida y la salud de la mujer por separado. De una parte, es imposible aislar estos dos conceptos, ya que en realidad configuran un continuo donde el riesgo para la vida es el extremo final del riesgo para la salud. Además, pareciera que la opinión pública sólo registró el riesgo para la vida, pues ignora sistemáticamente que también existe el derecho al aborto cuando hay riesgo para la salud, que es precisamente el concepto más amplio e integral bajo el que caben todas las demás causales, y el que a más mujeres podría cobijar.   

 

La segunda cosa que hubiera hecho diferente es haber exigido el reconocimiento del derecho al aborto, en paralelo con todas las demás opciones reproductivas. Por novata, caí en la trampa de pensar que como el aborto era la única opción considerada un delito, las demás estaban garantizadas; y no. Junto al aborto digno, legal y seguro debí haber exigido con la misma contundencia que se garantizara una educación para la sexualidad de calidad, el conocimiento y acceso real a toda la gama de anticonceptivos incluida la anticoncepción de emergencia; la atención pre-natal, parto y post parto, sin violencia obstétrica, que garantice una maternidad digna y segura; la posibilidad de dar y recibir en adopción; y el acceso a los tratamientos de reproducción asistida. Como nadie sabe qué le depara el futuro, ni cómo va a reaccionar bajo circunstancias difíciles, es importante tener todas las opciones disponibles para que cada persona decida.

 

Enfocarme en el reconocimiento del aborto terapéutico, aunque lo hubiera hecho con la claridad mental de que debía entenderse como parte del marco integral de derechos reproductivos, no mandó el mensaje completo a la sociedad y eso dificultó el entendimiento y la aceptación de este tipo de derechos en muchos contextos. Así como celebro que en estos diez años miles de mujeres han podido abortar de manera legal y segura, también celebro a aquellas que conociendo sus opciones, eligieron la maternidad o la adopción. Y a reglón seguido, con la misma vehemencia también denuncio las profundas fallas en la garantía de todas las opciones reproductivas: la educación sexual es pésima dentro y fuera del sistema educativo, los anticonceptivos están en el POS pero son de muy difícil acceso, el embarazo adolescente está reproduciendo y profundizando nuestros problemas de pobreza e inequidad, la muerte de mujeres embarazadas o de sus recién nacidos –en su mayoría de comunidades negras e indígenas- por causas totalmente prevenibles es una vergüenza nacional, y las mujeres pobres y en mayor situación de vulnerabilidad siguen enfrentando una gran desinformación sobre el aborto legal, serios obstáculos para acceder a este servicio, e incluso investigaciones penales infundadas. 

Mea culpa, pero no puedo devolver el tiempo; sólo puedo aprender la lección e intentar ampliar el debate. ¿Me ayudan?

* Women‘s Link Worldwide

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