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Opinión

  • | 2007/02/03 00:00

    Monseñor: siga alimentando su elefante

    Entiendo que para ernesto samper el hundimiento de su rival sea una satisfacción personal. Pero eso no le da derecho a reescribir la historia de colombia

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Sólo nos faltaba que ahora, por cuenta del veredicto final contra Fernando Botero por hurto agravado, Ernesto Samper pretenda convencernos de que el proceso 8.000 por fin quedó resuelto.

Según él, lo que sucedió es que Botero se inventó una patraña para pedirle financiación al cartel de Cali y así robarse la plata legítima, cruzándola con el dinero de las famosas cajitas de regalo con estrellitas. En otras palabras, que su campaña estaba financiada con aportes legítimos y que la narcofinanciación fue un montaje de Botero para un negocio personal.

No es imposible que la operación de la narcofinanciación se hubiera hecho sin la aprobación explícita de Samper. Es posible que él, físicamente, no hubiera participado en una reunión para discutir los detalles de la misma. Pero pretender que porque no conocía los detalles, no tenía noción de que los Rodríguez Orejuela estaban contribuyendo financieramente a su campaña, desafía la credibilidad. En ese momento alrededor del 30 por ciento del Congreso tenía contacto con el cartel de Cali y los parlamentarios que estaban en esa rosca eran muchos más que la docena que fueron a parar a la cárcel. La información sobre los narcodineros no se manejaba solamente a través de Botero y Medina: ellos eran el conducto directo, pero el indirecto era más amplio. Estaba encabezado por personajes como Eduardo Mestre, Rodolfo González y Alberto Giraldo, que eran tan cercanos a la campaña como a los Rodríguez.

La contribución financiera de esos seis millones de dólares, la más grande en la historia de Colombia, tenía como único propósito que el Presidente elegido con esa plata adquiriera una deuda de gratitud con quienes se la dieron. Gilberto Rodríguez Orejuela era conocido mundialmente como el 'ajedrecista' porque movía científicamente todas sus fichas. La idiotez de que se pensara que iba a dar toda esa plata sin que su beneficiario, el próximo Presidente de Colombia, se enterara, ofende la inteligencia.

El objetivo era una negociación política para desmontar el cartel de Cali "por las buenas", sin extradición, y no exponer al país a un baño de sangre como el del cartel de Medellín. Ernesto Samper y el fiscal de la época, Gustavo de Greiff, siempre creyeron que era la opción que más le convenía al país. Y, por su parte, los Rodríguez querían garantizar el triunfo de Samper para que las penas fueran suaves o simbólicas. Lo mismo que está pasando ahora con los paras.

¿Por qué esta fórmula suavizada de los Rodríguez no funcionó y la de los paras sí? Porque ahora hay 30.000 personas que se están desmovilizando, lo que políticamente es mucho más contundente que invertir seis millones de dólares en una campaña. Pero sobre todo, porque si no se filtran los narcocasetes, Samper seguramente habría mantenido la deuda de gratitud con los Rodríguez.

Fuera de esta simple deducción lógica, existen ciertas evidencias que confirman la conclusión. En la indagatoria de Santiago Medina, que es considerada la 'biblia' del proceso 8.000, porque se hizo en forma espontánea y sin preparación, éste afirma que aunque Botero siempre le exigió que nunca tocara el tema de los Rodríguez con Samper, él no estaba dispuesto a ir a Cali sin la luz verde del jefe. Por lo tanto, contrariando las órdenes de Botero, se fue a buscar a Samper en la sede del Hotel Orquídea Real y le dijo: "Botero me dijo que fuera con Alberto Giraldo a Cali, a una reunión para conseguir esos fondos. Samper me dijo muy nervioso que él quería estar al margen de eso y que coordinara con Botero lo que considerara conveniente". Como si esto fuera poco, está la frase inmortal que Giraldo le atribuye a Mestre en los narcocasetes: ''Samper dijo: hagan lo que quieran mientras yo no me entere''.

Por lo tanto, no hay que confundir que Botero se haya robado un millón de dólares, con todo lo que el proceso 8.000 implicó.

Entiendo que para Ernesto Samper el hundimiento de su rival sea una gran satisfacción personal. Pero esto no le da derecho a reescribir la historia de Colombia. Esta semana leí que le pedía a monseñor Pedro Rubiano que se retractara. No lo haga, Monseñor: su elefante sigue vivo, y la memoria, como buen elefante, la mantiene intacta.


ENTRETANTO... Si es cierto que el senador López Cabrales firmó un documento en blanco ante los paras, sin conocer el contenido, ¿cómo será lo que ha firmado como senador?
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