Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/04/06 00:00

Mucho de espectáculo y poco de verdad

Salvo aquellas que sosteníamos una estúpida ilusión, la homosexualidad de Ricky Martín no le importa a nadie.

Claudia Ayola

El pasado martes, en el pintoresco periódico La Libertad de Barranquilla, apareció el siguiente titular: “Ricky Martin admite ser una loca arrebatada”. La noticia se refería a la carta que el cantante había publicado en su perfil de Twitter en la que aceptaba su homosexualidad como un regalo de la vida.

Yo, como otras ilusas atormentadas que metían a Ricky Martin en sus sueños de media noche, me sentí frustrada. Ricky ya no se fijaría en mí. Salvo aquellas que sosteníamos una estúpida ilusión, la homosexualidad de Ricky Martín no le importa a nadie. Canta igual, se mueve igual y tiene la misma encantadora sonrisa.

Sin embargo, el periódico La Libertad no se limitó a un titular poco estético y grosero, sino que resultó ser un titular mentiroso. Leí la carta de Ricky Martín y en ningún lado aparece semejante barbaridad. Él admite ser homosexual, lo de “loca arrebatada” es un invento de pasquín que seguro a la gente de La Libertad le pareció apropiado.

No satisfechos con su titular amarillista, más abajo aparece una pregunta que me parece parcialmente coherente. Dice “¿cuántos maricones más habrá en la farándula internacional?” La expresión resulta un poco despectiva por lo de maricones, pero me parece que es una pregunta justa. Por ejemplo, ahora que sé que a La Libertad no le parece tan grosero ese término, se me ocurre una pregunta inocente para el señor Esper Rebaje ¿Cuántos más habrá en su periódico?

Creo que él no podrá contestarme. Entre otras cosas, porque será difícil contarlos. Si yo fuera homosexual y trabajara en La Libertad, haría lo necesario para que no me descubrieran, pues si son capaces de insultar en lo público, no quiero imaginarme cómo será la represión en lo privado. Un homosexual puede ser parte de cualquier familia, de gente con apellido Pérez, Torres, Ayola, como el mío, o Esper, como los apellidos del director, subdirector, la editora y el gerente del diario La Libertad.

La corporación Caribe Afirmativo, organización que lidera esfuerzos por el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales, se pronunció al respecto, reprocha las expresiones usadas por La Libertad e invita a que la prensa regional construya un proceso de respecto por el libre desarrollo de la personalidad.
Yo comprendo que en el momento histórico en el que estamos, en el que nos preguntamos si los medios impresos sobrevivirán, exista un pánico en algunos dueños de periódicos a los que el mundo de la web los está aplastando, pero creo que se debe hacer un llamado a la cordura: No podemos permitir que el miedo visceral a morirnos de hambre nos lleve a irrespetar a seres humanos.

El reconocido periodista Ryszard Kapuscinski alguna vez dijo que, cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante, y lo que empezó a contar fue el espectáculo. Es posible que bajo esta misma lógica, periódicos como La Libertad hayan olvidado el sentido de informar la verdad, para hacer de ella un espectáculo que pasa por encima del ser humano. El periodismo de tinta roja no goza de buena reputación, pero vende, vende la dignidad de las personas, su intimidad y la posibilidad de atropellar a quien se atraviese.

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