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Opinión

  • | 2012/05/18 00:00

    Mucho más a favor de las mujeres podemos actuar en muchos otros sentidos, mucho más eficaces y verdaderos

    Aquello a lo que yo creo que hace referencia (o intenta referir) la expresión “lenguaje sexista” es al uso de expresiones (lingüísticas o no) con las que se intenta disminuir el valor de quienes no son varones o machos.

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Recibí, hace un par de días, un mensaje de una de mis excelentes estudiantes del curso introductorio a la lingüística, en la Universidad Nacional. Me pedía que le sugiriera fuentes de consulta sobre el lenguaje sexista. Aunque no conozco textos sobre el tema, ni éste me ha interesado en grande y, por tanto, no lo he estudiado ni he recogido muchos datos al respecto, me aventuré a hacerle algunos comentarios que presento a continuación porque pueden ayudar a orientar las reflexiones de quienes se interesan en el asunto.

Para comenzar, he de hacer referencia al artículo “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” de Ignacio Bosque, uno de los lingüistas hispánicos más destacados de España, para señalar la diferencia entre las expresiones “lenguaje sexista” y “sexismo lingüístico”. Bosque habla de sexismo lingüístico, no de lenguaje sexista. En lingüística llamamos lenguaje a una facultad o capacidad que distingue a la humanidad de las demás especies animales: la facultad de comunicarnos con nuestros coespecímenes (mujeres, hombres o, si es el caso, asexuados, como pudieron ser los eunucos en algún momento de la historia de la humanidad), comunicarnos con ellos mediante el habla de alguna lengua materna. Llamamos lengua materna a ese ejemplar del lenguaje, a aquel caso del lenguaje humano, que cada ejemplar de la humanidad aprende a hablar durante su infancia, en el contacto diario con la familia más cercana. Eso es lo que significan lengua y lenguaje en la disciplina lingüística: algo que está a disposición tanto de hombres, como de mujeres, en independencia de su orientación sexual. En principio, usted tanto como yo, como cualquier otro miembro de la humanidad puede hacer uso de su lengua, es decir, de la cuota de lenguaje que le ha sido dada en la vida. En ese sentido, el lenguaje no puede ser sexista. Es para todos. Y no creo que eso lo discuta nadie. Pero si lo discutiera alguien, de nada le valdría, ¿cierto? Incluso en una sociedad machista, es con palabras de su lengua común con lo que mujeres y otros han de contestarles a los hombres las preguntas que estos hagan, por ejemplo.

Todo otro uso del término lenguaje es no lingüístico, como ocurre cuando se habla del “lenguaje de las flores”, el “lenguaje de las abejas”, etc., que para la lingüística podrán incluso ser sistemas semióticos, y muy complejos, pero no son lenguaje. Cada buen texto de introducción a la lingüística nos señala que el lenguaje y las lenguas poseen ciertas propiedades. Ellas forman un conjunto que permite distinguir al lenguaje humano, y sus lenguas, de todo otro sistema semiótico, como expongo a continuación.

En general, emisor y receptor pueden intercambiar papeles. Todo hablante puede, en principio, controlar lo que está diciendo. El sistema puede servir varias funciones, pero su especialidad es comunicar. Permite la comunicación de significado porque se basa en relaciones, más o menos fijas, entre las señales, aquellos aspectos del mundo a que refieren las señales y los significados de las distintas partes de cada señal. No hay un lazo natural entre las señales y aquello a lo que refieren; por fuera del español, por ejemplo, no hay ninguna relación especial entre las mesas y la palabra mesa. Al sistema lo forman unidades aislables, discretas y repetibles. Los hablantes pueden comunicarse en relación con cosas y procesos que no están presentes en el momento de la comunicación. El número de mensajes nuevos por construir o interpretar es en principio infinito. Tanto la señal como su significado están construidos con partes analizables, pero las partes más pequeñas de la señal pueden no tener un significado, que es lo que ocurre con frecuencia con las sílabas. Buena parte del conocimiento (inconsciente) del sistema se transmite de una generación a la siguiente. El sistema permite enviar señales que son mentira o que son absurdas. El dominio del sistema se aprende por fuera de instituciones de educación formal, y el individuo puede aprender por sí mismo distintos dialectos del sistema. El sistema, aún más, puede usarse para hablar del sistema.

Aquello a lo que yo creo que hace referencia (o intenta referir) la expresión “lenguaje sexista” es al uso de expresiones (lingüísticas o no) con las que se intenta disminuir el valor de quienes no son varones o machos. Pero eso no es un asunto lingüístico, ¿o sí? Es un asunto ético, sociológico, político, de educación…, pero no lingüístico porque, como bien dice Bosque, las lenguas no tienen sexo. Y no tienen sexo entre otras razones porque ni siquiera son organismos. Las lenguas pueden ser (y son) orgánicas (es decir organizarse a imagen y semejanza de los organismos) pero organismos no son.

En lingüística es un error grave confundir género (que sí es una categoría gramatical, lingüística) con sexo. La expresión mosca tsé tsé, por ejemplo, hace referencia a una especie o un grupo de especies. A todos los miembros de esas especies los llamamos mosca y si necesitamos hablar de la mosca tsé tsé macho hay que hacerlo así; no parece conveniente hablar de mosco tsé tsé, porque mosca y mosco en español hacen referencia a dos tipos de especie muy distintos uno de otro, es decir a dos géneros y no a una diferencia sexual. Caballa no refiere a la hembra del caballo, sino a un pez.

Entonces, ponernos a meterles mano a las lenguas (a la española o a cualquier otra) y al lenguaje en ese sentido puede llevar a enloquecernos. ¿Se imagina, no más, lo que sucedería si decidiéramos que ahora en español los números tienen que concordar en género con los nombres? Cuatro señores y cinca niñas. ¡Sería de sentarnos todos a volver a aprender a hablar! Y tal vez el beneficio para las mujeres y los no varones no sería, al fin y al cabo, tan significativo. En cuanto a este punto, yo creo lo mismo que Bosque: Mucho más a favor de las mujeres (y en general, de los no varones) podemos actuar en muchos otros sentidos, mucho más eficaces y verdaderos.

*Departamento de Lingüística, Universidad Nacional de Colombia, raperryc@unal.edu.co
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