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Opinión

  • | 2012/11/21 00:00

    Muchos machos

    El editor de Cultura de SEMANA, Felipe Restrepo Pombo, da su punto de vista sobre las frases "discriminatorias" que emitió el senador Gerlein sobre el matrimonio homosexual.

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Cuando uno ve por primera vez las aterradoras imágenes de la reciente intervención de Roberto Gerlein ante el Senado, siente ganas de reír. Durante el discurso, en el que afirma sin inmutarse que el sexo entre dos hombres es “sucio, asqueroso, sexo que merece repudio y es un sexo excremental”, entre otras barbaridades, hace pausas teatrales, similares a las que utilizaban Hitler y Mussolini para impresionar a su público. También, entre frase y frase, el senador esboza una sonrisa macabra que recuerda los retratos de Papas que el pintor Francis Bacon hizo a finales del siglo XX. Una sonrisa a medio camino entre un grito y una carcajada que, como digo, al principio da ganas de reír. Pero, si se observa con detenimiento, produce terror.

El hecho de que Gerlein sea una triste caricatura de un Papa déspota o de un dictador fachista no es necesariamente malo. El problema es que, desde hace varias décadas, es senador de Colombia. Y ahí el asunto se complica: ¿qué tanto deben influir las creencias, las fobias y los deseos reprimidos de los gobernantes en las decisiones de Estado?

En el caso de los derechos para los homosexuales, parece ser que son una parte determinante. Aunque no todos los miembros del Congreso son tan estúpidamente directos como Gerlein, por lo general, piensan igual. O guardan un silencio hipócrita y escogen una posición ambigua igual de dañina.

Aunque Colombia tiene una legislación moderadamente liberal sobre el tema —en particular gracias a la Corte Constitucional— algunos de nuestros hombres políticos todavía se declaran homofóbicos.
 
Recuerdo que hace algunos años el entonces del presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar, dijo sobre el matrimonio entre parejas del mismo sexo: “Realmente va contra la naturaleza y va a quebrar los valores de nuestra sociedad”.
 
El actual ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, también dio muestras de una sabiduría infinita cuando dijo que los homosexuales “no tienen la estabilidad necesaria para adquirir ese tipo de obligaciones”.

No vale la pena detenerse demasiado en este tipo de actitudes que, por cierto, invitan peligrosamente a la discriminación y al odio.
 
Sólo creo que si Salazar, Vargas Lleras o Gerlein no tienen amigos ni familiares homosexuales —aunque deben tener muchos más de los que sospechan— deberían saber que las parejas homosexuales son, por lo general, estables. O, al menos, igual de estables o inestables que las parejas heterosexuales.
 
También deberían saber que si dos personas del mismo sexo toman la decisión de formar una familia y adoptar hijos —a pesar de las dificultades que eso conlleva— es porque tienen un alto grado de compromiso. Y ni hablar de lo grotesco—además de ilegal, supongo— que resulta el hecho de que censuren lo que las personas hacen con su intimidad.

Los sosos argumentos en contra del matrimonio y la adopción gay giran en torno a dudosas suposiciones científicas o imposturas morales. ¿Quién puede definir cuál es una familia apropiada y cuál no lo es para la sociedad? En países donde está permitido que los homosexuales se casen y tengan hijos no ha pasado nada diferente a lo ocurrido desde que las parejas heterosexuales hacen lo mismo: la sociedad no se ha desmoronado ni Dios ha mandado una lluvia de fuego.

Un Estado no debería anteponer los temas religiosos ni morales al bienestar de todos los ciudadanos. Su tarea es trabajar por la igualdad y asegurarse de que todos tengan las herramientas para realizarse. Los hombres políticos que menosprecian las libertades personales y que rechazan a quienes consideran diferentes tejen un manto de duda sobre su vocación democrática.

Como ocurre con Gerlein cuando revela, con cada una de sus declaraciones, su verdadera naturaleza. Su posición de hombre fuerte no es más que una cortina de humo para esconder que, a pesar de ser heterosexual, es en realidad eso que tanto desprecia: un reprimido.

twitter: @felres
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