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Opinión

  • | 1996/12/16 00:00

    MUERE LA CONSPIRACION? (2)

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Bajo este título Enrique Santos escribió en su columna de El Tiempo un análisis franco y descarnado de las razones que, según él, aún mantienen a Samper en el poder.Sin embargo, que Samper no se caiga, no necesariamente significa que la conspiración tenga que morir. Conspirar, según el nuevo sentido que este gobierno le ha dado al verbo, es un estado de ánimo según el cual se considera deseable la renuncia de un Presidente elegido con dineros del narcotráfico. Conspirador, según la redefinición hecha por el gobierno, ha sido todo aquel que ha expresado en público ese sentimiento. Y conspiración, según la misma fuente, es la reunión de esos conspiradores, que suman el 57 por ciento del país, y que seguirán pensando lo mismo hasta el último minuto, de la última hora, del último día.De manera que, para desgracia del Presidente, la conspiración en su contra nunca morirá. Puede, sí, que haya fracasado, porque desde luego lo deseable habría sido que el país quedara en otras manos. De manera que la pregunta apropiada aquí no es la de si la conspiración morirá _ya sabemos que no_ sino la de por qué fracasó. Además de las razones de la columna de Enrique Santos, yo añadiría las siguientes:* La confesión de Botero: El primer gran revés de la conspiración se produjo cuando Fernando Botero tomó la decisión de contar la verdad, para denunciar la culpabilidad de Samper, pero diciendo mentiras, para salvar su propio pellejo. Terminó afirmando que Samper era culpable, pero por deducción de él, y no por conocimiento directo. Entre deducir la culpabilidad de Samper y denunciarla (¡sólo tenía que decir que ambos sabían!) hay una diferencia que pudo representar la bobadita de la salvación del Presidente.* La lentitud del proceso: El año y medio que lleva desenvolviéndose este proceso le permitió al Presidente manejar la táctica de 'relativizar' los acontecimientos. Lo que comenzó como un complot de la cúpula de la campaña samperista con la cúpula del cartel de Cali, terminó convertido en una sencilla filtración accidental de dineros calientes a la campaña. La que era una inadmisible manera de hacerse elegir a la Presidencia, terminó como un pecado consuetudinario de todos los colombianos. Cuando el asunto finalmente llegó al Congreso, ya no era muy grave. Es muy improbable que haya un congresista, o un samperista, que todavía dude de que Samper sabía. Eso no lo duda ni Hernando Santos. Pero para todos ellos las cosas distan mucho de ser la monstruosidad que parecieron ser en un comienzo.* El caso de los ministros: Voluntaria o accidentalmente, la Fiscalía dejó que creciera peligrosamente en la opinión la idea de que los ministros Serpa, Pardo y Turbay irían a la cárcel por complicidad. Cuando finalmente se tomó la decisión de vincularlos al proceso pero sin dictarles auto de detención, el gobierno hábilmente presentó la noticia como la prueba de la inocencia de los ministros. La Fiscalía perdió credibilidad y el proceso perdió dinamismo.* El papel de El Tiempo: El periódico más importante del país siempre le dio a Samper el beneficio de la duda en la primera página, en los titulares y en el editorial. Su director se la jugó definitivamente a favor de Samper, bien por respeto al debido proceso, por lealtad partidista, por justicia, por amistad o por lástima. Pero indudablemente El Tiempo le dio a Samper el respiro salvador.* La solidaridad de los Rodríguez: Sabían que si hablaban, se caía el gobierno. Ni locos le apostarían a un sucesor de Samper que pueda tomar la decisión de extraditarlos.* El silencio de Mestre: Por caballerosidad, o valentía, o discreción, o cobardía, Eduardo Mestre se la jugó a la fórmula del silencio. Fue el hombre que le llevó la idea de la financiación de los Rodríguez a Samper, y es el único que puede decir con exactitud qué le respondió el entonces candidato.* El manejo del juicio: Dos cosas en el proceso ante el Congreso jugaron definitivamente a favor de Samper. La primera, que no hubieran dejado hablar a los principales testigos en su contra, Medina y Botero. Fue, definitivamente, un juicio en el que sólo hubo defensa. Y dos, que con ayuda de Marta Catalina y demás miembros del equipo, se hubiera logrado que el juicio terminara siendo jurídico y no político.* La suerte de los desertores: La forma como terminaron catalogados de traidores por la opinión los pocos del círculo activo de samperistas que se pasaron a la tesis de su culpabilidad, demostró que en Colombia puede ser más grave la deslealtad que los coqueteos con los narcotraficantes.* La personalidad de Samper: Samper demostró tener cara y descaro. Cara de gente decente, que impidió que muchos pudieran creerlo capaz de hacer lo que hizo, y descaro para inventar todas las mentiras (remember la mano tan larga que le daba la vuelta al salón de la fotografía con la monita) necesarias para tapar la verdad.* La identidad de los conspiradores: En su gran mayoría el brazo político de la conspiración estuvo constituido por ciudadanos que eran más identificados como antisamperistas per se (por razones partidistas) que como antisamperistas incidentales, movidos a esta ubicación en razón del proceso contra el Presidente. Eso facilitó que la conspiración moral contra Samper se confundiera con la oposición política contra el Presidente liberal.* El 'timing' del escándalo: La lentitud de los acontecimientos ha hecho que nos agarre 1997 con Samper en el poder. El sentido práctico de los colombianos indica que a seis meses de iniciarse la nueva campaña presidencial, ya lo que hay que tener frente a Samper es resignación.
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