Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/09/22 00:00

Mujeres en la radio

Alejandra Azuero analiza lo que significa la presencia de las mujeres en el dial

Mujeres en la radio

No suelo mover el dial del F.M. en muchas direcciones. Usualmente me levanto con una emisora, trabajo durante el día con otra, y en las noches escucho el programa periodístico favorito de mi compañero de apartamento. Sin embargo, todos los días utilizo el servicio de transporte público para recorrer la distancia entre mi casa y mi lugar de trabajo. Todos los días, tomo un taxi o un bus y, a lo largo del trayecto, escucho diversas voces femeninas que vienen de la radio. Recuerdo los nombres de algunas de estas voces femeninas; de la mayoría solamente me llega el sonido anónimo de sus palabras. Lo que me llama particularmente la atención es que estas voces que no conozco pertenecen a mujeres que –a mi modo de ver– están tolerando –tanto consciente como inconscientemente– altos grados de sexismo en sus espacios de trabajo.

A diario, un gran número de ciudadanos no sólo es testigo de los chistes de mal gusto y los comentarios misóginos de los hombres que dirigen los programas de radio en las emisoras de música de alta audiencia, sino que también debe presenciar la actitud complaciente de sus contrapartes femeninas frente a las salidas en falso de sus colegas. Emisoras como Candela, Olímpica, La Vallenata, La Mega y Radioactiva figuran entre las estaciones de radio más escuchadas en Bogotá, al igual que en otras ciudades del país. En ellas, la locución suele estar a cargo de un equipo compuesto tanto por hombres como por mujeres quienes, diariamente, conversan al aire sobre temas tan diversos como el clima, la actualidad política, la sexualidad y la vida cultural de la ciudad. Sin embargo, en medio del merengue, reguetón, rock y tropipop, así como de un libreto diseñado por el equipo de producción, los radioescuchas somos testigos de la desconcertante posición que han asumido las mujeres en la radio de entretenimiento en el nivel nacional.

En este aspecto, la radio de entretenimiento se diferencia de la radio periodística. Es precisamente la combinación del formato radial, el tipo de temas tratados y las audiencias a las que va dirigida, aquello que contribuye en mayor medida a la reproducción de estructuras sexistas en el primer caso. En efecto, las mujeres se han adaptado en demasía al formato y contenido de la radio masiva de entretenimiento y, al hacerlo, han asumido un rol que hoy en día parece haberse convertido en una de las exigencias de su profesión: el hombre es el protagonista y la mujer está ahí para secundar todas sus ideas, sin contar con un espacio para manifestar –sin ser ridiculizada por sus compañeros– su opinión o su visión frente a un tema en particular. Y en el mejor de los casos, deberán tolerar, como parte legítima de su labor, las referencias de sus colegas a sus cuerpos, la mayoría de las veces cargadas sexualmente.

Este fenómeno, también se ha convertido en una preocupación en otros países de América Latina, y en esa medida, han comenzado a ser discutidas las posibles explicaciones del mismo. Estos intentos por explicar el rol de la mujer en la radio de entretenimiento en el nivel regional, podrían aportar luces para entender cuáles son las razones que explican el fenómeno en el nivel local.

La confianza entre los equipos de trabajo ha sido invocada por algunas mujeres del medio como una primera razón que justifica la falta de profesionalismo con que los hombres tratan a sus compañeras de trabajo en estas emisoras. Desde esta perspectiva, lo que para algunos oyentes constituye una conducta ofensiva hacia las mujeres, sería visto por los miembros del equipo de locutores como un signo de camaradería. No obstante, como argumento que debilita esta explicación, hay que señalar que son las mismas locutoras quienes denuncian el acoso sexual en el interior de sus equipos de trabajo, tal y como lo han documentado varias redes de mujeres en América Latina, dedicadas a defender una comunicación radial respetuosa de la perspectiva femenina. Desde esta óptica, el argumento de la confianza entre los miembros del equipo resulta sospechoso, en la medida en que puede estar ocultando situaciones de acoso sexual dentro del espacio de trabajo.

Un segundo argumento que puede explicar el fenómeno, tiene que ver con el rol poco profesional que se ha atribuido a las mujeres en los medios radiales. En efecto, tradicionalmente, el papel de la mujer en la radio la ha mantenido aislada de las labores técnicas. Como afirma la líder de una red latinoamericana de mujeres locutoras: “recuerdo que cuando empecé a trabajar en radio, a las mujeres les estaba prohibido entrar a la cabina, y estoy hablando de los años 80”. Asimismo, algunas locutoras en emisoras de radio de entretenimiento, reconocen que los temas que les asignan usualmente son asociados con tópicos menos especializados o técnicos, como es el caso de la estética, la farándula, las curiosidades y la vida cultural, entre otros.

Otra explicación al problema de las mujeres en la radio tiene que ver con la tensión que surge en el espacio laboral cuando las locutoras reaccionan frente a los chistes o comentarios sexistas, tanto al aire como tras bambalinas. Un ejemplo proveniente de Argentina permite ilustrar el punto. Durante una entrevista a varias locutoras radiales de ese país, una de ellas afirmó que cuando una colega reacciona decididamente frente a los chistes de sus compañeros, surge una tensión difícil de manejar en el espacio de trabajo, lo cual en muchas ocasiones conduce a que las comunicadoras renuncien. Según las entrevistadas, si les hacen comentarios denigrantes, ofensivos o simplemente incómodos al aire, ellas tienen la obligación de ser cómplices y reírse pues, de lo contrario, corren el riesgo de quedarse sin trabajo. Como enfáticamente afirmó una de ellas: “mujeres en la radio hay, quién podría dudarlo. El problema es que las más de las veces están para tolerar chistes misóginos, generar fantasías sobre escotes que existen o no, reírse de las ocurrencias de ellos o tal vez inspirarlos”.

Paradójicamente, en un medio de comunicación en el cual la apariencia física no debería ser un criterio de elegibilidad, hay mujeres que afirman que el cuerpo y los atributos físicos son importantes para ser contratadas en un equipo de locución. En palabras de la gestora de una red de radio femenina a través de Internet, “para ser contratadas, no se ve la capacidad de comunicación, pero sí tu cuerpo, tu apariencia”.

En suma, al tratar de explicar la posición desde la cual las comunicadoras están participando en la locución radial de emisoras de entretenimiento, se evidencia que esta situación es uno de los indicadores de un fenómeno más amplio. Los espacios de trabajo en el interior de los medios masivos de comunicación –incluida la radio, la prensa y la televisión– son escenarios en los cuales las mujeres –de forma consciente e inconsciente – tienden a asumir un rol que valida las actitudes sexistas al aire. Sin embargo, mientras sean las mismas locutoras de radio quienes toleran y participan de las estructuras sexistas, la radio seguirá sonando, y sus voces anónimas nos seguirán recordando que, nosotros, del otro lado, no tenemos otra opción distinta a seguir cambiando el dial.

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