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Opinión

  • | 2006/10/14 00:00

    Mujeres vencidas

    María Antonia García de la Torre entra al debate y se viene lanza en ristre contra sus colegas de género por haber posado en el calendario ‘Mujeres sin fecha de vencimiento’.

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La mejor forma de llamar la atención es empelotándose. El desnudo de los famosos llena las cuentas bancarias de los paparazzi en el mundo entero porque el público pagará siempre por confirmar, tal vez, que sus ídolos tienen los mismos pechos y las mismas llantas que ellos. Así confirman que ellos también son humanos. Frente a un hombre en pelota en una manifestación, lo único que resta es mirar, y, claro, escuchar lo que tiene que decir. Su discurso es más importante por su audacia de exhibirse ante desconocidos sin nada que lo cobije.

Es admirable que manifiesten en pelota, máxime cuando sus cualidades físicas se han mermado por el paso del tiempo y por el efecto de la gravedad. El escrutinio público es implacable. Pero los espectadores son indulgentes, porque suponen que el destape se debe a la fuerza de sus convicciones. El caso más reciente de desnudo colectivo –y en formato calendario para perpetuar la hazaña– lo protagonizan 11 mujeres mayores de 50 años.
 
El calendario, ‘Mujeres sin fecha de vencimiento’ surte su efecto principal: llamar la atención. Es, en Colombia, el calendario más comentado en radio, prensa escrita y televisión. Estas mujeres se lanzaron al agua, en viringa, convencidas de que así difundirían su mensaje con la mayor efectividad posible.

Una de ellas encarna la belleza de Venus de Botticelli, un poco más entrada en años y con unos cuantos kilos de más. La concha de la que nace esta diosa griega, está hecha de poliéster blanco y papel aluminio. Bueno, al menos conserva cierto decoro y permite imaginar cómo sería Venus a los 50 años, de rasgos latinos. Otra de las fotografías recuerda a la sufrida Frida Kahlo, con punzones emergiendo de su vientre y con las correas que mantuvieran derecha su columna estropeada. La modelo pretende reivindicar la belleza de la artista mexicana, con un estoicismo innegable.

Y así, cada una de ellas deleita la vista en un mes distinto del año, con su cuerpo desnudo como discurso. Podría decirse que, a juzgar por las poses y por la calidad de las imágenes, querían, deliberadamente, verse feas. Podría entreverse un hastío por modelos estéticos asfixiantes. Podría creerse que su discurso apunta hacia el enaltecimiento del intelecto por encima de la apariencia. Sin leer ningún texto explicativo, se crearía la sensación de que estas mujeres están haciendo un calendario que sea el anticalendario, que nadie se sienta a gusto viendo a las modelos y que eso produzca una sensación de repudio, al punto de llegar a la conclusión de que “ya estuvo bien”. Que los hombres y mujeres que vean el calendario comprendan que es hora de liberar a las mujeres de modelos de belleza obsoletos.

Sería una forma desafiante, agresiva, casi desagradable, pero lograrían su objetivo: las mujeres podemos ser feas, ¿y qué? Podemos envejecer, ¿y qué? El cuerpo no lo es todo, tenemos nuestro intelecto y no nos hace falta la adulación de otros. Es más, nos importa tan poco ser feas, que hasta podemos posar en un calendario sin problema. El mensaje sería coherente, y se habría logrado de manera valerosa. Pero, claro, siempre es bueno confirmar que ese es su objetivo. El texto que aparece en una revista cultural se opone, sin embargo, a la idea que uno parece entender. De hecho, no sólo no se consideran feas, sino que quieren que las consideren bonitas, como cualquier modelo de 20 años. Están tan seguras de su belleza, que muestran sus pechos jubilosas, como si revelaran ante el mundo el eslabón perdido.

La confusión es grande, y ya su gesta transatlántica se vuelve saltito de charco. No critican que la mujer sea objeto sexual en los medios, no les importa que aparezcan calendarios de Sports Illustrated llenos de nalgas y de clavículas sugerentes. Su única propuesta es: “Yo también quiero que me digan que soy linda”. También quiero despertar ese mismo erotismo y también quiero que me deseen. Seguro que este calendario generará reacciones antagónicas –a algunos hasta puede gustarles– pero creo que su afán por rebelarse contra algo que no tenían muy claro, mezclado eso con una rebeldía que no cabe ya en señoras de esa edad, deriva en un descalabro monumental. Si su objetivo era llamar la atención lo lograron, pero el beneficio fue mayor para los espectadores que para ellas mismas. Nos dieron un tesoro jamás imaginado: un set de fotografías de mujeres feministas, en las poses más machistas posibles.
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