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Opinión

  • | 2009/01/21 00:00

    Muñecas de porcelana

    La imagen ideal del cuerpo femenino como un saco de huesos está tan difundida que ya hay redes de jóvenes dedicadas a promover la anorexia y la bulimia como estilo de vida.

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Por estos días se estrenó para toda América Latina una nueva versión de la serie Beverly Hills 90210, un programa que cautivó a los adolescentes de los noventas con las historias de un grupo de adinerados jovencitos californianos. A simple vista el remake no dista mucho de la versión original. Se trata de nuevo de los problemas de un grupo de jóvenes para quienes el dinero, la belleza y el glamur son el centro de sus vidas. Sin embargo, hay una gran diferencia entre las dos series que tal vez muchos fanáticos de la versión original no perciben: las actuales protagonistas pesan 15 kilos menos que las actrices de los noventas.

Y no es un hecho al azar. Es sólo un ejemplo de cómo los estándares de belleza impuestos por los medios de comunicación venden cada vez más la imagen del cuerpo femenino como un saco de huesos. Televisión, cine, pasarelas y publicidad hacen que pesar más de 40 kilos parezca un delito imperdonable. Esta manipulación de la percepción de belleza ha empujado a miles de jovencitas en el mundo a padecer desórdenes alimenticios con consecuencias físicas y psicológicas aterradoras, e incluso mortales.

El frenesí por la delgadez extrema es un problema sobre el cual se ha hablado en Colombia, pero que requiere mayor atención. Especialmente en lo que respecta al papel de los medios masivos de comunicación. De hecho, una cuestión no muy conocida en nuestro país es la comunidad virtual de las “muñecas de porcelana” o Pro ANA/MIA. Bajo el lema de “nadie dijo nunca que fuera fácil llegar a ser una princesa”, ANA/MIA es una especie de sociedad secreta que busca promover la anorexia y la bulimia no como trastornos alimenticios sino como estilos de vida. ANA es el nombre dado a la anorexia y MIA a la bulimia. La red, que está compuesta por niñas Pro ANA y Pro MIA, cuenta con cientos de páginas, foros y blogs a través de los cuales adolescentes de todo el mundo comparten información y trucos para lograr su objetivo.

Los foros se basan, principalmente, en algo llamado ‘Thinspiration’ que consiste en propagar fotos de “gente linda” como fuente de inspiración, además de proporcionar muchos otros “consejos útiles” sobre cómo esconder su misión – ‘no le cuentes a la gente grande’, ‘no digas que te sientes gorda o muestres alguna fijación sobre tu peso que te pueda delatar’, etc.

Pero el método más impresionante y descabellado que comparten estas páginas consiste en las técnicas de autoagresión, cuyo objetivo es enseñar a las jóvenes a infringirse distintos grados de dolor buscando “quemar calorías” y “controlar la voluntad propia”. Estas técnicas van desde trucos sencillos tales como comer derecha para hacer digestión más rápido y absorber así menos nutrientes, tomar mucha agua para bajar de peso y sentirse “más llena”, rechazar las carnes (bajo la excusa de que quieren proteger a los animales); hasta elaboradas formas de auto tortura como técnicas para provocar el vómito con mayor facilidad, comodidad y discreción, tomar vinagre antes de comer para estimular el metabolismo, no lavarse los dientes después de vomitar para evitar que los ácidos se disuelvan, y auto inflingirse dolor cuando sientan hambre para asegurar que el apetito sea asociado con castigo.

Con la proliferación de programas de televisión como el nuevo 90210 y la masificación del Internet, la cofradía de las muñecas de porcelana puede estar más cerca de lo que pensamos. Incluso en nuestra propia casa. Un contexto social de tipo patriarcal como el colombiano -en donde cumplir con cánones de belleza se aplica con mayor rigor sobre las mujeres- es un excelente caldo de cultivo para incentivar estos patrones de conducta. Además, estas enfermedades no reparan en el lugar o la clase social que atacan, pueden llegar a Ibagué o a Cúcuta, a Kennedy o a Rosales.

Estamos pues en mora de que la sociedad colombiana tome conciencia de que el problema no es sólo de niñas, médicos y colegios, sino que es una cuestión que involucra a la sociedad en general. Un problema de salud pública que requiere la adopción de medidas de política de largo alcance destinadas a desactivar todos los factores que invitan a nuestras princesas a convertirse en esclavas de la belleza. Programas como el “Proyecto delgadez” de Medellín y “Salud al colegio” de Bogotá son un buen comienzo.

***

Recomendado: una impactante muestra de conversaciones y fotos comunes en estos foros se encuentra en el artículo “Ana Mía” escrito por Natalia Orduz Salinas para el periódico universitario Cantaleta (disponible en Internet).



*Nelson Camilo Sánchez es investigador de DeJuSticia. El Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad -DeJuSticia-(www.dejusticia.org), creado en 2003 por un grupo de profesores universitarios, con el fin de contribuir a debates sobre el derecho, las instituciones y las políticas públicas, con base en estudios rigurosos que promuevan la formación de una ciudadanía sin exclusiones y la vigencia de la democracia, el Estado social de derecho y los derechos humanos.

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