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Opinión

  • | 2006/10/07 00:00

    Muros, fronteras, torturas

    Con la excusa del terrorismo están desmontando sin que nos demos cuenta las libertades conseguidas en siglos de lucha por el pensamiento humanista

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Recuerdo cuando el muro de Berlín era una herida abierta. En la Berlín de hoy, serpenteando por el suelo, queda la cicatriz de una hilera de ladrillos a ras de la calle que recuerda el trazado de aquel muro infame que rodeaba toda la parte occidental de la ciudad y la convertía en una isla. Subsisten simulacros de algunos Check Points, hay un museo del muro, se exhiben fotos de las garitas de los vigilantes, de las alambradas eléctricas, de los militares autorizados a disparar si alguien intentaba saltar el muro y hay listas de las víctimas que murieron en el intento. Estados Unidos era el país que más abominaba la existencia de aquel muro, y en todas partes lo señalaba como una evidencia más del fracaso de las sociedades comunistas. Era un muro construido para que nadie pudiera salir, para que los alemanes de la RDA no pudieran escapar a Occidente. Y era, por supuesto, una vergüenza.

Pero es muy fácil ver las vergüenzas ajenas y no ver las propias. Ahora el que construye muros, infinitamente más extensos, son estos Estados Unidos gobernados por el peor Presidente de su historia: George W. Bush. Las dos leyes que acaban de pasar en el Congreso de Estados Unidos son terribles y el mundo pareciera no darse cuenta de que la única superpotencia de la tierra se está convirtiendo en un Estado totalitario ante nuestras propias narices. Todavía no para los propios estadounidenses, pero sí para los demás habitantes del planeta.

Mediante la primera ley se legaliza la desaparición de personas y también su tortura. Dirán que estoy exagerando, pero no es así. El hábeas corpus es un principio universal de cualquier Estado de derecho, mediante el cual todo detenido debe ser presentado en breve tiempo ante un juez competente, con acusaciones claras en su contra y con derecho a la defensa, para definir si su arresto es justo o no. Esto es lo que ahora niegan los Estados Unidos. No habrá hábeas corpus para extranjeros (alien detained), ya que si los servicios de seguridad determinan que el detenido es alguien que ha sido identificado como "combatiente enemigo", o alguien que "espera ser identificado como tal", ninguna corte, juez o magistrado podrá invocar el hábeas corpus. Es decir, lo pueden arrestar indefinidamente sin decir dónde (que es una frase larga sinónima del verbo desaparecer). Y pueden además interrogarlo con métodos como "simulación de ahogamiento", que en tiempos menos hipócritas se llamaban con una sola palabra: tortura.

La segunda ley aprobada por el Congreso de Estados Unidos le concede a Bush 6.000 millones de dólares para construir un muro de 1.100 kilómetros en la frontera mexicana. Ellos no le dicen muro (wall) sino cerca (fence), un eufemismo para algo mucho más sofisticado que un muro: doble hilera de mallas y alambrados, con detectores de intrusos, dispositivos electrónicos, alarmas, y guardias que pueden disparar a los infractores. No es un muro para no dejar salir, sino para no dejar entrar. Y es, también, una vergüenza.

Dirán que si no lo construyen se llenan de inmigrantes y México se queda sin mexicanos. Lo mismo decían los de la RDA, que si no construían se quedaban sin alemanes. Este muro de Bush es carnita que se les echa a los leones del circo de la ultraderecha para que voten por los republicanos en las próximas elecciones. Porque la frontera seguirá siendo porosa: hay otros 2.000 kilómetros de frontera sin muro. Es un símbolo, como lo era el muro de Berlín, del repudio por el vecino, del miedo a lo distinto, un monumento a la xenofobia. ¿Cuándo se darán cuenta los gringos de que no todos los latinoamericanos queremos vivir allá? ¿Cuándo percibirán que los suburbios del 90 por ciento de sus ciudades son una sucursal del Limbo o una antesala del Infierno?

Con la excusa del terrorismo islámico están desmontando sin que nos demos cuenta las libertades conseguidas durante siglos de luchas por el pensamiento humanista y liberal. Y con la excusa de la invasión de los pobres, por el miedo a las hordas de los bárbaros, se están encerrando en una fortaleza inútil que de todas maneras será penetrada. Así como el muro de Israel no ha resuelto el problema de los palestinos, el muro de México no va a parar la inmigración ilegal, sólo la hará más cara y riesgosa.

La República Democrática Alemana construyó el muro por miedo a la libertad. A la libertad de movimiento. Bush tiene una ideología muy similar, totalitaria, con un idéntico miedo a la libertad. Ve terroristas donde no los hay, suprime libertades fundamentales, construye muros para detener a los pobres, y autoriza torturas copiadas de los Khmer Rouge. Lo malo es que cuando se compruebe su fracaso, el daño a la libertad de todos ya estará hecho. A los ilegales cazados no los podrán resucitar. A los torturados ya no se los podrá des-torturar. Y los desaparecidos inocentes reaparecerán tan sólo para morir de rencor.

Rectificación: dije hace dos semanas que Chávez había metido la pata al declarar muerto a Chomsky. Fue un error de traducción del New York Times, de donde tomé la noticia. Cómo será de horrible Bush, que hasta un payaso como Chávez, frente a él, parece tener razón.
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