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Opinión

  • | 2000/03/20 00:00

    !Nafticémonos!

    La entrada podría ser jalonada por el hecho de que Colombia es el país geopolíticamente más importante del continente para Estados Unidos

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En pocos días los integrantes del ‘euro-tour’ regresarán a Colombia con las manos llenas de ‘chuspas’ y la cabeza llena de ‘modelos económicos’. Ya se empaparon del igualitarismo capitalista sueco; del capitalismo independiente noruego; del pacífico federalismo suizo; del agua bendita de la Santa Sede. Pero mientras el ‘euro-tour’ avanzaba en su recorrido, analizando esquemas prácticamente irreales para aplicar en Colombia, aquí en el país se prendía la discusión alrededor de un debate económico real: la posibilidad de que nuestro país ingrese al Nafta.

Será tan real este debate económico, que inmediatamente saltaron a la palestra las dos tendencias ideológicas liberales de la actualidad: la aperturista del gavirismo, y la proteccionista del samperismo. Mientras representantes de la primera tendencia salieron a aplaudir la propuesta, como Rudolf Hommes, para quien por cuenta de ella “este podría ser el año de Pastrana”, a samperistas ‘uno A’, como Horacio Serpa, no se les pudo sacar una palabra sobre el Nafta. Pero hasta Pastrana fue acusado de estar lanzando ‘cortinas de humo’ por el ex ministro Juan Manuel Santos, para quien la idea del Nafta “no es nueva, ni mala, sino inoportuna”.

La verdad, sin embargo, es que la propuesta de Pastrana está muy lejos de ser el canal interoceánico de Samper. Un presidente sin visa a Estados Unidos no podía perder el tiempo inventándose fórmulas para atrapar a dicho país como socio comercial de Colombia, y por eso no sólo no se hizo ningún esfuerzo al respecto, sino que se convirtió en doctrina del samperismo un odio visceral contra Estados Unidos, que hoy su hermano Daniel ventila una sí, otra no, en su columna de El Tiempo.

Nadie ha dicho que el ingreso de Colombia al Nafta sea fácil, ni pronto. Pero es factible, y ultraconveniente. Mientras en el fondo nadie sabe en qué consiste ese modelo económico que las Farc buscan afanosamente en Europa, aquí se ha puesto sobre la mesa una alternativa para escoger cuál es la Colombia que queremos ver en 20 años. ¿Una encerrada en sí misma, rodeada de países igual o más pobres y atrasados, o, de llegar a ‘naftizarnos’, una abierta hacia el mundo, y concretamente de socia del país más rico y boyante del planeta?

El ejemplo de México es perfecto. En dos años, su desempleo bajó del 11 por ciento a una cifra inferior al 3 por ciento. Su comercio se incrementó en un 300 por ciento. Mientras tanto, el comercio de Colombia con sus vecinos bajó en un 50 por ciento, al tiempo que con Estados Unidos, sin contar el petróleo, se aumentó en un 25 por ciento, gracias a lo cual evitamos un colapso comercial.

¿Dónde es, pues, mejor que Colombia se ancle: en el corazón de Bolivia, o en el del coloso del norte?

Adicionalmente, la factibilidad de que entremos al Nafta podría ser jalonada por el hecho de que Colombia está demostrando ser geopolíticamente el país más importante del continente para Estados Unidos. ¿Sería soñar mucho si, como complemento de la ayuda militar que estamos recibiendo, ya nuestra meta no fuera recibir las dádivas de los norteamericanos sino convertirnos en sus socios comerciales?

Cartagena está a dos horas de Miami, cuando desde México se gastan tres horas. Geográficamente hablando, estamos más lejos de Brasil y Argentina que de Estados Unidos. Si con base en estas condiciones, pudiéramos aumentar nuestro comercio con dicho país, de 6.000 millones de dólares a 20.000 millones, ¿quién se atrevería a decir que mejor no, sin provocar que el economista David Ricardo se revolcara entre su tumba?

Es así de obvio. El más sofisticado sistema político europeo colocado sobre la mesa de negociaciones con las Farc no evitará la inminencia del auténtico debate económico que se llama Nafta. La verdadera sustitución de cultivos para erradicar el narcotráfico no es la de cambiar coca por yuca, sino la de transformar toda una industria económica basada en la producción de droga en un inmenso esquema comercial que le permita por fin a la industria colombiana ser competitiva en Estados Unidos, el mercado más grande del mundo, sin que al golpear a la puerta del coloso del norte nos aparezcan los antipáticos aranceles o cuotas para indicarnos que no hay vacantes.

Si la Colombia de unos años para adelante depende de qué posición tomemos frente a este debate, entonces, será necesario que las Farc aterricen muy pronto. Y no sólo procedentes de Europa.
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