Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/06/14 15:43

El fenómeno impensable de PPK

La preocupación de la gente va más allá de la polarización política; el futuro económico cuenta mucho más.

Nancy Patricia Gutiérrez.

El empate técnico que resultó en la segunda vuelta de las elecciones en Perú, coincide no solo con el debate de los últimos 15 años sobre los efectos de un gobierno de mano dura que acabó con el terrorismo, sino sobre la crisis desatada por la inseguridad derivada del narcotráfico y la delincuencia común, en contraste con la prosperidad económica de un país que no duda de su modelo económico, a tal punto que las propuestas de los candidatos de segunda vuelta tenían pocas diferencias.

El futuro económico es lo que realmente preocupa al mundo; ya hay voces que auguran el fin del capitalismo salvaje, pero mucha desconfianza genera el socialismo populista que no tiene fundamento serio, tal como pasa en Venezuela, ocurrió en Argentina y llevó a la debacle al gobierno de Brasil.

En 2011 fue elegido Ollanta Humala,  de quien se llegó a especular sería aliado de Maduro; sin embargo, a pesar de escándalos de corrupción, logró mantener la senda que ha llevado  al Perú a un sobresaliente desempeño económico, que permitió que un candidato impensable como PPK, se convirtiera en un fenómeno, ya que  la gente confió en su experiencia y formación académica, representando el otro extremo de la politización del hambre del pueblo, que  ha creado pánico sobre figuras  improvisadas y demagogas como tristemente ocurre en Venezuela, en donde su presidente  impone medidas absurdas, como pretender  solucionar el problema de la crisis energética  importando de la China dos millones de aires acondicionados de bajo consumo y  disminuyendo la jornada laboral de los empleados públicos a dos días a la semana y la escolar a cuatro, o la escasez de alimentos mandando  a sembrar lechugas y tomates en sus casas.

En Estados Unidos además del desafío que ha planteado Donald Trump, la gente ve que un millonario exitoso puede ser garantía para recuperar la economía y el liderazgo de un país que también ve el futuro incierto.

En Colombia  el debate en los medios de comunicación y en el Congreso se ha centrado en los diálogos de La Habana, pero  la gente está preocupada por la situación económica y por la seguridad, temas que sin duda, al igual que en Perú,  serán definitivos al momento del próximo proceso electoral.

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