Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2016/03/02 13:59

¿Y si no cumplo con su estándar de virtud?

Más que hacer un listado de ejemplos sobre el tratamiento de los medios al caso Ferro, la invitación es a identificar nuestros propios prejuicios. Un ejercicio de elevar conciencia sí que hace falta en los medios.

Natalia Ángel Cabo

En Colombia, pasamos de discusión en discusión sin profundizar en todas las aristas de los temas en controversia. Por eso quiero insistir en la publicación del video del exsenador Carlos Ferro y el capitán Ányelo Palacio. Controversia que si bien generó un interesante debate sobre la tensión entre libertad de expresión y la intimidad, aún debe provocarnos discusiones importantes sobre el papel de los medios de comunicación en una sociedad democrática. Una reflexión central, pero marginal en los debates de las pasadas semanas, tiene que ver con el rol de los medios frente al derecho a la igualdad. Puntualmente, sobre cómo la forma de publicación de una noticia puede reproducir estereotipos sociales que generan discriminación.

El tratamiento mediático del caso Ferro alienta la discusión, pues es uno plagado de ejemplos. Ya los columnistas Sergio Campo Madrid y Mauricio Albarracín advirtieron que la publicación del video sin edición, además de exacerbar el morbo y pánico moral que produce la sexualidad en Colombia, generó un “daño colateral” en la población LGTB: una andanada de expresiones homofóbicas en las redes sociales que terminó por opacar la discusión central sobre la posible existencia de abusos sexuales y corrupción dentro de la Policía nacional.

Pero los “efectos colaterales”, como los llama Albarracín, no se limitaron a la exacerbación de la homofobia. De la visión estereotipada que alentaron los medios no se salvaron ni las personas con discapacidad. Baste recordar la tan difundida entrevista de la mesa de trabajo de Blu Radio a Carlos Ferro y a su esposa, Marcela Pineda. Pregunta Nestor Morales al inicio de la entrevista: “¿Este capitán Ányelo Palacio es un hombre mentalmente cuerdo (…)?”, interrogante que deja en el aire la sensación de que la denuncia del capitán es más producto de la fantasía que de la realidad. Una pregunta que, sin advertir, no sólo tiene un impacto negativo en la población con discapacidad psicosocial, cuya voz es casi siempre menospreciada, sino en las innumerables víctimas de acoso y violencia sexual, con o sin discapacidad psicosocial, que con frecuencia ven desestimadas sus denuncias con el argumento de que están locas.

Y ni qué decir de los comentarios de la mesa de trabajo ante las respuestas de la señora Pineda. Aplausos por la ternura de tomar de la mano de su marido a pesar de su infidelidad, alabanzas por el comportamiento heroico de quedarse a su lado, salir a respaldarlo y poner a su familia por encima de todo. Tan celebratorias expresiones no sólo son apresuradas (pues hasta la señora Pineda tiene el derecho a cambiar de opinión), sino que esconden una cantidad de prejuicios sobre lo que debe ser la mujer virtuosa. Pregunto: Y si Marcela Pineda hubiera dejado al exsenador, hubiera gritado a los cuatro vientos que no acepta su infidelidad y que quedarse en el matrimonio no es el ejemplo de persona que quiere dar a sus hijos ¿dejaría por esto de ser la valiente y virtuosa mujer que alabaron los medios?

Las generalizaciones y descripciones estereotipadas como las descritas impactan. Ellas afectan la forma como nos percibimos y nos relacionamos. Más de un estudio demuestra cómo la repetida exposición de estereotipos en los medios lleva a que las personas los internalicen y los acepten como verdades reveladas. Nos venden un ideal de mujer, de hombre, de lo racional, de lo bello, de lo bueno y de lo malo. La diversa y compleja realidad de las personas queda reducida a una descripción superficial que poco a poco fomenta comportamientos discriminatorios en contra de quienes se aparten de ella.  

Por eso más que hacer un listado de ejemplos sobre el tratamiento de los medios al caso Ferro, la invitación es a identificar nuestros propios prejuicios y a reflexionar sobre cómo estos influyen en las preguntas, afirmaciones y generalizaciones que hacemos. Un ejercicio de elevar conciencia (awareness raising, como lo denominan los norteamericanos) sí que hace falta en los medios y en un país lleno de expresiones de violencia y discriminación.

* Profesora de Derecho de la Universidad de los Andes. 

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