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Opinión

  • | 2012/02/14 00:00

    Necoclí, el presidente Santos y los tres centavos

    Presidente Juan Manuel Santos: su presencia en Necoclí es una señal clara de su compromiso con las víctimas, con la legalidad y con la democracia. Ahora, no permita que sigan matando a los reclamantes.

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Urabá, en lengua katía, significa ‘La tierra prometida’. Urabá es una región exuberante, y quienes la conocen quedan asombrados. Separa al Mar Caribe del Pacifico, en su geografía conforma un golfo y es tristemente afamada por la dura violencia y la barbarie que se ensañó contra ella en los últimos treinta años.

A finales de los años 50 unos cuantos empresarios sembraron las primeras matas de banano, que luego se transformaron en plantaciones y se expandieron en la década de los 60, para consolidarse ya en los 70 como una verdadera industria bananera.

Sea como fuere, estamos hablando de una inmensa explotación agrícola que creció sin Dios ni ley. Durante veinte años el patrón fue la fuerza, con no pocos despojos de colonos que habían llegado desde los años 40 a lo que esperaban fuera una ‘tierra prometida’. A mediados de los años 70 los empresarios del banano ya contaban con una fuerza laborar de unos 15.000 trabajadores, con escasa organización gremial y unas duras condiciones laborales, sin contratos, viviendo muchos en barracas, sin que faltaran los capataces de finca que dirimían los conflictos laborales a bala.

Sobre esta dura realidad, llegaron las guerrillas del EPL y las FARC y encontraron conflictos sobre los cuales medrar, creció la presencia política del Partido Comunista y del Partido Comunista Marxista Leninista, organizaciones que encontraron en los obreros bananeros, una fuerza social y política para crecer. En este panorama, de conflictos y acción armada, aparecieron en escena los paramilitares, ofertaron respuesta armada a los interés del capital y a quienes se oponían a las acciones de las guerrillas, y fue así como se engendró la hidra de una confrontación que puso miles de muertos, barbarie y sufrimiento al por mayor.

Las guerrillas del EPL y el Partido Comunista ML pactaron un acuerdo de paz durante la Constituyente del 91, mientras que el Partido Comunista –que había logrado importante representación política en la región- fue sacado a plomo. Pero las FARC respondieron con una dura arremetida, que tuvo como nefasta consecuencia la masacre en el Barrio La Chinita, en enero de 1994, con decenas de víctimas. A partir de allí la violencia se agudizó, acompañada de un despojo continuo de tierras a colonos y campesinos, a manos de los ‘señores de la guerra’.

Al final de esta espiral de violencia de tres décadas, hubo unos ganadores y unos perdedores. Los que ganaron se repartieron el poder político y económico de una región llena de recursos y posibilidades, y sobre este orden de autoritarismos y odios no resueltos se erigió una dinámica supuestamente de convivencia, pero se sabia que Urabá era una región donde los conflictos estaban silenciados, y había mucho por destapar y conocer.

El presidente Juan Manuel Santos, en su compromiso con las víctimas de la violencia, dijo con claridad ante miles de campesinos y campesinas que lo acompañaron en la concentración de Necoclí, que su compromiso es firme con la aplicación de la Ley de Victimas y restitución de tierras, que es su convicción y que va a trabajar de manera denodada para que quienes perdieron sus tierras vuelvan a ellas.

Un informe del Superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez, publicado el 25 de agosto de 2011, detalla que en Urabá les fueron despojadas a campesinos pobres unas 41.700 hectáreas en solo seis municipios, faltando por contabilizar lo ocurrido en Carepa, Chigorodó, Mutatá, Vigía del Fuerte y Murindó, así como el estudio de despojo de las oficinas de Registro e Instrumentos Públicos de Frontino y Dabeiba.

Los que se oponen a la restitución de la tierras despojadas y a reconocer sus acciones de despojo han quedado notificados del compromiso presidencial, el cual debe estar acompañado de una firme acción institucional para impedir que sigan asesinando a los reclamantes de tierras y a quienes exigen sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación. Esto es lo que está por verse, si en un mediano plazo será posible vivir en Urabá sin atropellos, sin asesinatos selectivos, sin intimidaciones o zozobras.

Los convocantes desde la sociedad civil a la concentración de Necoclí expresaron con claridad su mensaje: “Queremos decirle al País y al mundo que solo ambicionamos volver a nuestra tierra, volver a lo que nos pertenece, labrar el campo, sembrar, cosechar, criar animales, cuidar los árboles, los ríos, los animales silvestres y vivir en paz. Queremos ser felices en nuestra vereda, hacer trabajo comunitario, disfrutar de nuestras libertades políticas y sociales, velar por nuestros hijos e hijas, gozar de nuestros derechos y comprometernos con nuestros deberes.” Es un mensaje sereno pero contundente, que el país que anhela vivir en legalidad y democracia apoya.

El despojo de tierras en Urabá fue sistemático, y al respecto la Fundación Forjando Futuros –conformada por reclamantes de tierras encabezados por Carmen Palencia y Gerardo Vega- en reciente informe señalan a algunos responsables de este proceso: “en los 11 municipios del Urabá antioqueño están detenidos, procesados o condenados ya 5 representantes a la Cámara, 3 senadores, el general (r) de la Fuerzas Militares Rito Alejo del Río, los directivos de la multinacional Chiquita Brands y Banadex, 8 alcaldes y exalcaldes, un notario, 3 comandantes de las Autodefensas, otros 16 funcionarios públicos, 5 exconcejales y concejales. Estos hechos demuestran que en esa zona la institucionalidad, gobiernos locales, fuerzas militares y empresariado estuvieron cooptados por el proyecto paramilitar que causó todo el despojo, hoy reconocido por el propio Presidente de la República.”

La Fundación Forjando Futuros les ha propuesto a las empresas bananeras que aportaron durante diez años a los paramilitares 3 centavos de dólar por caja de banano exportada (lo cual fue comprobado en estrados judiciales en los Estados Unidos y corroborado por varios jefes paramilitares en sus versiones libres), que aporten la misma cantidad y por el mismo tiempo, a modo de recursos destinados al Fondo de reparación de victimas contemplado en la Ley 1448. Se trata sin duda de una muy buena propuesta, que el gremio bananero debería considerar, ya con cabeza fría.

Presidente Juan Manuel Santos: su presencia en Necoclí es una señal clara de su compromiso con las víctimas, con la legalidad y con la democracia. Ahora, no permita que sigan matando a los reclamantes.

*Luis Eduardo Celis es coordinador de incidencia política de la Corporación Nuevo Arco Iris.
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