Viernes, 29 de agosto de 2014

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| 2013/08/20 00:00

Negociación para lograr la paz o el Nobel de la paz

por Rafael Rodríguez-Jaraba*

Así queramos la paz, no podemos transgredir la ley, premiar criminales y deshonrar inocentes; Colombia necesita una paz justa y no un Premio Nobel a una paz espuria.

La paz es un bien inestimable anhelado por todos, salvo por los que se lucran de su ausencia o se valen de ella para ganar protagonismo.


La sentida necesidad de alcanzar la paz, no nos debe inducir a la ingenuidad, y menos, a renunciar al ideario de valores y principios en que se funda la democracia.


Cualquier esfuerzo por lograr la paz es loable, pero su consecución no puede servir para premiar criminales y burlar inocentes.


Alcanzar la paz bajo la intimidación del malhechor, que obtiene capacidad para negociarla, prometiendo suspender sus fechorías a cambio de exigir caras prebendas, constituye una rendición velada del estado, una claudicación de la ley y un premio a la felonía.


El presidente Santos no ha entendido, que en la Colombia de hoy, el único diálogo posible con criminales debe estar condicionado a la libertad inmediata de secuestrados; al cese de actos terroristas, extorsiones, secuestros y narcotráfico; y, a la desmovilización, entrega de armas y sometimiento incondicional a la justicia por los delitos de lesa humanidad cometidos, los que por ser imprescriptibles no son negociables.


Cualquier negociación que ofrezca privilegios económicos, dádivas políticas o exenciones penales, constituye un quebrantamiento de la legalidad y un manifiesto desacato al Estatuto de Roma, Tratado Universal de imperativo cumplimiento para Colombia.


Que no se olvide, que el Estatuto de Roma que administra la Corte Penal Internacional, no admite, ni permite, que los delitos de lesa humanidad sean objeto de amnistía, perdón, condonación, absolución u olvido.

 

Pero del gobierno Santos y del actual Congreso, todo se puede esperar. No se debe olvidar, que con un “Yo respondo”, Santos modificó de facto la constitución nacional y “acuñó” una nueva forma de dejar sin efectos los actos legislativos. Sobrecoge, que ante semejante despropósito, la Corte Constitucional siga silente y su mutismo se pueda interpretar como complaciente con tamaña vejación a la Carta.


A menos que el Presidente ahora pretenda derogar el Estatuto de Roma y la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, podrá su gobierno premiar la villanía, hacer concesiones y conferir estatus político a criminales.


Asombra que el gobierno tenga como mediadores, a la ruinosa dictadura cubana, campeona de la represión y del totalitarismo, y al régimen venezolano, amigo y anfitrión solapado de criminales. La participación de los Castro y de lo que queda del desvencijado régimen chavista, más que facilitar el logro de una negociación, convalida los abusos y las barbaries cometidas por sus “democráticas dictaduras”.


Son muchas las voces que se muestran complacientes con las negociaciones de Cuba, empezando por Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU y José Miguel Insulza de la OEA. A ellos se les debería preguntar, que si están de acuerdo, que se quebrante el Estatuto de Roma y que los delitos de lesa humanidad prescriban. Es presumible que sus respuestas no serían tan optimistas como fueron sus precipitadas declaraciones. Bien se sabe, que es costumbre política negar o justificar en privado, lo que se afirma en público. 


Es claro que el margen de maniobra que tiene el gobierno es reducido, lo que permite concluir, que hay muy poco por negociar y sí muchas penas por pagar.


Los hechos y el derecho dan razones; el deseo tan solo ilusiones. Por eso no debemos razonar con el deseo, ni alimentar una esperanza antes fallida, que bajo el asedio terrorista nos hizo soñar con una paz injusta.


Santos no puede seguir condicionado el futuro de la nación al logro de sus ambiciones mesiánicas, y deshonrado el mandato de 9 millones de colombianos que lo votamos por la consolidación de la seguridad democrática que restituyó la gobernabilidad del Estado.


Así queramos la paz, no podemos transgredir la ley, premiar criminales y deshonrar inocentes.


Colombia necesita una paz Justa y no un premio Nobel a una paz espuria.


*Socio y Director de Rodríguez-Jaraba & Asociados. Consultor en Derecho Comercial, Financiero, Empresarial y Contratación Internacional. Catedrático Universitario.


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